San Sebastián 2019: Greta Fernández asombra como hija de un ladrón, Houellebecq y Depardieu satirizan en albornoz y los Donostia de Costa-Gavras y Donald Sutherland

San Sebastián 2019: Greta Fernández asombra como hija de un ladrón, Houellebecq y Depardieu satirizan en albornoz y los Donostia de Costa-Gavras y Donald Sutherland

1 Sarcofago2 Sarcofagos3 Sarcofagos4 Sarcofagos5 Sarcofagos (2 votos, media: 5,00 de 5)
Cargando…

Deja tu comentario >>

Querido Teo:

En la jornada del miércoles, y contra pronóstico, una ópera prima se colocó a la cabeza del grupo de películas preferidas de la sección oficial. “La hija de un ladrón” nos presenta a una Greta Fernández que, junto a otras interpretaciones destacadas como las de Belén Cuesta, Eva Green o Nina Hoss, aspira a la Concha de Plata a la mejor actriz, un premio que suele de por sí abrazar a las opciones patrias tradicionalmente.

“La hija de un ladrón” de Belén Funes es el surgimiento de una nueva realizadora de la escuela catalana que con inteligencia y sutilidad se adentra en el drama social de una joven madre soltera entre centros de acogida, trabajos precarios y la sombra de un padre ausente. Greta Fernández está magnífica como un animal herido con miedo a quedarse solo y que en su declaración final, un primer plano tan rotundo como rompedor, expresa lo que durante toda la películas hemos visto en su mirada. Y es que Greta Fernández se revela después de haberla visto en otros trabajos menos agradecidos que éste, echándose la película a sus espaldas ante esa ambivalencia en la que no sabe si soltar amarras definitivas de su padre (Eduard Fernández) y volar por sí sola o seguir aferrándose a él, al igual que ese hermano que es el nexo de unión entre ambos y que se antoja como carne de reformatorio al primer volantazo que lleven a cabo sus referentes.

Una cinta que respira mucha verdad y que nos lleva a una Barcelona alejada de ideologías y de conflictos secesionistas sobresaliendo la verdad de esas familias disfuncionales que se mueven entre las circunstancias y los afectos de solidaridad fortuitos sobre una periferia que acaba comiéndose las banderas ante sus propios problemas, los reales y que implica llegar a fin de mes y trabajar sin descanso para ello. Una cinta que se fundamenta en la ausencia de travellings lo que le lleva a tener una mirada documental para una joven que sabe que la lucha va a ser su día a día sin que haya un momento de descanso. Esta mirada a los márgenes de la sociedad, con ese punto tan hiperrealista, ha hecho comparar a este trabajo con el cine de los Dardenne pero la voz de esta directora merece tener entidad propia y ser tenida en cuenta en el futuro.

“Thalasso” es el nuevo trabajo de Guillaume Nicloux para el que ha vuelto a contar con el escritor y filósofo con el que ya jugó entre la realidad y la ficción en “El secreto de Michel Houellebecq”. En esta ocasión redobla la apuesta formando un gozoso tándem con Gérard Depardieu, un actor que trascendió la categoría de icono para reírse de sí mismo hace tiempo y entrando al trapo perfectamente en esta inesperada e improbable unión a lo Laurel y Hardy en un balneario. “Thalasso” es un gozoso falso documental con la sorna hierática de Michel Houellebecq entre Woody Allen y Buster Keaton. La cura de tratamiento que comparte con Gérard Depardieu en plan “El método Kominsky” es desternillante y la cinta se revela como un esperpento en forma de crítica a la sociedad hedonista a través de la filosofía compartida de dos tipos que sólo quieren seguir sintiendo a través de sus placeres, vicios y costumbres (aunque eso implique fumar o beber) alejándose de una moral imperante que parece fiscalizarlo todo siendo impagables sus conversaciones en albornoz. Debatiendo sofre la fe, la muerte, la vejez, Putin y la Francia de la que no pueden vivir pero que critican a partes iguales mientras uno de los huéspedes no duda en cargar con ellos diciendo que son la vergüenza del país. Parece que el director no ha hecho más que ponerlos frente a frente en la arena pero, es verdad, que intencionadamente o no la sátira funciona a las mil maravillas. Casi como si fuera un “The trip” para la élite cultural desengañada de la madre Francia.

“Adults in the room” ha llegado a vueltas del premio Donostia de Constantin Costa-Gavras en la adaptación de las memorias del ex ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, y que ya tuvo su premiere mundial en el Festival de Venecia. El político permaneció en el cargo durante los primeros seis meses de 2015, en plena crisis financiera de Grecia. La película es una tragedia en el sentido clásico del término y retrata a un grupo de personas atrapadas en una inhumana red de poder y en el círculo brutal de las reuniones del Eurogrupo, que impone a Grecia la dictadura de la austeridad.

La rabia por el devenir de los tiempos, y también la picaresca para resolver alguna de las situaciones y artimañas políticas que se emplean, en un nuevo trabajo del director que vuelve a poner al hombre como individuo luchando como puede frente al corrupto sistema político. Un Costa-Gavras lúcido, enérgico y chispeante en esas conversaciones de despacho con la crisis griega de fondo y con unos diálogos en los que entiende de dónde venimos y que hará las delicias de Armando Iannucci que ya ha jugado más de una vez con la sátira política aunque aquí la cinta no llegue a tener ese tono sino que es más bien una reconstrucción de los hechos que se presume bastante acertada.

Mucho menos inspirada “The burnt orange heresy” de Giuseppe Capotondi, thriller ambientando en el mundo del arte, utilizada como excusa para otorgarle el premio Donostia  al actor Donald Sutherland, que en realidad no tiene más que un papel muy secundario en la cinta.

Una intriga sobre el poder y el dinero el mundo del arte que recuerda a las películas de cine de autor europeo de los 70 pero de una manera tediosa en un thriller rutinario que sólo tiene  a su favor el hecho de la fascinación que siempre despiertan las películas ambientadas en este entorno, como en el lago de Como en el que empieza la alianza de un crítico de arte (Claes Blang) y una turista americana (Elizabeth Debicki) encargados por un mecenas (Mick Jagger) de hacerse con una de las obras más relevantes del pintor interpretado por Sutherland. Tan elegante y noir como poco sorprendente.

Nacho Gonzalo

¿Compartes?:
  • email
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • FriendFeed
  • LinkedIn

Comentarios

  • Nombre
  • Correo Electronico
  • Comentario