San Sebastián 2020: El lirismo emocional y maternal de Naomi Kawase culmina una notable sección oficial

San Sebastián 2020: El lirismo emocional y maternal de Naomi Kawase culmina una notable sección oficial

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Querido Teo:

El Festival de San Sebastián encara su recta final sumándose dos nuevas Perlas como “Nunca, casi nunca, a veces, siempre” de Eliza Hittman, una de las cintas premiadas en el Festival de Berlín 2020, y “El agente topo” de Maite Alberdi, una intriga detectivesca en una residencia de ancianos. También se ha visto “Sentimental”, una disección de la pareja a cargo de Cesc Gay.

“True mothers” es la cuarta y última de las películas que compiten en San Sebastián con el sello de haber formado parte de la selección de Cannes 2020 tras "Verano del 85", "Druk (Another round)" y "Passion simple". La directora japonesa Naomi Kawase es una habitual del certamen galo pero se le resiste la Palma de Oro a pesar de haber competido en cinco ocasiones. En su nueva película la directora explora su lado más sentimental y universal alejándose de otros trabajos más poéticos y crípticos como “Aguas tranquilas” (2014) o “Viaje a Nara (Vision)” (2018). Kawase tiene una gran carga lirista pero a veces eso termina engullendo el factor emocional de la cinta dejando películas de indudable belleza estética pero sin alma, es todo lo contrario de lo que ocurre en uno de los trabajos más certeros de su filmografía en el que vuelve a explorar uno de sus temas preferidos, la maternidad. Hay poesía y simbolismo pero sobre todo hay un drama humano y una mirada a los lazos de sangre y afectivos que se van formando a lo largo de nuestra vida.

En la adaptación de la novela de Mizuki Tsujimura se nos presenta a un matrimonio que, debido a un problema de infertilidad de él, no pueden quedarse embarazados lo que les llevará a conocer una iniciativa, el programa Baby Baton, en el que se facilita el proceso de adopción de bebés recién nacidos dados por madre que por diferentes razones no los quieren tener. Una especie de campamento en Hiroshima en el que las madres embarazadas llegan, la mayoría de ellas jóvenes, y son cuidadas en la recta final de embarazo hasta que cuando dan a luz se busca una familia para que adopte al bebé.

La cinta va jugando con saltos en el tiempo ya que empieza con un incidente escolar protagonizado por el niño, ya en el seno de su familia adoptiva con 6 años, lo que sirve de excusa para echar la vista atrás y conocer cómo fue todo el proceso. Con diferentes flashbacks también llegaremos a la otra parte de la historia, la biológica, en la que una joven de 14 años queda embarazada por su novio del instituto y termina dando a ese niño en adopción ante su situación y la presión familiar. Dos historias que terminarán confluyendo de nuevo a través de una llamada telefónica primero y una carta reveladora después.

“True mothers” es un melodrama abordado por Kawase con una gran sensibilidad aunque, como en la mayoría de sus cintas, tiende a pasarse de duración lo que acaba lastrando a un conjunto que llega a un bache en un determinado momento en el que parece que lo que se hace no es otra cosa que cargar tintas y añadir drama y desesperación. Un film que dentro de la órbita oriental encierra una emoción soterrada pero a flor de piel transmitiendo a través de la mirada, y del miedo y desesperación que encierra la misma, cuando amenaza la sombra de perder a lo que más se quiere.

Una propuesta que, en el fondo, habla de comunicación y respeto, de no negar el pasado y de hacer conscientes a los demás del origen de uno como elemento vertebrador de la personalidad de éste. Unas madres que por el juego del destino han jugado un papel tan importante como complementario, tanto  la una como la otra, en este drama sobre la adopción y la identidad rodada de manera elegante, sentida y muy humana. Uno de los trabajos más accesibles de la directora que tiene pocos baches en algunos momentos durante el metraje y que los resuelve con acierto llegando a la excelencia lírica en otros, apoyándose en una fotografía siempre impecable y que deja escenas como la de la joven de 14 años paseando en bici entre cerezos en flor destilando hermosura y significado sobre una historia que cuida a los personajes femeninos, así como sus anhelos y preocupaciones, y que confluye por lo que les une, el amor a ese adorable niño, y no por lo que les separa. Amor y entendimiento para tiempos de egoísmo y crispación.

“Nosotros nunca moriremos” de Eduardo Crespo es una cinta sobre la muerte, la melancolía y el duelo que se suma a las apuestas más de autor y lentas del certamen junto a las ya controvertidas “In the dusk” y “Beginning”. Una mujer en búsqueda del cadáver de su hijo mayor contando con la actriz transexual Romina Escobar para el papel protagonista. Una cinta pequeña y sin ambiciones sobre la familia y el cómo esas relaciones transcienden más allá de la vida. Un drama rural de dolor y silencio árido y gris para el espectador y con poca facilidad de empatía en un pretendido riesgo que se queda en el terreno del realismo mágico.

Por otra parte la oriental “Wuhai” de Zhou Ziyang, el reflejo de una China capitalista a través de un hombre perseguido por sus acreedores. Una propuesta irregular y que no logra transmitir más que el reflejo de una sociedad profundamente materialista y la perdición a la que puede llevar ello para sus ciudadanos, especialmente un protagonista, proveniente de la clase baja, ya de por sí anodino, inseguro y que se siente a merced de las circunstancias cuando se introduce en una espiral de la que no es capaz de salir. Un thriller y un drama sobre la pareja que a la prensa acreditada no ha terminado de interesar en ninguna de sus dos facetas.

Nacho Gonzalo

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