Hollywood canalla: Centenario de Liberace, el rey del exceso

Hollywood canalla: Centenario de Liberace, el rey del exceso

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Querido primo Teo:

El pasado 16 de Mayo Liberace habría cumplido los 100 años. Sin dudarlo él se ha merecido la consideración de ser un icono pop porque revolucionó el mundo del espectáculo a mediados del siglo XX. Los espectadores no asistían a la fría exhibición de un tipo sentado al piano que interpretaba piezas de Mozart sino que contemplaban a alguien que, además de poseer un talento innegable, tenía un carisma arrollador y un sentido de la estética que hacía palidecer a cualquiera, él allanó el camino a grandes reinonas al piano como Elton John o Lady Gaga. Se convirtió en la principal atracción de Las Vegas y se ganó el desprecio de los críticos más puristas, pero eso daba igual a un público que le adoraba y llenaba sus espectáculos. Amasó una gran fortuna gracias a sus apariciones televisivas y sus conciertos, hizo una gran ostentación de eso y además de por los excesos su vida estuvo marcada por la contradicción: su homosexualidad era por todos conocida pero él se empeñó en negarla, creció bajo el yugo de una madre dominante, le daba pánico perder el favor del público y también porque iba en contra de sus creencias, algo que también se ocultó fue su enfermedad, fue una de las primeras personalidades del mundo del espectáculo que falleció víctima del sida.

Wladziu Valentino Liberace nació el 16 de Mayo de 1919 en West Allis (Wisconsin) en el seno de una familia inmigrante, su padre Salvatore era italiano y su madre Frances polaca, y con una clara vocación por la música aunque para su madre la economía familiar era tan precaria (y la Gran Depresión tras el crack de 1929 empeoró la situación) que los Liberace no se podían permitir el lujo de tomar lecciones para tocar un instrumento o tener un tocadiscos en casa. Ese fue uno de los motivos de disputa entre el mal avenido matrimonio Liberace que terminó separándose. A pesar de las dificultades, el pequeño Wladziu no se privó de tener su formación y no tardó nada en demostrar que era un aventajado pianista, comenzó a tocar con 4 años y a la edad de 7 ya era capaz de memorizar piezas muy complicadas bajo la exigente mirada paterna. También fue muy consciente del carisma que tenía y mostró sus cualidades como showman entre sus compañeros de clase, pero su personalidad extrovertida y bastante afeminada, y que le gustara más la cocina que hacer deporte, le convirtió en el blanco perfecto de las burlas de los demás, aunque fue una época muy dura para él no se amilanó ante el acoso porque tenía algo que le motivaba a continuar adelante: las clases de piano.

Durante algo más de una década Liberace adquirió experiencia llegando a tocar en todo lo que le surgía ya fuera una boda, un cumpleaños, un teatro, un programa de radio o un local de stripteasse. Sus padres no estaban nada de acuerdo con que su hijo estuviera tocando el piano en lugares muy poco recomendables pero hay que tener en cuenta que a inicios de la década de los años 30 del siglo XX, al igual que en nuestros días, las cosas no estaban como para ser muy selectivos a la hora de encontrar un trabajo. Esas actuaciones y presentarse a concursos de talentos le fueron de gran ayuda. Poco a poco Liberace fue consciente de que si quería destacar tenía que convertirse él mismo en el espectáculo. Modificó el repertorio (él decía que para acercar la música clásica al gran público tenía que eliminar las partes más aburridas), gracias a sus nociones sobre el diseño, el dibujo y la pintura fue recargando cada vez más su puesta en escena y obviamente su estilismo, y por último su comportamiento con la audiencia, ya que comenzó a interactuar con quienes acudían a verle, hacía bromas, contaba su vida o impartía lecciones a los clientes.

A inicios de la década de los años 40 su popularidad iba en ascenso y los principales clubes nocturnos de las ciudades más importantes de los Estados Unidos comenzaron a disputárselo. Llegó a Las Vegas en el año 1944 que no tardó en ser su centro de operaciones; las señoras llenaban sus shows mientras sus esposos se entretenían jugando en el casino. La prensa se hizo eco de ese fenómeno llamado Liberace, describiéndole como un cruce entre Cary Grant, Frédéric Chopin y Chico Marx. Él aprovechó todo eso para crear su propia máquina publicitaria, su ambición no tenía límites y quería llegar a lo más alto y eso significaba Hollywood.

Paralelamente a sus actuaciones en clubes tocó para muchas estrellas de la villa y corte de Tinseltown para introducirse en la meca del cine. De esa manera llegó su primera aparición en el cine con “Pecadora sublime”. En 1952 aterrizó en la televisión gracias a “The Liberace show” que le hizo multimillonario ya que se mantuvo en antena 17 años debido a la sindicación y las múltiples reposiciones y a que tuvo su recorrido internacional. Además de esas cualidades demostradas en sus espectáculos, como su talento al piano, su puesta en escena pintoresca y un repertorio aligerado que le puso en contra de los críticos más puristas, había que sumar que le hablaba directamente a la cámara por lo que aquel espectador que estaba viéndole en casa se sentía realmente conectado con él, así que no es de extrañar que alguna señora de Arkansas un poco despistada se enamorara locamente de él, de hecho recibía más de 10.000 cartas semanales y entre ellas más de un buen puñado pertenecían a mujeres que le declaraban su amor, eso es muchísimo más de lo que está consiguiendo tu primo predilecto leyendo poemas. A mediados de la década de los 50 Liberace había alcanzado la cumbre de su popularidad y tenía la consideración de sex symbol así que no había excusa para pegar el salto definitivo a Hollywood. La Warner firmó un contrato con el pianista para explotar su talento en una serie de películas haciendo su puesta de largo con “Sinceramente tuyo”, en un primer momento se barajó la posibilidad de emparejarle con la recientemente fallecida Doris Day pero el Estudio consideró que Liberace tenía tanto tirón que ya era suficiente para atraer al público. Se equivocaron. “Sinceramente tuyo”, que era un remake de “La oculta providencia” a su vez adaptación de la obra “La voz silenciosa”, funcionó tan mal que la Warner optó por rescindir el contrato.

En el cine fue pólvora mojada pero en la televisión y sobre los escenarios no tenía rival. Hoy un espectáculo de Liberace nos puede parecer muy kitsch pero tenemos que trasladarnos a su época. El artista que fue mundialmente conocido surgió a mediados de los años 30, evidentemente el de los primeros tiempos se quedaba muy corto en cuanto a la ostentación del lujo porque no tenía donde caerse muerto pero el “brilli brilli” ya lo llevaba encima, y los Estados Unidos estaba atravesando una crisis económica que fue devastadora y a eso hay que sumarle los efectos de la Segunda Guerra Mundial. Liberace fue un soplo de aire fresco para un país que estaba sumido en la depresión. Como bien pensaba Joan Crawford en tiempos oscuros el público quiere evadirse, no volver a toparse con la miseria de la vida real, además era inconcebible que un pianista se fuera a convertir en una de esas atracciones que se tenían que ver en vivo al menos una vez en la vida, pero no porque fuera la reencarnación de Mozart sino porque era capaz de interpretar piezas del célebre autor y de otros de una manera insólita, hizo que algo muy para la élite fuera divertido para el común de los mortales y, no solamente eso, muchos de los que acudían a sus shows en los clubes, en la cuna del petardeo como es Las Vegas, o en los principales teatros del mundo, e incluso aquellos no tan afortunados que simplemente le veían en televisión, se comenzaran a interesar por la música clásica.

Hoy en día es habitual que muchos artistas apelen a sus fans para poder seguir manteniendo sus carreras a flote, algo muy lícito en tiempos en los que poder vivir del arte es una quimera. Liberace se adelantó a todos. Cuando sintió que su popularidad comenzaba a decaer, una vez aproximados a la década de los sesenta, porque las cosas empezaban a cambiar en los Estados Unidos y el público demandaba una mayor conexión con la realidad y él era pura exageración, volvió a los orígenes y ofreció una serie de actuaciones en clubes pequeños para estar en contacto directo con sus admiradores y volvió a sacar al rey del autobombo en la televisión. Eso hizo que su fama volviera a dispararse y que le acompañara hasta el final de su vida. Liberace renació de sus cenizas, volvió a Las Vegas y más desatado que nunca, o como bien afirmaba él siendo Disneylandia con piernas, en su último cuarto de siglo el artista era una parodia de sí mismo. Pero algo que podía ser patético en otro en él era grandioso (y cada vez más) obteniendo como resultado convertirse en la principal atracción de Las Vegas, más que el casino o cualquier antepasado de Nomi Malone. Si su carrera cinematográfica no cuajó sí que pudo quitarse la espinita en televisión especialmente con su participación en la serie de “Batman”, algo tan “camp” era idóneo para alguien como él, en donde interpretó un doble papel, el de un pianista y su villano hermano gemelo.

A nadie se le escapaba que Liberace era gay. Pero él se hartó de desmentir los rumores e incluso de demandar a los medios que insinuaran en indicar su orientación sexual, ganó al británico The Daily Mirror y al estadounidense The Confidential y casualmente, muy poco después de emprender acciones legales contra este último tabloide, la madre del artista fue brutalmente atacada por dos desconocidos. Primero, estaba en su derecho de no revelar que era homosexual porque pertenecía a su intimidad; segundo, temía perder el favor del público, si en la puritana Usamérica de hace siete décadas alguien era sospechoso de ser gay estaba condenado al ostracismo; y tercero, era muy de derechas, hoy probablemente habría sido un firme defensor de Donald Trump. Utilizó a sus amigas Mae West, Judy Garland, Rosemary Clooney e incluso a una jovencísima Betty White como tapaderas para que la prensa le vieran con una mujer, e incluso llegó a comprometerse en el año 1953 con una bailarina de Las Vegas llamada JoAnn Del Rio pero la cosa terminó cuando el padre de la novia se opuso al enlace porque sabía que al fieramente heterosexual de su futuro yerno se le saltaron las lágrimas cuando vio a ese animal llamado Marlon Brando en “Un tranvía llamado deseo”. La noticia del compromiso con una señora cisgénero fue un remanso de paz para Liberace, paró momentáneamente a los tabloides y también a una mosqueada madre que pedía que se casara con una mujer.

Liberace tuvo una larga lista de amantes y cada vez más jóvenes conforme iba envejeciendo, uno de los últimos fue Scott Thorson con quien mantuvo una relación de cinco años y a quien utilizó en sus espectáculos hasta que fue despedido. Scott le demandó y pidió 113 millones de dólares por daños y perjuicios ya que llegó a convencerle para que se sometiera a una serie de retoques estéticos con el fin de que se pareciera a él, algo que le convirtió en un adicto a los analgésicos y a otras sustancias para soportar los terribles dolores que padecía. Llegaron a un acuerdo extrajudicial y Thorson fue recompensado aunque no logró ni por asomo una cifra similar a la pretendida. Su relación fue retratada por Steven Soderbergh en el telefilm galardonado con el Emmy “Behind the candelabra”, magistralmente interpretado por Michael Douglas y Matt Damon y que conviene recuperar.

Cuando estalló la polvareda con Scott Thorson, Liberace ya estaba sentenciado. En el verano de 1985 se sometió a una serie de pruebas y le comunicaron que había contraído el virus del sida, pocos días antes de que eso sucediera el actor Rock Hudson se convirtió en el primer rostro visible de la enfermedad. Liberace no siguió su ejemplo y lo ocultó por todos los medios achacando su demacrado aspecto a los efectos de una estricta dieta de adelgazamiento que estaba siguiendo. Falleció el 4 de Febrero de 1987, la versión que dio su representante fue que su muerte fue debida a un problema cardíaco pero la autopsia reveló que lo fue por una neumonía derivada de la enfermedad real y de la que consta que contagió a dos de sus amantes: Cary James Wyman (fallecido en 1997) y Chris Adler (muerto en 1990).

En Liberace todo fue excesivo, su ambición, su puesta en escena y, por supuesto, su vida. Más allá del personaje esperpéntico, para algunos, maravilloso, para quien escribe, y contradictorio hay un pionero. Elton John se atrevió a ser extravagante porque él lo hizo antes y como él muchos otros artistas que han triunfado gracias a hacer de la excentricidad su seña de identidad y fue, sobre todo, un toque de color, o mejor dicho un brochazo, en un paisaje gris oscuro. De no existir habría que inventarle.

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Mary Carmen Rodríguez

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