Nelson Mandela y el deporte que unió a un pueblo

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Querido Teo:

Si hay una cosa clara es que Nelson Mandela es uno de los personajes que han marcado el siglo XX. Otra que en un fervor insaciable por rodar biopics era esperable una película que abarcara su figura, aunque sólo fuera un episodio concreto de su vida. Y la tercera es que si pensábamos en un actor no se nos venía otro a la cabeza que Morgan Freeman. Eso le ocurrió incluso al mismísimo Mandela que ha dejado más de una vez claro su deseo de que fuera el ganador de un Oscar por “Million dollar baby” el que se metiera en su piel. Ha habido otros como el que interpretó Dennis Haysbert en “Adiós Bafana” y que se adentraba sobre todo en los años de prisión de Mandela. En “Invictus”, Clint Eastwood coge al personaje y cuenta su lado más épico, el momento en el que Nelson Mandela impulsó a Sudáfrica y también el momento en el que el mundo y Mandela estuvieron encantados de conocerse. Y en el caso de “Invictus” también porque el proyecto ha estado repleto de casualidades y predestinaciones.

La unión de un país separado tradicionalmente por el apartheid tuvo a John Carlin como narrador y al rugby como protagonista en la novela “The human factor” en la que el periodista se aprovecha de haber vivido en primera persona la irrupción de Mandela, desde su salida de prisión hasta llegar a ser el primer presidente negro del país, aprovechando su corresponsalía entre 1989 y 1995 en Sudáfrica a cargo de The Independent. Carlin habla en la novela de este hecho unificador como “la guinda sobre el pastel”, el hecho definitivo que marcó un antes y un después.

InvictusClintEastwoodMorganFreemanNelsonMandelaFue Mandela el que vivió en primera persona como repartían en una modesta iglesia una serie de regalos a niños negros con escasos recursos económicos. Todos estaban contentos con los regalos recibidos salvo uno que recibió una camiseta del equipo de rugby sudafricano que la rechazó con furia. Todo porque hasta ese momento, en cosas tan lúdicas como un deporte, quedaba patente la diferencia entre blancos y negros. La selección sudafricana de rugby era uno de los símbolos del africano blanco, excusa que un Mandela aprovecharía como elemento de unión para fomentar la conciliación y no el rechazo. Él bien lo sabía con ese espíritu con el que salió de la prisión en el que le habían tenido recluido durante 27 años.

Carlin cuenta como Sudáfrica vivió ese episodio, ese cambio de mentalidad histórica que salió cara pero que también podría haber salido mal al enfrentar dos posiciones tan encontradas: “Fue un pastel que sin la cerecita hubiera tenido mucho menos sabor y seguramente hubiera perdurado mucho menos. Mandela logró, apoyado en su partido, en mucha gente muy valiosa que lo rodeó, pero él fue el espíritu definitivo, transformar una situación que podría haber acabado en catástrofe, en guerra civil –porque hubo un enfrentamiento racial muy fuerte y mucho resentimiento histórico acumulado– en un país democrático, estable y InvictusClintEastwoodSudafrica1995pacífico. Cuando Mandela salió de la cárcel, Sudáfrica tenía las condiciones para que hoy fuese una especie de Afganistán. En vez de serlo, hoy es un país democrático, estable, que está a punto de celebrar el acontecimiento público más grande que hay en el planeta: el Mundial de fútbol. La mañana de ese partido, inclusive antes de que se supiera el resultado, fue la primera vez en los 350 años desde la llegada de los primeros colonos europeos, que todos, independientemente de su raza, religión y creencias políticas, compartían un objetivo común: todos querían que ganase su equipo. Y eso, en un país tan fracturado como Sudáfrica, ya fue algo enorme. Fue a través de eso que se logró un grado de unidad nacional que, cuando Mandela salió de la cárcel cinco años antes, hubiera sido inconcebible. Y aún más inconcebible: las escenas de júbilo después del partido, todo el país se fundió en una especie de abrazo, de alegría, de canciones, de bailes, escenas de blancos y negros celebrando juntos, que también, insisto, absolutamente in-con-ce-bi-bles cuando Mandela salió de la cárcel percibido por la mayoría de los blancos como un gran terrorista.”

La importancia de Mandela queda bien patente en la obra de Carlin. Más de una vez ha declarado que su figura política va más allá de lo ejecutivo, abarcando lo humano e incluso lo estratégico al ver la oportunidad perfecta en el deporte como elemento de unión del pueblo. Y si la política y el deporte varias veces se han enfrentado con el fin de separar o conseguir oscuros intereses: Los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, los de Munich en 1972 o el Mundial de Fútbol de Argentina de 1978, Mandela utilizó este campeonato mundial para los valores con los que se impulsó el deporte. Y es que la competitividad sólo es un mero argumento fruto del concepto de espectáculo que ya los romanos calificaban como “pan y circo”. Carlin no duda en hablar de Mandela como la “antítesis de Hitler” al unir lo que el nazismo y otras ideologías lucharon por separar.

InvictusClintEastwoodJohnCarlin“Invictus” parte de una gran novela y su problema es intentar llevar a la pantalla con éxito tanta emotividad y tanta sensación de días históricos. Si John Carlin ya lo refleja de manera magistral en sus páginas, el proyecto no ha podido caer en mejores manos. No sólo por un Clint Eastwood que imprime su sello a todo lo que toca, sino por un Morgan Freeman predestinado para ser Nelson Mandela. El propio mandatario le postuló como intérprete en la ficción tras escribir sus memorias “Long walk to freedom” y el propio actor buscó siempre encontrar el material y la oportunidad adecuada. “Invictus”, palabra que viene de uno de los poemas escritos por Mandela en la cárcel, es el largo camino a la libertad impulsado por todo un símbolo del siglo XX. Y es que Sudáfrica, organizadora este año del próximo Mundial de Fútbol, ya no es la misma que la de hace quince años. Sigue la corrupción y delincuencia pero Mandela asentó una democracia que todavía hoy sigue dando los frutos del paso por ella de un gran hombre.

Nacho Gonzalo (Coronado)

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Comentarios

Elena - 29.01.2010 a las 14:07

Un fallito de nada: el poema ‘Invictus’ es de William Ernest Henley: ‘… I’m the master of my fate, I’m the captain of my soul’
Y que vivan esas casualidades y predestinaciones:
Comencé a jugar al rugby el año de aquel mundial (lo dejé por lesiones varias el año pasado) Segunda página del libro, que es emocionantísimo, y ya estaba llorando.
La peli es increíble, y la vi el miércoles, porque
gané una entrada para el preestreno en Facebook.
Las escenas de rugby son pelín lentas, pero es obvio que no podían jugar realmente… además, los partidos fueron como fueron, y es imposible repetir jugadas exactas, clavadas y verídicas.
El rugby está en mi vida, y siento que es parte de mi destino. Es un modo de vida, pero además, es un deporte solidario y generoso que fomenta el compañerismo y la humanidad.
Un saludo.

Jorge - 29.01.2010 a las 16:34

El título del libro en inglés es “Playing the Enemy”, no “the human factor”. El título del libro en español es “El factor humano”, por, según el autor, la difucultad de traducir al español los matices que la palabra “playing” tiene en inglés.

Un saludo.

ARTURO - 10.05.2012 a las 08:20

ESPECTACULAR NO TENIA IDEA QUE EXISTIA LA PELICULA Y GRACIAS A MI ESPOSA LA ENCONTRE Y YA LE HE VISTO 4 VECES EN EL CABLE , GRANDE MANDELA Y GENIAL MORGAN FREMAN PELICULAS COMO ESTA SI DAN GANAS DE VER , GRACIAS.

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