In Memoriam: Sara Montiel, la gran diva

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Querido diario:

Sigue el dolor en el cine español con la muerte de Sara Montiel a los 85 años de edad. Una de las grandes divas de nuestra Historia y la primera estrella internacional española. En una España gris y necesitada de fantasía bajo la censura de la dictadura franquista y las limitaciones económicas, Sara Montiel fue la cara más barroca y atrevida del espectáculo, gracias a sus papeles melodramáticos y a su sensual manera de cantar y vestir. Actriz de gran éxito comercial, mayormente en las décadas de 1950 y 1960, ha protagonizado o participado en unas 60 películas, varias de las cuales alcanzaron enormes recaudaciones. Estuvo casada con el director de cine Anthony Mann, y fue la primera española en triunfar en Hollywood, donde trabajó con varias de las máximas estrellas de la época, como Gary Cooper, Burt Lancaster, Joan Fontaine, Mario Lanza, Vincent Price, o Charles Bronson. Una manchega universal que, además de ser el primer gran mito de nuestro cine, también fue lo más parecido que hemos tenido e nuestra industria al erotismo de la Gilda de Rita Hayworth o la belleza y mirada de Elizabeth Taylor.

Su primer papel de importancia fue en “Locura de amor” (1948), gran éxito de Juan de Orduña protagonizado por Aurora Bautista y Fernando Rey, a la que siguieron “Bambú” (con Imperio Argentina y Fernando Fernán Gómez), “La mies es mucha”, “Pequeñeces” y “El capitán veneno” (1951) de Luis Marquina (igualmente protagonizada por Fernando Fernán Gómez). Su gran belleza y talento le permitirían lograr grandes éxitos años después, pero el cine español de entonces se le quedaba pequeño pues la encasillaba en papeles de cara bonita, y Sara proyectó su ambición hacia el extranjero, concretamente a México y a USA donde llegaría a trabajar en Hollywood.

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Debido a su belleza y su talento pronto llamó la atención de la industria cinematográfica estadounidense, que se hallaba necesitada de estrellas hispanas en la línea de Rita Hayworth. Interpretaciones como “Cárcel de mujeres” y “Piel canela” le abrieron las puertas para entrar a Hollywood en 1954 como una nueva Gilda. Su primera interpretación fue de la mano, nada más y nada menos, que del mítico Gary Cooper en “Veracruz” de Robert Aldrich, junto a estrellas tan importantes de la época como el citado Cooper, Burt Lancaster, Denise Darcel, César Romero, Ernest Borgnine y un joven Charles Bronson. Los títulos de crédito de esta película, uno de los mejores western de la historia, presentaban a Sara (al público estadounidense) con la frase: «And introducing Sarita Montiel». Aunque su papel no era protagonista, Sara terminaba eclipsando a su oponente femenina, Denise Darcel, por su belleza y porque su papel era el de la chica buena. De hecho, es Sara y no Denise quien protagoniza la última escena de la película con Gary Cooper. Con “Veracruz”, Sara Montiel logró índices de popularidad que jamás había tenido una artista española.

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Según varias fuentes, la actriz recibió un contrato estándar de siete años de manos de Harry Cohn, magnate de la Columbia Pictures, uno de los grandes estudios de Hollywood, pero lo rechazó temiendo que un acuerdo de exclusividad la encasillase en papeles de hispana. Por ello, sus siguientes trabajos fueron como actriz freelance o independiente para diferentes productoras, y llegado el momento Sara tendría libertad para regresar a España.

Su segunda película en Estados Unidos fue “Serenade (Serenata o Dos pasiones y un amor)”, una producción de eminente contenido musical para el lucimiento del tenor Mario Lanza, que contó con dos estrellas ya legendarias: Joan Fontaine y Vincent Price. También en esta película, Sara interpretaba un papel de chica buena, ingenua pero con coraje, que se oponía a la pérfida Joan Fontaine. Hay que recordar una escena de enfrentamiento entre ellas, cuando Sara da unos pases de toreo y, ante un desplante de Fontaine, la amenaza con una espada. En este rodaje Sara conoció al que sería su primer marido, Anthony Mann, el director de la cinta, así como a Elizabeth Taylor, quien rodaba “Gigante” con James Dean en un plató cercano.

Como su último trabajo en Hollywood, en esta ocasión para la compañía RKO Pictures, la actriz española rodó “Yuma” de Samuel Fuller, junto a Rod Steiger. En “Yuma”, Sara hizo el papel de una india sioux que se casa con el protagonista, y se reencontró con un musculoso Charles Bronson, que encarnaba al jefe de su tribu. Otro dato curioso es que, según algunas fuentes, la voz de Sara fue doblada por Angie Dickinson, un dato poco conocido entre el público hispano que ha visto generalmente la película doblada en español.

Sara Montiel (conocida entonces como Sarita Montiel) tenía su lugar asentado en Hollywood; mantuvo cierta amistad con personalidades tan relevantes del cine internacional como Marlon Brando, James Dean o la hija de Alfred Hitchcock. Una fotografía de Sara con James Dean es la última que se conoce del mítico actor; con ella se anunció en los periódicos la muerte de James Dean (en accidente de tráfico) en todo el mundo. También conoció a la cantante de jazz Billie Holiday; en una ocasión acudieron juntas al restaurante Four Seasons de Nueva York, y como no dejaron entrar a Holiday por racismo, Sara protestó arrojando unos platos.

Aunque la Montiel tenía proyectos para realizar otras películas, el destino le deparó otro rumbo a su carrera y se marchó de Hollywood. Tras unas vacaciones, rodó en España una película de bajo presupuesto bajo las órdenes de Juan de Orduña, que realizó más por amistad y gratitud que por dinero: “El último cuplé” (1957). A pesar de sus modestos medios, la película fue un éxito de taquilla inmenso, en parte porque Sara incluía números musicales con una peculiar voz, susurrante y más bien grave, totalmente opuesta al estilo atiplado de Raquel Meller y otras estrellas españolas de la canción. Sus interpretaciones de Fumando espero y El relicario serían recordadas durante generaciones.

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“El último cuplé” marcó un hito en el cine español por su recaudación, un récord que mantuvo durante años, e hizo de la Montiel una de las artistas más taquilleras del mundo. Por consiguiente firmó un contrato multimillonario para realizar películas de producciones europeas (hispano-francesas-italianas) que la convirtieron en la actriz de habla española mejor pagada de la década. Le siguieron varias producciones de éxito con importantes galanes europeos, como “La violetera” (con Raf Vallone) y Carmen la de Ronda (con Maurice Ronet). Estas películas redoblaban su atractivo gracias a números musicales donde Sara cantaba con su peculiar estilo y luciendo exuberantes vestidos que tentaban a la censura. A los dos filmes citados, siguieron “Mi último tango”, “Pecado de amor”, “La bella Lola”, “La dama de Beirut”, “La reina del Chantecler”, “Noches de Casablanca”, “La mujer perdida”, “Varietés” (dirigido por Juan Antonio Bardem) y “Cinco almohadas para una noche”.

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Con la llegada de la Transición, y el predominio del cine de destape, Sara Montiel decidió dejar este medio para volcarse en su faceta musical, mayormente en espectáculos de variedades en teatros y televisión. Los últimos años su presencia en las revistas del corazón, como una de las presencias habituales de la farandula de este país, han marcado una trayectoria siempre influenciada por el mito y la leyenda de sus años de gloria.

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Comentarios

Andrés - 08.04.2013 a las 12:59

Curiosamente, la semana pasada en la Filmoteca de Barcelona dentro del ciclo de conmemoración de los 10 años sin Terenci Moix se ofrecía dentro de su cine favorito: El último cuplé donde Sara brillaba como nunca. na gra ocasión para recordar a la diva en pantalla grande

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