In Memoriam: Aurora Bautista, la gran estrella femenina de los 50 y 60

In Memoriam: Aurora Bautista, la gran estrella femenina de los 50 y 60

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Querido Teo:

Ha muerto a los 86 años Aurora Bautista, una de las grandes del cine y del teatro español. Esa gran generación algo olvidada por los espectadores actuales y a los que nuestra cultura debe tanto. La actriz ha fallecido por complicaciones fruto de una neumonía. Para el recuerdo su gran papel de Juana la loca en “Locura de amor” (1950), antes de que llegara Pilar López de Ayala en la versión de Vicente Aranda, o en “La tía Tula” (1964). Su último papel fue ese neorrealista, elegiaco y nostálgico personaje que le brindó José Luis Garci en “Tiovivo c. 1950”. La Bautista, a pesar de una carrera que fue espaciándose y reduciéndose conforme pasaban los años, tiene el honor de haber encarnado a grandes personajes femeninos de nuestra cultura, mujeres sufrientes, pero con una gran fortaleza y determinación.

Nacida en Valladolid en 1925, se traslada a Barcelona tras la Guerra Civil donde estudia teatro. Aunque no tenía intención de dedicarse al mismo como profesional, debutó en 1944 en la obra “La malquerida”, de Benavente, con la compañía de Lola Membrives. Un año después, Cayetano Luca de Tena la contrató para trabajar en el Teatro Español de Madrid en la obra “El sueño de una noche de verano”, de William Shakespeare. Dirigida también por Luca de Tena, actuó en “La conjuración de Fiesco”, que se estrenó en 1948. Recomendada por Cayetano Luca de Tena al director Juan de Orduña ante su indudable talento, se enfrentaba al reto de ser una debutante y encarar el papel protagonista en la superproducción española del momento que iba a contar la historia de la reina castellana Juana la loca en “Locura de amor” junto a Fernando Rey.

Tal grande fue el éxito, mítica su frase “silenciooo, el rey duermeee”, que Cifesa y Juan de Orduña intentaron repetir el éxito con “Pequeñeces”, cosa que lograron en una cinta en la que la Bautista era la perversa Condesa de Albornoz. Completaría su particular trilogía de mujeres fuertes con misma productora y director en “Agustina de Aragón”, metiéndose en la piel de la revolucionaria que resiste ante las tropas francesas. El ritmo de trabajo de la época, y el rápido sistema de producción de aquellos años a pesar de las dificultades, se demuestra en el hecho de que las tres cintas citadas que convirtieron a Aurora Bautista en la actriz del momento datan de 1950. Un cine teatral y grandilocuente que encontró a su gran estrella femenina. Posteriormente destacan cintas como “Condenados” (1953), “La gata” (1955), “El marido” (1956) junto a Alberto Sordi, “Sonatas” (1959) de Juan Antonio Bardem ante la renuncia de Lucía Bosé, “Hay alguien detrás de la puerta” (1960) o “Teresa de Jesús” (1961), nuevamente con Juan de Orduña, que tuvo que enfrentarse a la censura por el intento de reflejar a la santa también en su perspectiva de mujer y en su contexto histórico. Años oscuros para la cultura, así como su expresión y difusión, que se manifiesta en la presencia constante de la guardia civil en las representaciones teatrales de “Yerma”, siendo la primera actriz que acometía el personaje lorquiano tras el fin de la contienda bélica en España. Bautista, siempre apasionada y quizás demasiado afectada en sus interpretaciones lo que provocó que terminara derivando en secundaria cómica, peleó más de una vez contra la censura intentando que sus personajes (aunque fueran pertenecientes de otra época) sirvieran para reflejar también la realidad cotidiana española del momento.

El teatro siempre fue el mejor refugio para una actriz enérgica y valiente a la hora de acometer sus trabajos que siempre se quedó con el regusto amargo de no tener mejores guiones tras sus años de esplendor y juventud. En cine volvería a tener unos años de esplendor en los 60 con “Las ratas” (1963) y con “La tía Tula” (1964), llevando al cine de la mano de Miguel Picazo la obra de Unamuno con esa mujer solterona de provincias que sufre la represión y el desdén de sus vecinos y allegados en un relato sobre la tiranía de una sociedad inculta y pacata y con la religión como principal coartación moral y vital. Sin duda, uno de sus personajes más memorables.

Llegan títulos como “El derecho de nacer” (1966), rodada en México fruto de vivir esos años allí al casarse y separarse del médico Hernán Cristerna, padre de su único hijo, y también encarna a Isabel la Católica en la miniserie “Cristóbal Colón” coproducida por TVE y la RAI. No funcionaría bien en su regreso a España “Pepe Doncel” (1969), como fallida adaptación de la obra de Jacinto Benavente, y queda como una bizarrada propia de aquellos años “Una vela para el diablo” (1973), cinta de terror gore en plenos años del destape junto a Esperanza Roy. También rodaría “Los pasajeros” (1975), junto a Paul Naschy, y “El mirón” (1977). Su estrella ya no brillaba como al principio de su carrera, pero seguiría ofreciendo secundarios memorables y emotivos como la priora de un convento del siglo XVI en “Extramuros” (1985) de Miguel Picazo, en “Divinas palabras” (1987), adaptando la obra de Valle-Inclán de la mano de José Luis García Sánchez, o “Amanece, que no es poco” (1989) de José Luis Cuerda.. Sus últimos papeles en cine fueron “Adiós con el corazón” (2000), “Octavia” (2002) y “Tiovio c. 1950” (2004).

Apasionada del arte y de la vida, casada en segundas nupcias en 1989 con el empresario cubano Luis de Luis, fue consciente del olvido y del paso del tiempo que las nuevas generaciones tiraban como una losa sobre su figura. A pesar de ello, y de que su fallecimiento corra serio peligro de pasar demasiado desapercibido, no podemos más que tener un pequeño homenaje a la gran dama del cine y teatro español de los primeros 50 y 60 de este país. No fueron los años los que le dieron fama y prestigio, fue un talento juvenil ya evidente el que la catapultó en aquellas épocas como la gran estrella que con todo merecimiento es dentro de la historia de la cultura española. Una actriz, siempre generosa y esforzada a la hora de actuar, que tuvo que sufrir a lo largo de su carrera el sabor efímero de la fama y de un público olvidadizo e inconstante, además de padecer los vaivenes políticos y sociales de nuestro país en los últimos 60 años.

En los últimos años llegarían los homenajes por toda su carrera como el Fotogramas de plata en 2001, el premio del Círculo de Escritores Cinematográficos en 2008, o el premio de la Unión de Actores en 2010.

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Nacho Gonzalo

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