In Memoriam: Bibi Andersson, musa bergmaniana

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Querido Teo:

A los 83 años ha fallecido una de las musas del cine de una época, una nacionalidad y un director en concreto. Bibi Andersson fue junto a Liv Ullmann, Ingrid Thulin y Harriet Andersson una de las actrices fetiche del cine de Ingmar Bergman, el director sueco que dejó impronta en el cine europeo y mundial a través de la filosofía, la sensibilidad y verdad en la que retrataba la condición humana a través de sus películas. Comenzó su carrera en 1951 como una bailarina sin acreditar en “La señorita Julie” y que terminaría abarcando hasta la miniserie medieval “Arn” (2010). Entre medias se convirtió en uno de los símbolos de una manera de enfocar el oficio con un cine de autor marcadamente nórdico y europeo, que le daría fama internacional junto a todo un maestro.

Andersson, que se formó como actriz en el Teatro Real de Estocolmo (el prestigioso Dramaten) durante los cincuenta, estuvo en alguno de los mejores trabajos de Ingmar Bergman como “Sonrisas de una noche de verano” (1955), “Fresas salvajes” (1957), “El séptimo sello” (1957), “En el umbral de la vida” (1958), “El rostro” (1958), “El ojo del diablo” (1960), “Esas mujeres” (1964), “Persona” (1966), “Pasión” (1969), “La carcoma” (1971) y “Secretos de un matrimonio” (1974). Unos años de fruición y de febril creatividad por parte del realizador hasta que en los 80 la actriz espació sus intervenciones y se centró en el teatro. Por “Älskarinnan” de Vilgot Sjöman ganó el premio a la mejor actriz en el Festival de Berlín 1963. En Cannes había ganado en 1958 por “En el umbral de la vida” compartiendo el reconocimiento con Eva Dahlbeck, Barbro Hiort af Ornäs e Ingrid Thulin por la misma película.

Ser uno de los nombres habituales del cine de Bergman, que concebía sus repartos casi como una compañía teatral estable de la que también formaban parte en el lado masculino nombres como Max Von Sydow, Erland Josephson o Gunnar Björnstrand, le permitió ser requerida por otros directores como Alberto Sordi en “El gran amante” (1966), Jacques Doniol-Valcroze en “La seducción” (1967), Leonardo Bercovici en “Historia de una mujer” (1970), John Huston en “La carta del Kremlin” (1970), Sergio Gobbi en “La rivale” (1974) y “Blondy” (1976), Anthony Page en “Nunca te prometí un jardín de rosas” (1977), George Schaefer en “El enemigo del pueblo” (1978), George Sluizer en “Dos veces mujer” (1979), Robert Altman en “Quinteto” (1979), David Lowell Rich en “Aeropuerto 79” (1979), James Toback en “Exposed” (1983), Raúl de la Torre en “Pobre mariposa” (1986), Gabriel Axel en “El festín de Babette” (1987), Gracia Querejeta en “Una estación de paso” (1992) y Marco Bellocchio en “El sueño de la mariposa” (1994).

Su última película fue la coproducción “La escarcha” de Ferran Audí en 1999 y, como no, también estuvo su presencia y palabras en el reciente documental de Jane Magnusson “Bergman, su gran año” (2018) que precisamente se adentraba en el lustro más creativo del director (1957-1963) que sirvió para implantar el sello de su cine y del que Andersson formó buena parte de ello a través de un rostro puro y transparente que representaba la vulnerable densidad de unos personajes femeninos tan complejos como etéreos.

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Nacho Gonzalo

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