La última estación de León Tolstói

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Querido Teo:

A raíz del estreno esta semana de “La última estación” es un buen momento para acercarse a una figura, la de León Tolstói, que si bien ha visto en el cine como muchas de sus obras eran llevadas a las pantalla, sobre todo “Guerra y paz” y “Anna Karenina”, todavía nadie se había interesado por su figura a pesar de la moda de los biopics. La película de Michael Hoffman subsana esta omisión de manera parcial teniendo en cuenta que el director define la película como una historia de amor que se nutre de un episodio concreto del año final de la vida del popular escritor. Helen Mirren y Christopher Plummer, nominados en los pasados Oscar, son los protagonistas de un amor de película con la política y la religión como telón de fondo.

Tolstói siempre se interesó por mejorar las condiciones de la clase pobre de su país y un hecho marcaría toda su vida. LaultimaestacionTolstoiChejovEn sus tiempos de oficial de artillería en el ejercito fue protagonista del enfrentamiento contra las guerrillas tártaras en las fronteras del Caúcaso lo que fomentó en él un desprecio a la muerte y también cierto halo de misticismo abrazando la fe panteísta. Decidido a ser escritor, combinó su tarea con obras sociales que adoptó de sus múltiples viajes por Europa. Entre ellas la creación de un colegio para pobres a los que se les enseñaba gratuita, además de la publicación de un periódico sobre temas didácticos. La sociedad rusa y las oligarquías pronto verían con desdén a este reformador sobre todo por sus ataques contra la censura residente en el país y su oposición a la parafernalia de la Iglesia Ortodoxa. Incluso firmó la emancipación de sus sirvientes tras el Decreto de 1861. Al año siguiente, en 1862, se cansaba con Sofía Behrs, hija de un médico, que demostró siempre una abnegación admirable por un hombre más idealista que racional. Pocas muestras mayores de sinceridad a la hora de iniciar una vida en común como la de Tolstói al entregar a su futura mujer el diario de juventud para que conociera de primera mano todas sus correrías, escándalos y flirteos de antaño. Ella tenía 18 años y él ya era para esa época un adulto de 34 años de pasado aventurero y social. Sofía le daría 13 hijos y con su apoyo llegó la etapa más fértil del escritor alumbrando obras como “Guerra y paz”, casi faranoica obra sobre la invasión de Rusia por Napoleón en 1812, que su mujer tuvo que ayudarle a copiar en siete ocasiones, así como “Anna Karenina”, “La sonata a Kreutzer” o “La muerte de Iván Ilich”.

LaultimaestacionPlummerMirrenEl carácter de Sofía fue transformándose y, de una inocente doncella, pasó a convertir en una mujer que controlaba y dominaba con mano firme y atenta tanto el patrimonio familiar como el cuidado de los hijos. Todo como fiel escudera, y a la vez gobernanta, de un escritor que siempre pareció vivir en un mundo propio. En un microcosmos ideal que es el que a él le hubiera gustado aportar a la sociedad. Eso queda bien patente en los últimos años del barbudo literato, precisamente el momento del que se aprovecha la película que nos llega. Los últimos años vivía dedicado a los campesinos y a la pobreza rusa a los que ayudaba en todo lo que era menester, sobre todo económicamente, haciendo incluso peligrar el abultado patrimonio acumulado por el autor cosa que Sofía siempre logró evitar. Esto sólo puede ser explicado por el retraimiento provocado por su existencia en un mundo en el que nunca se sintió comprendido ni conforme. En sus últimos tiempos su propia familia le daba por imposible ante sus continuas rarezas pocos propias de su posición aristocrática. En sus últimos tiempos trabajaba como zapatero repartiendo sustanciosas limosnas a los más necesitados. Sin ningún vicio (ni alcohol ni trabajo), sólo se alimentaba de vegetales y dormía en un duro lecho con el que se sentía más cerca de los oprimidos.

Su final no está exento de literatura pareciendo salido de cualquier protagonista de novela que se mueve en la fría estepa rusa. Ya octogenario, el 10 de noviembre de 1910 con un pequeño baúl lleno de algunas mudas y unos pocos libros tras haber dejado una carta explicando sus razones a Sofía, inició un viaje en tren acompañado por su inseparable doctor Marivetski hacía la muerte o, quizás, sólo en busca de ese mundo con igualdad y sin injusticias que siempre alentó. “Amo a muchos” fueron sus últimas palabras cuatro días después tras sufrir un ataque pulmonar en la estación de Astapovo.

Nacho Gonzalo (Coronado)

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