In Memoriam: Mickey Rooney, pequeño gran mito

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Querido Teo:

A los 93 años nos ha dejado Mickey Rooney, una de esas figuras clásicas que todavía vivían en Hollywood. Estrella infantil, mujeriego incansable, y vividor con malas pulgas, son algunos de los calificativos que se pueden poner a una pequeño gran icono del cine (sobre todo en los años 30 y 40) que nunca paró de trabajar, primero por una pasión desbordante por su oficio y segundo por financiarse muchos negocios en los que acabó metido con resultados ruinosos. Fue 4 veces candidato al Oscar, como protagonista por “Hijos de la farándula” en 1940 y “La comedia humana” en 1944 y como actor de reparto por “Amanecer sangriento” en 1957 y “El corcel negro” en 1980. Buena muestra de la evolución que tuvo su carrera pasando de protagonistas juveniles a secundarios cómicos. En 1939 ya recibió un premio especial de la Academia junto a Deanna Durbin por su contribución a construir el espíritu de la juventud americana, y en 1983 recibió el Oscar honorífico por su versatilidad a lo largo de más de medio siglo de carrera. Y es que Rooney sufrió las tiranías del sistema de Hollywood trabajando hasta la extenuación en sus primeros años, debutando a los 6 años y convirtiéndose en estrella inmediatamente después y siendo el mejor pagado del mundo del cine a finales de la década de los 30. Quizás no encabece listas de grandes actores del Hollywood clásico, pero sin duda lograba destilar una contagiosa simpatía que conectaba con el espectador.

Durante toda su carrera su pícara sonrisa y cara infantil fueron sus armas, y también los hándicaps a los que se tuvo que enfrentar, lo que provocó que, a pesar de su talento y su indudable polivalencia, terminara relegado siempre a una serie de papeles de perfil cómico. Hijo de unos actores de variedades debutó a los 6 años en una serie de cortos y, a los 10 años, fue fichado por la Metro-Goldwyn-Mayer bailando claqué en “Broadway to Hollywood”, pero se le vería posteriormente en “El mundo cambia” (1933), como aprendiz de Clark Gable en “El enemigo público número 1” (1934), “La indómita” (1935), como risueño fauno en “El sueño de una noche de verano” (1935), o “Ayer como hoy” (1935). Fue formando tándem con Freddie Bartholomew como el pillastre proletario del dúo en “El pequeño Lord” (1936), “El demonio es un pobre diablo” (1936) y “Capitanes intrépidos” (1937) donde comenzó a hacerse muy popular. En ésta última y en “Flor de arrabal” (1936) había conocido a Spencer Tracy con el que triunfaría en “Forja de hombres” (1938) como coprotagonista en la que era uno de los chicos que quería abandonar la ciudad de los muchachos comandada por el padre Flanagan, repitiendo en la secuela de 1941, paso previo a la lanzadera al estrellato que le supondría interpretar al personaje de Andy Hardy en los cortos y películas de “The Hardy family” entre 1937 y 1958, dando vida al carismático hijo de un juez de pueblo en un total de 19 ocasiones. Allí coincidió por primera vez con su gran pareja cinematográfica.

Mickey Rooney y Judy Garland se convirtieron en el modelo de la juventud americana en una serie de películas con personajes diferentes pero que tenían todos ellos unas particularidades muy comunes propios de esa época de defensa del sueño americano, todo amenizado entre canciones y números de baile y supeditado a maratonianas jornadas de grabación. Entre esos títulos destacan “Los hijos de la farándula” (1939) o “Armonías de juventud” (1940), dirigidas por Busby Berkeley, aunque también hizo esos años otros trabajos como “Horizontes de gloria” (1938) nuevamente con Bartholomew, “Huckleberry Finn” (1939) o “El joven Edison” (1940). En la década de los 40 se consagró como estrella del musical, pero no sólo con Judy Garland sino que también compartió plano con Elizabeth Taylor en “Fuego de juventud” (1944) o Gloria DeHaven en “Summer holiday” (1948). Antes ya había conseguido ya dos nominaciones al Oscar, una por “Los hijos de la farándula” y otra por “La comedia humana” (1943), emotiva cinta de Clarence Brown en la que era un adolescente que tenía que quedarse al cuidado de su familia en pleno conflicto bélico. Una carrera juvenil meteórica que no impidió que MGM le arrinconara tras alistarse Rooney para combatir en la Segunda Guerra Mundial y, evidentemente, terminar convirtiéndose ya en un hombre en cuerpo de niño, lo que dificultaba que se le asignaran papeles acordes a su edad real.

Llegaba en los 50 una nueva etapa para la carrera de Mickey Rooney enmarcada en secundarios de perfil cómico sin renunciar a algún papel protagonista de peso con el que intentaba explorar otros terrenos, tal es el caso de “Peligros de juventud” (1950) o “La senda equivocada” (1954).

Tal es el caso de “Los puentes de Toko-Ri” (1954), consiguiendo una tercera nominación al Oscar por la bélica “Amanecer sangriento” (1956), ofreciendo un buen trabajo en el terreno del cine negro de Don Siegel con “Baby Face Nelson” (1957), como vecino japonés cabreado en “Desayuno con diamantes” (1961), entrenador del boxeador encarnado por Anthony Quinn en “Réquiem por un boxeador” (1962), la divertida “El mundo está loco, loco, loco” (1963), o siendo uno de los criminales reclutados para combatir en Yugoslavia en “Secreta invasión” (1964).

Siguió en esa tónica, recobrando gran parte de su popularidad, en películas infantiles como “Pedro y el dragón Elliot” (1977), “La magia de Lassie” (1978), “El corcel negro” (1979), cuyo éxito le reportó su cuarta y última nominación al Oscar, la animada “Tod y Toby” (1981) o “Erik el vikingo” (1989).

Y es que fuera en el cine o en la televisión, físicamente o prestando su voz, su presencia (mayormente en breves cameos) ha sido constante hasta el final en trabajos como “Babe, el cerdito en la ciudad” (1998), “Noche en el museo” (2006) o “Los Muppets” (2011). En series se le vio en “Vacaciones en el mar” (1982), “Las chicas de oro” (1988), “Se ha escrito un crimen” (1993), “Padres forzosos” (1994) o “Urgencias” (1998).

Un metro y medio de talento y carácter que no le impidió ser un conquistador nato. Se casó 8 veces, la primera de ellas con Ava Gardner en un matrimonio comentado y sonado ya que ella sólo tenía 19 años, pero que fue la única que no le pidió nada en el divorcio lo que no se repetiría después con cada uno de sus matrimonios teniendo que abonar a todas sus ex mujeres una pensión alimenticia. Con Ava estuvo casado un año (1942-1943) y después vendrían Betty Jane Rase de 1944 a 1948, Martha Vickers de 1949 a 1952, Elaine Devry de 1952 a 1958, Carolyn Mitchell entre 1958 y 1966, Marge Lane entre 1966 y 1967, Carolyn Hockett de 1969 a 1974 y Jan Chamberlain de 1978 hasta la actualidad. En total ha tenido 9 hijos. Más de 300 trabajos acreditados no hacen más que avalar toda una vida dedicada al mundo del espectáculo con la que pasó a ojos del espectador de encantador pillastre en sus años mozos a anciano loco y cascarrabias. Todo servido en un frasco de metro y medio lleno de talento y dedicación en una carrera larga e irregular, pero meritoria y recordable.

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Nacho Gonzalo

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