Recordando clásicos: “Rebeca” (1940), el salto de Alfred Hitchcock a Hollywood

Recordando clásicos: “Rebeca” (1940), el salto de Alfred Hitchcock a Hollywood

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Querido Teo:

A lo largo de nuestro vida nos cruzamos con muchas personas, viajamos a multitud de lugares y vivimos un sinfín de experiencias, pero sólo unas pocas llegan realmente a calar en nosotros, sólo unas pocas nos marcan de tal manera que su recuerdo perdura en nuestra mente y su influencia hace mella en nosotros de tal manera que nunca volvemos a ser los mismos. Lo mismo ocurre con las películas, cualquier cinéfilo que se precie recuerda tres o cuatro películas que marcaron un momento de su vida, la primera película que vimos en el cine, la primera vez que una cinta nos hizo llorar o, si se es muy afortunado, la primera película que compartimos con esa persona especial. Para mí una de esas películas importantes es “Rebeca” (1940), pero antes de contaros mi personal relación con esta cinta permitidme que os hable un poco de ella.

Alfred Hitchcock llevaba unos años trabajando en su Inglaterra natal cuando su fama llegó a oídos del todopoderoso productor David O. Selznick, que logró llevarle a Hollywood mediante un contrato de diez películas, quiso el destino que la primera de ellas fuera “Rebeca”, una adaptación de la exitosa novela de Daphne du Maurier. Desafortunadamente la experiencia del rodaje no fue grata para ninguno de los dos, O. Selznick era famoso por el férreo control al que sometía todos sus rodajes y pretendía de Hitchcock una adaptación literal, tanta intromisión en su trabajo no gustó al inglés lo que llevó a que su relación profesional se rompiera tras hacer sólo cuatro de las diez películas acordadas.

La cinta cuenta la historia de Maxim de Winter, un viudo que de viaje por Montecarlo conoce a una tímida dama de compañía con la que se casa, tras la boda regresan al hogar de él pero pronto el pasado comienza a interponerse entre ellos y, sobre todo, el recuerdo de su difunta esposa, Rebeca.

Realmente estamos ante una anomalía dentro de la filmografía del genio, se trata de una historia en la que se deja en un segundo plano el suspense para crear un drama psicológico asfixiante que en su último tercio bordea el thriller con proceso judicial incluido, sin embargo el toque Hitchcock se percibe claramente en la construcción de los planos, gracias a los cuales logra una atmósfera densísima, en muchas ocasiones surreal, logrando generar un halo de misterio impensable en cualquier otro realizador. Para la historia queda toda la escena en la habitación de Rebeca, un prodigio de tensión, ritmo y composición que se queda grabada en la mente mucho después del visionado de la película.

Dentro del reparto hay que destacar tres pilares fundamentales, Laurence Olivier, Joan Fontaine y Judith Anderson. Olivier está magnifico como el atormentado viudo De Winter, dándonos una de las interpretaciones más contenidas de su carrera, pero sin duda la película pertenece a las damas. Judith Anderson interpreta a la señora Danvers, ama de llaves de Manderley que no acepta a la nueva señora De Winter, a la que ve como una advenediza que trata de ocupar el lugar de su adorada ama Rebeca (hacia la que podría tener unos sentimientos que van más allá de la admiración), tan icónica fue su interpretación que marcó toda su carrera y a partir de entonces nunca pudo desligarse de este personaje.

La segunda reina del tablero es sin duda una joven Joan Fontaine que interpreta a la nueva esposa del protagonista. La pobre Joan sufrió mucho durante el rodaje, Laurence Olivier la despreciaba porque le había arrebatado el papel a su entonces esposa Vivien Leigh, además a Hitckcock no se le ocurrió mejor manera de lograr ese aire de desamparado e inseguridad, que acosando a la muchacha y diciéndole que todo el equipo la despreciaba. Una interpretación memorable, pero sin duda muy sufrida.

Y finalmente Rebeca, en pocas películas se logra que un personaje que no se ve esté presente de una manera constante durante todo el metraje. Sólo conocemos a esa fascinante mujer a través de las historias que cuentan otras personas y pese a ello la percibimos, olemos su fragancia en su dormitorio, la sentimos en su gabinete, la imaginamos en todos y cada uno de los rincones de Manderley. Ella es el motor de la trama y la auténtica protagonista de la historia.

La película le proporcionó su único Oscar a Hitchcock, ya que logró ganar el galardón a mejor película y mejor fotografía en la ceremonia de 1940, sin embargo al maestro nunca le gustó demasiado el resultado final de la cinta y si buscamos listas con lo mejor del director inglés casi nunca se encuentra entre lo más destacado de su filmografía, pese a todo ello es una de mis películas favoritas (me atrevería a decir que está dentro de mi top 10 de todos los tiempos) y así es como llegamos al motivo de este artículo. Cómo fue mi primera vez con el cine clásico.

No recuerdo exactamente que edad tenía, puede que 11 o 12 años, era una de las primeras noches que mis padres me dejaban sola en el salón con la televisión, como dueña y señora de la casa y sin ningún tipo de supervisión. Con cierta satisfacción cogí el mando dispuesta a investigar que perversos secretos podía ofrecerme la mal llamada caja tonta, empecé a hacer zapping y al llegar a Telemadrid estaban dando el Megahit.

Siempre me ha gustado mucho el cine así que lo dejé unos segundos para ver cual era la película elegida y en seguida comenzó a sonar una voz en off mientras que la imagen se adentraba en un jardín abandonado sumido en la niebla. Como inciso decir que mi yo adolescente sentía auténtica fascinación por los fantasmas, vampiros y en general el terror y lo esotérico (tenía “Sleepy Hollow” de película de cabecera), así que la pequeña macabra que vive en mí no pudo resistirse a ese principio de cuento gótico y cuando quise darme cuenta de que no era una película de terror (al menos en el sentido que yo esperaba) ya había caído rendida a los pies del señor de Winter, de la historia y de Hitchcock.

A partir de ahí empecé a investigar quién era Alfred Hitckcock, Laurence Olivier y Joan Fontaine, luego pasé a otros actores, directores, películas, fui tirando del hilo y hasta hoy que sigo tirando, realmente dudo que me abarque la vida para terminar la madeja.

“Rebeca” me infectó con la pasión por el cine clásico, me abrió la puerta a otro mundo y me descubrió que había cientos de películas esperando ser encontradas. Por eso “Rebeca” es y siempre será una película muy especial para mí y por ello, a modo de tributo, cada año vuelvo a Manderley, es mi peregrinaje particular y lo único que espero es que, si no habéis visto la película, os haya transmitido aunque sea una décima parte de la pasión que siento por esta cinta y vosotros también os animéis a visitar Manderley.

Vídeo

Mrs. Nuir

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Comentarios

Delio - 23.11.2018 a las 22:25

Un espléndido artículo.

Laura - 24.11.2018 a las 14:59

Tuve la suerte de crecer junto a una abuela que, aunque analfabeta, amaba el cine clásico y me enseñó a verlo y ad-mirarlo con sus ojos y su corazón. No conocía la palabra cinéfila, ni falta que le hacía. La sigo honrando con las películas que me enseñó a amar. Yo también tengo hilo para rato.

Merche - 24.11.2018 a las 20:00

Artículo buenísimo !!!

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