Escalofríos de cine: “Halloween”, o babysitter profesión de riesgo

Escalofríos de cine: “Halloween”, o babysitter profesión de riesgo

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Querido Teo:

Anterior a la actual pasión por importar cualquier americanada que se nos presente, subyacía en nuestra consciencia colectiva la idea de que determinados acontecimientos, aquí jamás podrían suceder. Es el hecho de la llamada noche de brujas o noche de difuntos, cuya celebración, de origen celta, nos quedaba tan lejana, a como ahora la concebimos, que cualquier forma de la que nos la pudieran contar habría resultado plausible, misteriosa o, incluso, aterradora. La noche del 31 de Octubre era sólo eso, la anterior a aquella fiesta de todos los santos, en la que la gente acude en masa a los cementerios a recordar a sus difuntos… lo sería hasta que contemplamos por primera vez “Halloween”. Desde entonces, y por estos lares, empezamos ya a contemplar otras posibilidades.

Creo que pocas veces una película ha calado tanto en nuestras mentes como para moldear nuestros hábitos culturales, y es que la cinta dirigida por John Carpenter allá por 1978 contribuyó ¡y de qué forma! a convertir aquella noche en la más temible del año, en la que sólo caben dos opciones, o bien disfrazarse y salir por ahí a desfasar dejándose llevar por el embrujo de la ocasión, o bien quedarse en casa para morirse de miedo voluntariamente, disfrutando de los grandes clásicos del cine de terror… servidor siempre optó por la segunda… obviamente.

Michael Myers es un chaval de seis años, que vaya usted a saber porqué, decide asesinar a su hermana, en la noche de Halloween, después de que esta haya tenido cierto devaneo sexual; pista recurrente, que nos indicará que, a partir de ahora, siempre que veamos a dos adolescentes en pleno lío, uno, o los dos, inexorablemente, fenecerán. Quince años después, y en la misma noche de brujas, logra escapar del psiquiátrico en el que había permanecido internado desde entonces, para dirigirse a su antigua casa, en la que cometió el brutal hermanicidio, y en la que van a tener lugar gran parte de los hechos. Desde este momento, todo su afán será liquidar niñeras y a sus respectivos amantes, hasta que su psiquiatra, el doctor Loomis, “acaba” con él tras un tira y afloja (ya sabes, te he matado ya cien veces pero sigues vivo) con la babysitter de turno, estupendamente interpretada por la incipiente Jamie Lee Curtis.

“Halloween” encumbró a John Carpenter. Película que, aunque posteriormente dirigió grandes cintas del género como “La niebla”, “La cosa” o “Christine”, sin duda, le ha hecho pasar a la Historia como uno de los grandes realizadores del cine de susto y la que en aquel momento, le hizo saltar al primer plano de la escena cinematográfica. No sólo eso, todos coinciden en destacar en que esta inquietante película de terror, fue la que inauguró el subgénero de slasher, o dicho de otra forma “pelis de enmascarados sanguinarios ejecutores de adolescentes”. Aunque “La matanza de Texas” es anterior a esta, no obedece fielmente a las reglas que a continuación veremos como impepinables para este tipo de subgénero… es más bien otra cosa… francamente, creo que la peli de Hooper, constituye un subgénero por sí misma. Sí responden, por el contrario, al modelo recién instaurado, las míticas e inolvidables “Viernes 13”, “Pesadilla en Elm Street”, y ya las más actuales “Scream” o “Sé lo que hicisteis el último verano”, por poner algunos ejemplos.

Patrón dibujado por Carpenter y que los Wes Craven, Cunningham, y demás directores del momento, respetarían al milímetro. Y es que toda película que se precie de pertenecer a este corte, deberá estar protagonizada por un malo que no muere ni a la de tres, y que tras superar disparos a bocajarro, machetazos, caídas imposibles, electrocuciones, e incluso decapitaciones, desaparecerá de la vista de todos para emerger… en la siguiente secuela, que es el segundo de los indicios que nos hacen corroborar que estamos ante una peli de este tipo, el número infinito de entregas que resultarán de la saga. La que nos ocupa tuvo hasta siete secuelas, alguna precuela y hasta algún remake, tan prescindibles todas como imperecedera la original, filmadas con el único propósito de explotar el filón comercial que se abrió ante el atronador éxito de la primera.

“Halloween” también resultó pionera en este aspecto. Películas cuasi independientes, producidas con un muy bajo presupuesto, poco más de 300.000 dólares en esta ocasión, y que resultaron ser un éxito apoteósico de taquilla, más de 150 millones, para regocijo del bueno de John, que iba a porcentaje de los beneficios.

Otro elemento que no puede faltar es que el asesino debe estar cubierto tras una máscara lo más perturbadora y la vez misteriosa posible para aquellos jóvenes insensatos que serán víctimas de su demencia. Pobres criaturas que si son chicas deberán ir extremadamente ligeras de ropa y si son chicos… salidos hasta más no poder; y en ambos casos, verse sorprendidos en plena faena erótica. Y es que este es uno más de los componentes que no pueden faltar; en una escena un poco subida de tono, el verdugo no andará muy lejos, pues al parecer, cual censor justiciero en pro de las buenas costumbres, siempre velará por la moral de los susodichos… dándoles matarile, ¡ni en los mejores años del código Hays se vio mejor valedor de la decencia!.

Aunque “Halloween” no fue tan sanguinaria como las discípulas de este subgénero recién nacido, si resultó igual o, quizás, más impactante en el efecto final, que no es otro que el de atemorizar al personal. Gran parte de su éxito pudo estar en el inquietante y novedoso uso de la cámara. Que esta adoptase la posición del asesino como si fuese este quien anduviera filmando cámara al hombro tras aquella inexpresiva, y a la vez intimidadora, máscara con el jadeo de su respiración de fondo, resultó tan aterrador que tal vez no hiciera falta malgastar gran parte del exiguo presupuesto en sangre artificial para lograr el fruto deseado. Innovar a esas alturas debía ser poco más que una quimera, desconozco si ese era el objetivo de John Carpenter cuando se hizo cargo del asunto o si, por el contrario, su única pretensión era simple y llanamente entretener a las masas con otra peli de miedo con la que, porque no, alcanzar fama y dinero. Algo de lo primero habría cuando renunció a su sueldo de director, confiando ciegamente en sus posibilidades. Lo que sí es cierto, por lo menos para este humilde amante del terror cinematográfico, es que, como en su momento lograron Polanski con “La semilla del diablo”, Tobe Hooper con “La matanza de Texas” o, por qué no, aquellos locos genios de los años 30 que idearon las fantásticas cintas de terror de la Universal, Carpenter consiguió algo maravilloso, abrió un nuevo melón, con el riesgo que ello conllevaba, lo asumió y tuvo el premio de lograr algo diferente, nada más y nada menos que una nueva forma de hacer cine con la que espantarnos, y eso tiene un valor incalculable.

¿Truco o trato?. Ofrecen los niños de puerta en puerta, la noche de Halloween, en busca de dulces con los que saciar su mono de azúcar. Cuando pulsamos el play y resuenan los primeros acordes de la turbadora banda sonora, compuesta por el propio director, y vemos aparecer aquella macabra calabaza iluminada avanzando como si tratara de atraparnos, el trato lo hacemos con nosotros mismos para, durante los siguientes 90 minutos, ni encender la luz, ni andar a cada minuto comprobando si hay alguien tras nosotros acechándonos con un cuchillo. El truco, por el contrario, nos lo hará el realizador, haciéndonos creer a pies juntillas, que aquello que nos ha contado y dejó absortos… ¡nos sigue quedando tan lejano…!.

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César Bela

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Comentarios

David - 24.04.2013 a las 21:30

Aun siendo muy poco aficionado al género tu artículo me ha parecido buenísimo, fantástico. ¡Felicidades! Ya he añadido a mi lista de tareas volver a ver la primera de Halloween.

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