In Memoriam: Joan Fontaine, una actriz de carácter

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Querido primo Teo:

Día de malas noticias, ya que despedimos también a Joan Fontaine a los 96 años, una de esas mujeres que, a pesar de no ser excepcionalmente altas (medía 1´60 m), lograba llenar la pantalla, desprendiendo ese aura atemporal que solo las grandes estrellas poseen. Su muerte, no sólo confirma la pérdida de una gran actriz, sino que cierra un poco más la puerta que separa el Hollywood contemporáneo de esa etapa clásica y dorada.

Nacida como Joan de Beauvoir de Havilland el 22 de Octubre de 1917 en Tokio, en el seno de una familia británica bien posicionada, adoptó el apellido artístico de su madre (la actriz británica Lilian Augusta Ruse, conocida como Lilian Fontaine), ya que el apellido Havilland era usado por su hermana mayor, Olivia. Las hermanas tomaron lecciones de dicción juntas y cuando Joan, con sus padres ya separados, regresó de una estancia en Japón con su padre, comenzó su carrera como actriz.

Su rivalidad, aunque llevada al terreno profesional, fue, desde el primer momento familiar, puesto que su madre prefería que fuera Olivia la que llevara el apellido familiar, lo que obligó a Joan a buscar una alternativa. Así, adoptando Joan Fontaine como nombre artístico, debutaría sobre los escenarios en la producción “Call it a day” (1935) y no tardaría en llegarle una oferta para firmar un contrato con la RKO. En el cine, ese mismo año lograría su primer papel, en la película de Edward H. Griffith y George Cukor “No more ladies”. A pesar de su talento, su carrera no acabada de despegar, y tras una docena de pequeños papeles, al llegar su contrato a su fin, no fue renovado. Era el año 1939.

Sin embargo, su suerte cambió cuando, asistiendo a una cena, conoció al productor David O. Selznick, y entre los temas de conversación surgió la novela de Daphne du Maurier “Rebeca”, obra que Selznick quería llevar a la gran pantalla. Tras largos meses de pruebas y audiciones, Joan conseguía el papel protagonista en la película que significaría el debut norteamericano de Alfred Hitchcock. La película se hizo con 2 Oscar, a la mejor película y a la mejor fotografía en blanco y negro, y supuso la primera nominación de Fontaine por hacer de la segunda señora De Winter. Sin embargo, ese rodaje fue una experiencia amarga para la actriz, ya que su compañero de reparto, Laurence Olivier no le dio un trato especialmente amable en ningún momento. Hitchcock sacó provecho de la situación, haciéndole creer a la actriz que todo el equipo de rodaje la odiaba, lo que la llevaba al retraimiento, dándole el aire de timidez y reserva que el director quería para el personaje.

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El mal trago no le impidió repetir a las órdenes de Hitchcock, ya que su siguiente proyecto sería “Sospecha”, en la que compartió protagonismo con Cary Grant. Su actuación le valdría el Oscar a la mejor actriz (su única estatuilla y la única que ganó un actor de Hitchcock) y agrandaría aún más la legendaria enemistad con su hermana, puesto que ambas eran candidatas ese año. Según relataba el biógrafo Charles Higham, Fontaine rechazó la felicitación de su hermana al subir al escenario, provocando el enfado de Olivia ante el comportamiento de su hermana pequeña.

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Claro que, en estos duelos de divas, Havilland le devolvió el desplante años más tarde, negándole el saludo a su hermana por unas declaraciones que había hecho sobre su marido. Finalmente, en 1975 su relación se rompió definitivamente, cuando Joan acusó a Olivia de no haberla invitado al servicio religioso tras la muerte de su madre. De Havilland mantuvo que fue la propia Fontaine que rechazó el asistir a dicho servicio. Fuera como fuera, a partir de ese momento, su relación se cimentó en rumores, comentarios y pullas lanzadas en ambas direcciones.

Tras recoger el Oscar, participó en una serie de proyectos durante los años 40, que la confirmaría como una de las estrellas del momento. Títulos como “La ninfa constante” (1943), por la que lograría una nueva nominación como mejor actriz, “Alma rebelde” (1944), que era una versión del clásico literario “Jane Eyre”, “Abismos” (1947) o “Carta de una desconocida” (1948), confirmaron su talento para el melodrama romántico. Precisamente con la magnífica obra de Ophüls cerraba esa etapa de éxitos, y comenzaba el declive de su éxito.

A partir de los 50, comenzó a participar en proyectos para la televisión y en más obras de teatro. Y fue en Broadway donde interpretaría la obra “Tea and sympathy”, junto a Anthony Perkins, por la que obtuvo muy buenas críticas. Un par de años después, en 1956, participó en “Serenade”, junto al tenor Mario Lanza, Vincent Price y Sara Montiel. Los años 60 trajeron más teatro, con participación en obras como “Private lives”, “Cactus flower” o “El león en invierno”, y su última aparición en la gran pantalla. Era el año 1966, y la película era “The witches”, que ella misma produjo. Sí que continuó realizando breves y esporádicas apariciones en televisión, logrando una nominación al Emmy en 1980 por su papel en “Ryan’s hope”.

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Joan Fontaine se casó cuatro veces, y de su vida familiar, además de su enemistad con su hermana, era conocida su mala relación con sus hijas, Deborah Leslie (nacida del matrimonio de la actriz con William Dozier) y Martita (adoptada), que muchos achacan al descubrimiento por parte de la actriz de la buena relación que mantenían sus hijas con su tía.

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Sea como fuere, nos queda el recuerdo de sus grandes interpretaciones y su mirada doliente, capaz de llenar la pantalla, con esa melancolía y esa timidez a la que Hitchcock sacó tan buen partido, y que Ophüls supo utilizar como nadie para dar vida a la heroína de Zweig.

Tu prima.
Rodasons

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