San Sebastián 2019: La gran noche de Penélope Cruz y un cierre impecable en oficio y corto en emoción

San Sebastián 2019: La gran noche de Penélope Cruz y un cierre impecable en oficio y corto en emoción

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Querido Teo:

La jornada del viernes ha sido la de Penélope Cruz, tercer premio Donostia y la segunda persona más joven en recibirlo con sólo 45 años (no olvidemos a Matt Dillon en 2006) pero la actriz de Alcobendas no lo merece sólo por una brillante carrera tanto fuera como dentro de España sino por haber alcanzado el estatus de estrella en una filmografía que se ha fraguado desde los comienzos más incipientes y tímidos y que ha llegado a lo más alto. En referencia a la llamada de Rebordinos anunciándole que se le había concedido el premio: “Soy como un personaje de Almodóvar, creía que me iba a pasar algo malo al entregármelo tan pronto”.

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Otra de las frases en rueda de prensa ha sido que “Hay que dejar el ego a un lado para abordar un papel y esta profesión” e incluso ha hablado de su sueño de dirigir, algo para lo que dice que tampoco ha tenido tiempo: “Es lo que siempre he querido hacer. Se lo dije a Pedro en el bar La Gloria y me dijo: hazlo ya mientras seas joven”. La gala además ha tenido la emoción de Penélope, la mirada de orgullo de Javier Bardem y el bombazo de que haya sido Bono quién le haya entregado el premio. La actriz ha hablado de que ha cumplido sus sueños (entre ellos su familia), ha recordado a los tres directores que han forjado su carrera (Bigas Luna, Fernando Trueba y Pedro Almodóvar) y también ha implorado que se de ayuda a las mujeres en un 2019 que sigue siendo negro en lo referente a la violencia machista porque “aunque no tenga que ver con el cine, el cine siempre tiene relación con la vida” denunciando que “44 mujeres han sido asesinadas en 2019 y más de mil desde 2003, solo pido que cuando una mujer pida ayuda, se la brinde”. El gran momento de esta edición que se recordará por mucho tiempo y que ha sido un gran trabajo por parte de la organización para darle a Penélope la noche que merecía.

“Wasp network” es un drama de espionaje basado en el libro de Fernando Morais “El último soldado de la Guerra Fría”. La historia gira en torno a una red de espías cubanos en los años 90 y de una base terrorista en Florida con ramificaciones en América Central con el consentimiento del gobierno estadounidense. Es el nuevo trabajo de Olivier Assayas que ha servido para poner la percha al premio Donostia ya que Penélope Cruz interpreta a Olga Salanueva, la mujer de uno de esos espías llamado René González para lo que ha tenido que demostrar su buen nivel con los acentos, ahora con el cubano. El reparto se completa además con Edgar Ramirez, Gael García Bernal, Wagner Moura, Ana de Armas y Leonardo Sbaraglia. Todo parte cuando un piloto cubano roba un avión y huye de Cuba, dejando atrás a su esposa e hija. Comienza una nueva vida en Miami moviéndose entre lo que es la traición a su patria o, en cambio, ser un héroe que trabaja en la resistencia para evitar los ataques al régimen castrista. Una película muy resultona, entretenida y que va de menos a más que, a pesar de su indefinición, se mueve con nervio recordando por momentos al cine de David O. Russell con todo lo bueno y malo que implica. Lo mejor es el reparto y la puesta en escena pero la realidad es que la cinta no sabe si ser un divertimento o un inteligente y didáctico thriller de espionaje, recordando más a “Loving Pablo” de lo que debiera y, en cierta manera, parecer un batiburrillo de un grandes éxitos de alguna miniserie tipo “Carlos” (del propio Assayas) o “Narcos” abarcando más de lo que está en disposición de digerir acelerando y frenando la narración y moviéndose entre confusos y bruscos saltos temporales.

“The song of names” ha sido la película de clausura (fuera de concurso) de esta edición, una academicista propuesta de François Girard, el director de “El violín rojo”.  La cinta se basa en la novela homónima de Norman Lebrecht y narra la historia de Martin, un niño de nueve años que, tras el estallido de la II Guerra Mundial, conoce a Dovidl, un polaco judío refugiado en Londres que tiene un prodigioso talento como violinista y al que su padre acoge ante la deportación de su familia. Antes de su debut, Dovidl desaparece sin dejar rastro, causando la vergüenza y la ruina para toda su familia que se había volcado durante 12 años en sus aspiraciones como músico fruto de su gran talento. Una película clasicista pero estimable que, aunque se pierde en los orígenes y la tradición polaca para cimentar el principal misterio de la cinta, se ve bien recordando al cine de otra época en pulcritud y empaque. Es verdad que una historia como ésta pediría un mayor volteo emocional que nunca llega a pesar del componente musical y la relación que se establece entre los dos protagonistas, mucho más interesantes en sus versiones juveniles que en las maduras encarnadas por Tim Roth y Clive Owen. El oficio con el que está rodada esta historia de dolor arrastrado, y el que al menos mantenga el interés durante todo el metraje, le hacen ser una apuesta estimable aunque menos redonda de lo que hubiera merecido ya que da la impresión de que la materia prima de la historia daba para más que en perderse en tradiciones y cantos hacia la memoria de los ausentes. Uno de los puntos fuertes de la cint es la música de Howard Shore.

Nacho Gonzalo

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Comentarios

Alba - 28.09.2019 a las 07:02

Enhorabuena, Nacho, por tus excelentes crónicas del Festival de San Sebastián. Siempre es un placer seguirte en tus rutas festivaleras. Soy fiel seguidora de tus artículos y también de tus comentarios en Twitter al término de cada película.Es como estar en los distintos certámenes y ponernos al día del cine que está por venir. Muchas gracias por tu información.

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