Hollywood canalla: Gene Tierney, belleza condenada

Hollywood canalla: Gene Tierney, belleza condenada

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Querido primo Teo:

Gene Tierney fue considerado el ejemplar más bello de Hollywood y se tenían razones para ello. Aunaba exotismo, elegancia y hacía que el technicolor fuera todavía más glorioso. Si Ava Gardner podía llevar por el camino de la amargura a cualquiera, Audrey Hepburn era un ángel terrenal y Grace Kelly era el espejo en el que toda mujer (del estrato social que fuera) ha querido mirarse, Gene Tierney podía ser todo eso a la vez dependiendo de cómo tuviera el día. Gracias a la “Laura” (1944) de Otto Preminger se convirtió en una estrella. Fue mucho mejor actriz de lo que ella y los Estudios creyeron y logró su única candidatura al Oscar por encarnar la fatalidad en “Que el cielo la juzgue” (1945). Su belleza la consagró y también la condenó ya que su vida estuvo marcada por los problemas mentales derivados de una desgracia personal.  

Nacida el 19 de Noviembre de 1920 en Brooklyn de una familia adinerada, su padre era un exitoso corredor de seguros, y Gene gozó de muy buena educación en los mejores colegios, incluso llegó a estar en un internado de señoritas en Suiza. A la edad de 17 años Gene Tierney era consciente de que pertenecía a otra raza, de esas destinadas a mejorar a la especie, y que lo suyo era el artisteo. Estudió interpretación en Greenwich Village y estando en un círculo privilegiado le fue fácil alternar en fiestas para conocer a gente del mundo del espectáculo que pudiera colocarla. No tardó en convertirse en la protegida del director y productor de Broadway George Abbott. 

Debutó en los escenarios de Broadway en 1938 haciendo un papel minúsculo en “What a life!”. Su carrera no prosperaba y su padre decidió invertir capital para promoverla. De esta manera, a la edad de 19 años, logró su primer contrato en Hollywood. Fue con la Columbia y tan solo para seis meses y el Estudio comenzó a pulirla, le aconsejaron que se pusiera a dieta para que perdiera su redondez. No hizo nada para la compañía porque se quedó fuera de “National velvet” (la película que lanzó al estrellato a una juvenil Elizabeth Taylor) y ante la falta de proyectos ella tomó la decisión de regresar a Broadway y ahí encontró algo muchísimo mejor. Consiguió críticas espectaculares con la obra “The male animal” y era habitual que entre los espectadores de los teatros se tuviera a gente de Hollywood que buscaban historias y también nuevos talentos. Entre quienes estaban viendo a la Tierney en el patio de butacas estaba Darryl F. Zanuck, el jefazo de la 20th Century Fox, que deslumbrado ante la belleza de la joven actriz le dijo a su asistente que la buscara con tan buena suerte que la encontraron en el Waldorf Astoria, aunque en ese lugar ella tuvo que convencer a Darryl F. Zanuck de que en realidad era Gene Tierney. 

Firmó con la Fox y el Estudio no supo muy bien qué hacer con ella, su belleza tan poco terrenal le hacía ideal para papeles de mujeres exóticas. La fueron colocando en todo tipo de producciones: “La venganza de Frank James” (1940),  “La ruta del tabaco” (1941), “Belle Starr” (1941) y trabajando con directores tan importantes como Fritz Lang y John Ford pero la joven actriz o no encajaba o daba muy poco de sí. Fue Josef Von Sternberg quien supo ver todo el potencial interpretativo y carnal que tenía la Tierney en “El embrujo de Shanghai” (1941) pero la película, aunque hoy es considerada una obra de culto, en su día pasó completamente desapercibida y Gene Tierney no se libró de las comparaciones con la anterior musa del cineasta: Marlene Dietrich. Este fracaso hizo que la joven luminaria siguiera dando tumbos en el Estudio, a veces acertados como “El diablo dijo no” (1943) de Ersnt Lubitsch y otras veces erróneos como “Infierno en la tierra” (1942). 

Su situación cambió radicalmente cuando Hedy Lamarr rechazó protagonizar “Laura” (1944) de Otto Preminger en donde encarnó a una mujer que se convierte en la obsesión de un detective que está investigando su asesinato. A raíz del éxito de “Laura”, Gene Tierney fue muchísimo más respetada por el Estudio pero el mejor momento de su carrera coincidió con su peor momento personal.

Durante la intervención de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial en Hollywood se hicieron dos cosas: se fueron al frente como James Stewart o Frank Capra (este último a rodar documentales) o se quedaron en la siempre pacífica comunidad de Tinseltown contribuyendo desde ahí. Las estrellas de Hollywood vivieron jornadas maratonianas vendiendo bonos de guerra, algunas como Carole Lombard murieron recorriéndose el país y otras aprovechaban los agradecimientos de sus premios para animar a la gente a invertir en tal noble causa, el caso de Greer Garson con su Oscar por “La señora Miniver” (1942). En Junio del año 1943 Gene Tierney estaba embarazada de su primogénita fruto de su matrimonio con el diseñador Oleg Cassini (prometido posteriormente de Grace Kelly y modista de cabecera de Jackie Kennedy) y participó en uno de esos rutinarios eventos en donde participaban estrellas y aspirantes a luminarias para recaudar fondos con tan mala suerte que una admiradora enferma de rubéola se saltó la cuarentena y la contagió. Las consecuencias de la enfermedad fueron fatales para su estado de gestación y su hija Daria nació prematura y con serios daños congénitos: sorda, parcialmente ciega y con una discapacidad mental grave. Gene Tierney jamás se perdonó eso y la carga de la culpa hizo mella en ella. Su hija requirió atención especial toda su vida y fue fundamental para ello la ayuda económica de Howard Hughes, que era gran amigo de la actriz. Su matrimonio con Oleg Cassini no pudo sostenerse, se separaron, se reconciliaron y terminaron divorciándose en 1953. La pareja tuvo otra hija, nacida en 1948.

La carrera de Gene Tierney iba por buen camino y la confirmación llegó con “Que el cielo la juzgue” (1945) de John M. Stahl, una de las cumbres del technicolor (de las favoritas de Martin Scorsese) en donde se adaptaba la aclamada novela de Ben Ames Williams. Ahí la Tierney estaba deslumbrante en la piel de una arpía, con piel de mosquita muerta, una mujer de lo más posesiva que no quería compartir a su marido con nadie. Como bien dijo Martin Scorsese, Gene Tierney fue probablemente uno de los talentos más subestimados de la edad dorada de Hollywood porque detrás de esa fachada deslumbrante había una actriz con un enorme potencial y muy capaz de brillar en los papeles más exigentes pero su belleza le condenó, en un primer lugar a títulos en donde no se podía sacar lo mejor de ella y después porque su carrera sufrió las consecuencias de su deterioro emocional. Por “Que el cielo la juzgue” consiguió su primera y única nominación al Oscar. 

Su último gran éxito lo vivió con “El filo de la navaja” (1946) en donde la actriz vuelve a estar inmensa en la piel de mal bicho aunque ahí el show es de Anne Baxter que fue galardonada con el Oscar a la mejor actriz de reparto. No siguió la misma senda “El fantasma y la señora Muir” (1947), hoy considerada una pequeña joya en la filmografía de Joseph L. Mankiewicz, en donde tanto ella como Rex Harrison están prodigiosos pero en su día no causó un gran impacto. 

Aunque consiguió buenas críticas con “Ese impulso maravilloso” (1948) o con “Al borde del peligro” de 1950 (de nuevo a las órdenes de Preminger) la estela de la Tierney se fue apagando paulatinamente. Su rostro fue endureciéndose con el paso del tiempo y también por los efectos de sus múltiples problemas. Tras el nacimiento de su hija mayor vivió serios problemas de depresión que terminaron afectando a su capacidad de concentración y su memoria por los tratamientos de electroshock a los que fue sometida, por ese motivo se quedó fuera de “Mogambo" (1953) y su papel fue para Grace Kelly.

A finales de la década de los 50 el nombre de Gene Tierney estaba solamente presente en los medios por sus escándalos debido a sus intentos de suicidio, sus ingresos y huidas de los psiquiátricos y su romance con Aly Khan cuando éste estaba teniendo un divorcio complicado de Rita Hayworth. Con Aly Khan llegó a comprometerse pero la historia entre ellos se rompió debido a la oposición del padre del novio, Aga Khan III. Gene Tierney se casó con el magnate petrolero texano Howard Lee, que ya había estado casado con Hedy Lamarr. Junto a su segundo marido vivió una plácida vida en Texas hasta que se divorciaron en 1981. Estuvo prácticamente retirada de Hollywood una década pero, a pesar de sus altibajos y de que ella ya estaba fuera de la circulación, no dejaba de recibir ofertas y regresó en 1962 con “Tempestad sobre Washington” (nuevamente dirigida por Otto Preminger) y su última película fue “En busca del amor” (1964) concebida para el lucimiento de Ann-Margret. Los finales de los 60 significaron el trasvase de las antiguas estrellas de cine a la caja tonta; Gene Tierney no fue la excepción aunque hizo muy poco para la pequeña pantalla.

En el año 1979 Gene Tierney publicó su autobiografía en donde hizo un trabajo de exorcismo ya que abordaba con franqueza sus problemas de salud mental y confesaba sentirse agradecida al hecho de que su retiro temprano le permitiera disfrutar de la cotidianidad con la más absoluta tranquilidad. El nacimiento de su hija mayor le hizo consagrarse a las obras de caridad para ayudar a los más desfavorecidos y a dicha labor se entregó completamente hasta el final de su vida. Fue premiada con el premio Donostia en el Festival de San Sebastián 1986.

Cuando Gene Tierney debutó en Hollywood y asistió a la proyección de su primera película, “La venganza de Frank James” (1940), se sintió profundamente acomplejada por su voz tan aflautada que decía que era como Minnie Mouse pero cabreada. Eso le llevó a convertirse en fumadora con el propósito de agravar su voz. Fumaba varias cajetillas diarias y falleció de un enfisema el 6 de Noviembre de 1991 a la edad de 70 años. 

Mary Carmen Rodríguez 

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