Hollywood canalla: Marilyn Monroe y la crónica de una muerte anunciada

Hollywood canalla: Marilyn Monroe y la crónica de una muerte anunciada

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Querido primo Teo: 

En la madrugada del 5 de Agosto de 1962 la siempre pacífica comunidad de Tinseltown recibió un durísimo golpe cuando se dio a conocer el fallecimiento de la actriz Marilyn Monroe. La voz de alarma la dio Eunice Murray, su ama de llaves en su domicilio californiano de Brentwood. La bomba sexual rubia yacía en su cama y pese a los esfuerzos realizados no se pudo hacer nada por salvar su vida. Marilyn Monroe cuyo nombre real era Norma Jean Baker tenía tan sólo 36 años cuando murió en unas circunstancias que contribuyeron notablemente en la alimentación de quien probablemente, y no es exagerado, ha sido el mayor mito que ha tenido Hollywood a lo largo de poco más de un siglo de Historia.

En Marilyn Monroe confluyen la grandeza y el reverso del sueño americano. Es la encarnación del mito de Fausto que vendió su alma al diablo a cambio del éxito porque estaba hecha del mismo material que las estrellas. La Monroe nunca se consideró una gran actriz, ni era la más profesional en el set de rodaje, pero su presencia en pantalla ha sido única, estaba planificada para invitar a la lujuria pero tenía más ángel que una misionera. A pesar de su apariencia voluptuosa y de enloquecer a todo tipo de hombres fue llorada y muchísimo por las mujeres en el momento de su muerte, probablemente porque la vieron siempre como lo que era: una pobre chica que lo único que necesitaba era que la quisieran. 

En el verano de 1962 la carrera de Marilyn Monroe se encontraba en su peor momento debido a su inestabilidad emocional. Lejos había quedado su estatus como una de las actrices más taquilleras de Hollywood con cintas como "Cómo casarse con un millonario" (1953) o “La tentación vive arriba” (1955), que le hizo llegar a un importante acuerdo con la 20th Century Fox para escoger sus películas, los directores, los directores de fotografía e impulsarse como productora, también había quedado atrás la actriz empeñada en hacerse respetar por la crítica de “Bus stop” (1956), "El príncipe y la corista" (1957) y “Con faldas y a lo loco” (1959) y que se convirtió en la musa del dramaturgo Arthur Miller que supo plasmar mejor que nadie al animal herido que llevaba en su interior al escribir “Vidas rebeldes” para ella.

Fue precisamente durante el rodaje de “Vidas rebeldes” (1961) de John Huston el momento en el que Marilyn Monroe inició un viaje sin retorno al infierno. Dependía cada vez más del alcohol y los fármacos, con los que trataba de combatir a los demonios generados por su propia inseguridad, y su matrimonio con Arthur Miller, que era su tercer marido, acabó ante la impotencia de él por no poder rescatarla, porque ella tampoco hacía nada para salir de ahí, y además él se refugió en la fotógrafa Inge Morath. La filmación se desarrolló entre los desplantes, las crisis nerviosas y los ingresos hospitalarios de la actriz. Fue su última película en estrenarse, también la de Clark Gable que falleció dos semanas después del rodaje, y fue un rotundo fracaso aunque en ella vemos a la Monroe más madura y auténtica.

Por sus continuos problemas de salud fue despedida por la Fox del rodaje “Something 's got to give” (1962). El Estudio no estaba dispuesto a que el presupuesto de una simple comedia se disparara y tuviera una filmación más complicada que la de “Cleopatra”, convertida ya en una pesadilla. Pero las fotos de Monroe bañándose desnuda en una piscina publicadas por la revista LIFE fueron una inyección publicitaria para la película y después de despedir a Monroe la Fox utilizó toda su maquinaria para destrozar su imagen, aunque pocas semanas antes de su muerte había alcanzado un nuevo acuerdo con la actriz para asumir nuevos proyectos e inició una campaña para reparar su reputación. Lo que sucedió en la última noche de Marilyn Monroe no fue una sorpresa. 

La belleza de Marilyn Monroe fue una versión sofisticada de las pin-up que se consagraron durante la Segunda Guerra Mundial y que de alguna manera acompañaban a los soldados que estaban en el frente. Precisamente, en 1944, una joven californiana de 18 años llamada Norma Jean Baker trabajaba en una fábrica de municiones en una compañía de aviación estadounidense mientras su marido, James Dougherty, estaba destinado en el Pacífico. Un fotógrafo se quedó deslumbrado con el encanto de la chica y le hizo unas fotografías que, aunque no se llegaron a utilizar, la experiencia sirvió para que Norma Jean comenzara a trabajar como modelo con la oposición de su esposo de quien terminaría divorciándose en 1946. Llevaba casada dos años con un hombre con quien no tenía mucho que ver pero que se convirtió en una vía de escape de una vida que ya estaba profundamente marcada por el abandono de una madre inestable, la ausencia de padre y los abusos sexuales de quienes la acogieron. 

Un año después de ser descubierta en una fábrica ya había fichado por una agencia de modelos, que apostó por teñirla de rubio, y se convirtió en una de las presencias más solicitadas por las revistas de la época. Finalizada la Segunda Guerra Mundial el cine demandaba nuevas estrellas, si a inicios del cine sonoro los cazatalentos de los Estudios se fueron a los escenarios de Broadway a buscar a intérpretes que supieran declamar en ese momento lo que necesitaba era la frescura de las modelos pin-up. Norma Jean era indudablemente una de ellas y comenzó a ser instruida con algunas clases de actuación y canto para poder entrar en algún Estudio. Tras intentarlo con la Paramount entró a formar parte de la 20th Century Fox que le puso el nombre de Marilyn Monroe, el apellido de soltera de su abuela.

Pulieron su imagen, ingresó en el laboratorio de actores de la compañía, tomando además clases de baile pero la Fox no estaba realmente convencida de su fichaje porque, a pesar de que la joven tenía muchas ilusiones por formarse, sus profesores veían que era demasiado tímida e insegura para poder actuar. Se quedó sin contrato en el Estudio, lo intentó en la Columbia y tampoco pudo hacer nada, así que volvió a trabajar como modelo y conoció a alguien que fue fundamental para su futuro lanzamiento, Johnny Hyde, el vicepresidente de la agencia William Morris, aunque el todopoderoso agente vivió muy poco para poder disfrutar de su obra maestra en la industria. 

Gracias a él Marilyn Monroe comenzó a hacer sus primeras películas importantes, teniendo pequeños papeles en “Amor en conserva” (1949), “La jungla de asfalto” (1950) y “Eva al desnudo” (1950), que desde luego no pasaron desapercibidos y que propiciaron un importante contrato con la Fox de siete años aunque el Estudio se reservaba el derecho de la revisión anual. Su presencia en películas como “Me siento rejuvenecer” (1952) y “No estamos casados” (1952) aumentaron considerablemente su popularidad, hasta el punto de que se filtraron unas antiguas fotografías de ella desnuda de la época en la que era una aspirante a luminaria  y Monroe admitió que eran ciertas y que estaba completamente arruinada cuando se las hizo.

Aquel escándalo no arruinó su carrera, al contrario, le hizo ganar el cariño de un público que supo empatizar con alguien desesperado para salir adelante. Dichas fotografías fueron compradas por Hugh Hefner para el primer número de la revista Playboy que salió a la venta de una manera muy exitosa a finales de 1953, coincidiendo con la explosión de la “Monroemanía”.

Reinó en la taquilla con “Cómo casarse con un millonario” (1953), “Los caballeros las prefieren rubias” (1953) y “Niágara” (1953), su película más sexual y que supuso un gran escándalo. Su estatus no dejaba de crecer. Marilyn Monroe además se convirtió en un personaje que sabía explotar muy bien su picardía que le hacía una máquina publicitaria que generaba constantemente titulares. Cada movimiento suyo era analizado por la prensa, incluidos sus romances y sus problemas en el set, y también por las actrices de Hollywood que no dejaban de verla como una amenaza. 

Saboreaba las mieles del éxito y en 1954 se casó con el gran icono del mundo deportivo usamericano, el jugador de béisbol Joe DiMaggio, un matrimonio que estuvo marcado por los tremendos celos de él. A Marilyn Monroe le preocupaba el rumbo de su carrera ya que era plenamente consciente de que era imposible separarla de la sex-symbol y del terreno de la comedia, a pesar de que en ese género funcionaba de manera extraordinaria y eso se pudo comprobar en “La tentación vive arriba” (1955). 

1955 supuso un momento determinante en la historia de Marilyn Monroe. Su matrimonio con Joe DiMaggio se había dinamitado, él no pudo soportar que el público le aullara mientras rodaba la famosa secuencia en la boca de metro de “La tentación vive arriba”. Fundó su propia productora argumentando que estaba harta de que la Fox la explotara como una bomba sexual, se mudó a Nueva York a estudiar interpretación en el Actors Studio y se adentró en el psicoanálisis. Cuando Marilyn Monroe quiso ser libre para poder crecer a nivel artístico fue ridiculizada por la industria que utilizó nuevamente a la prensa. Pero la actriz le ganó la batalla al Estudio consiguiendo un importante acuerdo en el que ella se reservaba el derecho a escoger. A partir de aquí comenzó a ganarse el respeto de la crítica que la aplaudió en “Bus stop” (1956), “El príncipe y la corista” (1957) y “Con faldas y a lo loco” (1959). 

En Nueva York se codeó con la élite intelectual, se enamoró locamente del dramaturgo Arthur Miller y se casaron en 1956. La unión entre el autor de “Muerte de un viajante” y la actriz más deseada por el público suscitó no solamente el interés de la prensa sino también el de J. Edgar Hoover. Miller era sospechoso de tener vínculos con el comunismo, se situó entre las personalidades que fueron llamadas a testificar ante el Comité de Actividades Antiamericanas, se negó a delatar a otras personas y llegó a ser declarado culpable de un delito de desacato, aunque el veredicto fuera finalmente revocado.

Hoover consideraba a Arthur Miller un peligro potencial para los Estados Unidos y a Marilyn Monroe una mujer que por su inestabilidad emocional podía ser manipulada y convertida en una agente comunista. En el 2012 se desclasificó la documentación relacionada con la investigación realizada a Marilyn Monroe durante los últimos siete años de su vida, mostrando la relación entre la actriz y Frederick Vanderbilt Field, reconocido activista izquierdista y que fue desheredado de la importante fortuna familiar por sus inclinaciones políticas. 

Lo que no mostró el FBI fue la relación entre Marilyn Monroe con los hermanos Kennedy. La celebración del 45º cumpleaños del presidente John Fitzgerald Kennedy, celebrado en el Madison Square Garden, era en principio un acto promocional de Kennedy que terminó siendo devorado por la presencia de Marilyn Monroe cantándole el cumpleaños feliz al presidente de una manera pronósticamente reservada. La estrella estaba embutida en un vestido de gasa de seda de color piel que llevaba cosidos a mano unos 2.500 cristales diminutos, una prenda tan ajustada a su cuerpo que tuvo que ser cosida a mano una vez puesta, fue diseñada por Jean Louis Berthault y costó 12.000 dólares de hace seis décadas. Un vestido icónico, convertido en pieza de museo y que fue reventado el pasado mes de Mayo por Kim Kardashian por el mero placer de darse el caprichazo de meterse dentro.

Presumiblemente Marilyn Monroe se encontraba en la larguísima lista de amantes del por aquel entonces presidente de los Estados Unidos. El miembro más ilustre del clan Kennedy estaba obsesionado con la actriz y utilizó a su cuñado, el actor Peter Lawford, como vínculo entre ambos. La estrella a quien estuvo más unida, teóricamente, fue al hermano de Jack, el fiscal general Robert Kennedy a quien sitúan en el domicilio de la actriz horas antes de su fallecimiento. Dejando a un lado la leyenda lo que sí fue cierto es que la participación de Marilyn Monroe como estrella invitada en la fiesta de cumpleaños presidencial, el 19 de Mayo de 1962, fue su última aparición pública. 

En el Actors Studio Lee Strasberg aconsejó a Marilyn Monroe que recurriera al psicoanálisis, que le ayudaría a enfrentarse a sus demonios personales para usarlos en sus actuaciones. Tras ser tratada por varios especialistas entró en contacto con el doctor Ralph Greenson, conocido como "el psiquiatra de las estrellas" y que, tras la Segunda Guerra Mundial, comenzó a ganar notoriedad por sus trabajos con los soldados traumatizados que regresaban del frente.

Marilyn con su psiquiatra mantenía una relación muy cercana, obsesiva incluso, ya que ella dependía completamente de él porque le veía como el padre que no tuvo, es más, su psiquiatra se convirtió en un enlace entre la actriz y la gente de la propia industria y la Fox, desesperada por la situación de una de sus principales estrellas, le tenía como alguien fundamental en su puesta a punto. Monroe y su psiquiatra no solamente tenían sus sesiones y larguísimas conversaciones por teléfono sino que él le recomendó que se grabara siempre que lo necesitara. 

El 4 de Agosto de 1962 Marilyn Monroe había sido apartada del rodaje “Something’s got to give” y durante varias semanas tuvo que padecer el escarnio público por parte de su compañía, la Fox, que la acusaba de ser una pésima profesional. Monroe se tuvo que rebajar para que el Estudio volviera a admitirla e inició una campaña de lavado de imagen, concediendo entrevistas a diferentes publicaciones para dar a entender que sus días oscuros pertenecían al pasado. Ese día la actriz estuvo en su casa con tres personas habituales, su ama de llaves, Eunice Murray, su publicista, Patricia Newcomb y su psiquiatra, el doctor Greenson, y también con el fotógrafo Lawrence Schiller, que solía trabajar con la revista LIFE. También recibió varias llamadas entre ellas la de Peter Lawford, que quería irse de juerga con ella, y que se alarmó porque su voz sonara como si se hubiera metido algo más fuerte de lo habitual.

A medianoche el ama de llaves vio que la luz de la habitación de Monroe estaba encendida, la puerta cerrada con llave y que al ser llamada no respondía así que decidió llamar a su psiquiatra que se presentó inmediatamente en la casa y vio que la intérprete yacía en la cama con el teléfono en la mano. Los servicios médicos no pudieron hacer más que certificar su muerte y notificaron al Departamento de Policía de Los Ángeles. El suceso no tardó demasiado en extenderse por toda la comunidad y la Fox anunció la noticia del fallecimiento de Marilyn Monroe a las 5 de la mañana. 

La autopsia determinó que la causa de la muerte fue una intoxicación aguda por barbitúricos, no se hallaron signos de violencia en su cuerpo y la investigación determinó que no fue un accidente, ya que las dosis estaban varias veces por encima del límite letal, y apuntó que había sido un probable suicidio. No se halló ninguna nota pero Peter Lawford, que había hablado con ella muy poco antes, afirmó que ella se estaba despidiendo de él. Los problemas mentales de Monroe eran notorios y marcaron los últimos años de su vida, las crisis nerviosas, los ingresos hospitalarios y los episodios depresivos fueron constantes. Su último marido, Arthur Miller, la dejó porque ya no podía seguir ayudando a alguien que claramente se había rendido. La de Marilyn Monroe fue la crónica de una muerte anunciada porque su situación era insostenible. 

La muerte de Marilyn Monroe tuvo un enorme impacto cultural. Podemos recordar ese episodio de “Mad Men” en el que las secretarias de la agencia de publicidad lloraban desconsoladas ante el fallecimiento de la gran estrella de Hollywood y esa escena se reprodujo en cualquier lugar del mundo en el que la actriz era mirada como un icono de esa fábrica de ilusiones llamada Hollywood. 

Ese “probable suicidio” del informe de la investigación ha dado pie a la mitología sobre la verdadera causa de la muerte de Marilyn Monroe. Las teorías sobre la conspiración que pudo acabar con la actriz comenzaron a surgir tímidamente dos años después de los hechos y, a lo largo de estos sesenta años, se sigue extrayendo petróleo. Se ha apuntado a varios frentes: los comunistas, el FBI o la CIA para presionar a la Casa Blanca o los propios Kennedy, señalando especialmente a Robert Kennedy, a quien la leyenda sitúa entre los visitantes nocturnos en la casa de Monroe y que, según los testimonios de algunos amigos de la actriz, ella mantenía una relación con él y se lo había tomado como algo más que una aventura. 

Seis décadas después de su muerte seguimos percibiendo la influencia dejada por Marilyn Monroe. Fue un icono pop antes de que se acuñara el término y probablemente muchas personas de las generaciones más recientes logran identificar a la Monroe porque la han visto en un póster. Ha sido una influencia para muchas personalidades del mundo del espectáculo e incluso para quienes no forman parte de él. Curiosamente Marilyn Monroe, la mujer más deseada por los hombres del planeta, era en realidad el mecanismo de defensa de Norma Jean Baker, alguien que fue rechazada desde el momento de su concepción y que terminó siendo devorada por su creación, sus numerosos traumas personales y la necesidad de ser rescatada del abismo. 

Mary Carmen Rodríguez

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