“Emboscada final”, el otro lado de la leyenda de los icónicos forajidos

“Emboscada final”, el otro lado de la leyenda de los icónicos forajidos

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Querido Teo:

“Emboscada final” es una de esas cintas que bajo el marchamo de Netflix intentan tener una vida que se salga de la exhibición tradicional y también de ese overbooking de estrenos que hace muy complicado destacar en una cartelera que no da tregua. La cinta, de indudable estilo clásico, es la “cara B” de la historia de los dos forajidos y criminales más mediáticos entre 1932 y 1934, Bonnie Parker y Clyde Barrow, poniendo en jaque a unas autoridades que no pudieron impedir, que apoyándose en el mito que se generó propio de esos tiempos, se comparara a esta pareja de amantes con Robin Hood a pesar del temor y los ríos de sangre que sembraban a su paso.

Kevin Costner es el mascarón de proa de este proyecto con el que el intérprete no ha querido entrar en el debate sobre la polémica entre Netflix y el sistema de distribución tradicional y es que el actor, y también productor en este caso, tiene claro que si la película hubiera llegado sólo a cines buena parte del público joven no se hubiera sentido atraído por ver una cinta que, al menos, en la comodidad del hogar sí que se puede utilizar como recurso de ocio. Costner, al que últimamente sólo se le ha visto en papeles secundarios en “Batman v Superman: El amanecer de la justicia”, “Figuras ocultas” o “Molly´s game”, recupera el protagonismo dando vida a un veterano ranger obligado a la jubilación representando a una figura caduca para las autoridades del momento, concretamente a Frank Hamer, el primer ranger retirado en encargarse de una misión especial activa de tal calado para la que fue acompañado por Maney Gault, al que interpreta un avejentado Woody Harrelson.

La relación entre ellos, dos carcamales para sus compañeros que lo que quieren es demostrarse que todavía son capaces de hacer lo que mejor saben, es lo mejor de un viejo proyecto que nació en 2005 para volver a juntar a los veteranos Robert Redford y Paul Newman, posiblemente la mejor pareja masculina que hayamos visto en el cine, pero que finalmente (ante la muerte del segundo en 2008 y varios retrasos) se había quedado en el tintero.

John Lee Hancock (habitualmente vapuleado director de cintas como “The blind side” o “Al encuentro de Mr. Banks”) asume este proyecto de encargo con guión de John Fusco (“Océanos de fuego”) sabiendo que hubiera sido un error alternar los ambos lados de la historia ya que, ante el peso icónico de la pareja cinematográfica que formaron Warren Beatty y Faye Dunaway en la película de Arthur Penn, el foco de la película se pone en todo momento en la persecución a cargo de dos personajes anónimos, servidores de la ley, cuya definitiva labor para capturarlos ha quedado sepultada por la leyenda y el peso de estos jóvenes que más de 80 años después siguen llenando titulares y siendo fruto del misterio.

Bonnie y Clyde fueron emboscados y abatidos el 23 de Mayo de 1934, en una carretera secundaria cerca de la parroquia de Bienville, Luisiana. Murieron a causa de una encerrona de cuatro oficiales de policía de Texas y dos de Louisiana después de tres meses de búsqueda por parte de Hamer que, en esta road movie, que le llevó a comprobar las pasiones que despertaba la pareja entre la población, e incluso acercarse al lugar familiar de los Barrow, con un padre que da la bendición a Hamer para que acabe con la vida de esa oveja descarriada que es su hijo, ató cabos y concluyó que realizaban un recorrido entre cinco estados y que actuaban cerca de las fronteras para escapar de un lado a otro. Fue clave el hecho de que Hamer, acompañado de Gault y de otros cuatro funcionarios de la ley pertenecientes al condado, descubriera que la casa de los padres de Henry Methvin (uno de los miembros de la banda de Clyde) fuera punto de encuentro en situaciones críticas y, prometiendo una reducción de la pena a cambio de colaboración, contó con la colaboración de ellos para que Methvin (que poco después se demostraría que tenía sus manos manchadas de sangre igual o más que la pareja) se separara de ellos y los dejara a su suerte la mañana del 23 de Mayo de 1934 en el que la pareja fue acribillada sufriendo su Ford B V8 167 balazos que terminó (no exenta de polémica) con la vida de estos forajidos.

La prohibición del uso de la violencia por parte de las autoridades USA, sólo aplicable para prevenir una huida de un sospechoso, a no ser que dicha huida, en opinión del oficial, suponga un peligro de muerte o de heridas al oficial o a los suyos, ha inundado de críticas el revisionismo del caso tiempo después por su ensañamiento. Según las declaraciones de los sheriffs del condado de Louisiana, Ted Hinton y Bob Alcorn, en el Dallas Dispatch el 24 de Mayo de 1934 el día después de los hechos: «Cada uno de nosotros tenía una escopeta, un fusil automático y pistolas. Abrimos fuego con los automáticos. Sus cargadores se vaciaron antes de que el coche llegara a nosotros. Entonces usamos las escopetas. Había humo en el coche, y parecía que se iba a incendiar. Después de vaciar las escopetas, vaciamos las pistolas contra el coche, que pasó por delante de nosotros y rodó unas cincuenta yardas por la carretera. Continuamos disparando incluso después de que el coche se parase. No teníamos otra alternativa».

La película no entra en los claroscuros de estas muertes, ni siquiera en las artimañas que pudiera utilizar Hamer para dar con ellos, sino que realza la figura de estos hombres vocacionales que libraron a su país de un peligro real que dejó en la cuneta varios robos y a nueve policías muertos para estos asaltadores que se introdujeron en una espiral en la que no tuvieron ningún escrúpulo en su huida hacia adelante, a pesar de incidentes, rencillas internas dentro del grupo e, incluso, un grave accidente en Junio de 1933 que dejó el coche que conducían en llamas provocando graves heridas en la pierna izquierda de Bonnie que mantendría una cojera hasta su muerte lo que, todavía hace más cuestionar, cuál era su papel real dentro de las actuaciones del grupo pudiendo no ser más que una cómplice enamorada que, según declaraciones de allegados, jamás cogió un arma y sólo estaba fascinada por el carisma de su amante.

Aunque sólo se les deja ver, y de manera superficial a cargo de actores desconocidos en el momento del desenlace, la presencia de Bonnie y Clyde sobrevuela toda la película pero sin dejar de ser los objetivos amenazantes a los que va en caza nuestro protagonista. El recuerdo del referente inunda una cinta efectiva y que nos ofrece la historia desde otra perspectiva no siendo más que una producción notable que cumple pero sin destacar especialmente jugando a ser lo que fue la película de Andrew Dominik protagonizada por Brad Pitt y Casey Affleck en lo referente a la historia de Jesse James. Una mirada a la leyenda desde el otro lado, la de los ejecutores pero también (quién sabe) si los perdedores de su propia historia, la de una gloria que nunca vino engullida por el peso del mito.

Bonnie y Clyde descansan en cementerios separados a los que asistieron en su funeral 20.000 y 15.000 personas respectivamente. Clyde Barrow está enterrado en el cementerio Western Heights, y Bonnie Parker en el Crown Hill Memorial Park, ambos en Dallas, Texas. En la lápida de Bonnie se puede leer: “Así como las flores son endulzadas, por el sol y el rocío, este viejo mundo es más brillante, por las vidas de gente como tú”. En la de Clyde: “Ido pero no olvidado”. Justo el que ha sido, a la posteridad, el destino de su huida.

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Nacho Gonzalo

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