“La buena esposa”

“La buena esposa”

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El argumento: Joan Castleman es una buena esposa, de belleza madura y natural, la mujer perfecta. Pero lo cierto es que lleva cuarenta años sacrificando sus sueños y ambiciones para mantener viva la llama de su matrimonio con su marido, Joe Castleman. Pero Joan ha llegado a su límite. En vísperas de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Joe, Joan decide desvelar su secreto mejor guardado.

Conviene ver: “La buena esposa” es una cinta perfectamente medida, austera y teatral en lo formal, que se centra en un matrimonio que lleva 40 años casados y que recibe la noticia de que el marido, Joe Castleman, ha recibido el Premio Nobel de Literatura. Ese proceso y la entrega de ese galardón estará marcado por la revolución sentimental de la mujer, Joan, que se cuestiona hasta qué punto ha estado a la sombra de su marido enriqueciendo el talento de él mientras ella lo ha sacrificado todo, sobre todo a nivel profesional. Una mujer invisible tanto por una sociedad machista en un mundo de hombres como el de la escritura como por una alianza conyugal tan acordada como injusta y que en su madurez, y con la vida asentada y resuelta, es cuando toda la construcción emocional de su interior mezcla del conformismo, la prudencia, la corrección y el rencor acumulado, se derrumba. La cinta recuerda mucho en la descripción marital a la reciente “45 años” en como ella (Charlotte Rampling) abría los ojos sobre la relación con su marido y su posición en el mundo. Una película que sabe que su gran baza es una Glenn Close que ofrece su mejor interpretación en, al menos, un par de décadas siendo la auténtica estrella de la función sin necesidad de excesos sino desde la composición de una mujer normal (algo no tan habitual en su carrera) que ve aflorar un tormento emocional interno desencadenado por el Nobel de su marido pero acumulado tras muchos años de conveniencias y deslices sólo mantenidos por la resignación y el sacrificio que fomenta el amor y posteriormente el conformismo. Ese dicho de “detrás de cada hombre, hay una gran mujer” llega a otro nivel cuando su personaje, al ser preguntada por su profesión, responde que es una “hacedora de reyes”. Quizás sólo falle en los necesarios pero convencionales flashbacks (de joven Close es interpretada por su propia hija), que ayudan a desentrañar ese matrimonio, y en la impostada subtrama con un hijo desorientado y depresivo abrumado por la fama y el nombre de la obra literaria de su padre (interpretado por un solvente Jonathan Pryce) y presionado por el periodista que pretende ser el biógrafo del cuestionado escritor y que estará dispuesto a todo por conseguirlo (Christian Slater). Una cinta digna y solvente pero que tiene su principal interés en una Glenn Close que demuestra porque es considerada una de las grandes, en este caso por su perfecto dominio de los silencios y miradas en una interpretación sutil, matizada, rabiosa y natural.

Conviene saber: La cinta de Björn Runge adapta la novela de Meg Wolitzer y fue la película de clausura del Festival de San Sebastián 2017.

La crítica le da un SEIS

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