“Todos queremos algo”

“Todos queremos algo”

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La web oficial.

El argumento: Jake llega a la Universidad de Texas en su deportivo, con las ventanillas bajadas y la música a todo volumen. Le esperan sus nuevos compañeros del equipo de béisbol. Quedan sólo unos días para arranque el curso, pero piensa aprovecharlos. Unos días para conocer chicas, ir a fiestas y hacer amigos…

Conviene ver: “Todos queremos algo” es un recorrido nostálgico de Richard Linklater por la década de los 80 sobre unos jóvenes en un punto crucial en sus vidas y que marcará más que su futuro los recuerdos de juventud que les acompañarán toda la vida. En un fresco universitario al que rinde culto con sus códigos, colorido y camaradería entre hedonismo, tías buenas y diversión. Un culto al “carpe diem” en una época de hedonismo y culto al cuerpo en una pandilla de deportistas universitarios. Sin pretender ofrecer algo tan ambicioso como “Boyhood” ni algo tan maduro como la trilogía de “Antes del amanecer”, Linklater rebaja el torno para hacer una película más fresca y generacional en un homenaje a una a una época (hasta la forma de rodarla es muy de esa época) en la que la música es la principal descripción de esos años, aspecto que junto a los diálogos es algo que siempre mima mucho el director. 48 horas vitales de sexo, música y diversión en las que el director sigue demostrando que, en apariencia, no parece contar grandes cosas pero que sí su cámara sabe estar en el momento exacto para captar un trozo de vida que terminará siendo transcendental a pesar de lo cotidiano de su apariencia a través de ese Jake (con el que es imposible no conectar gracias al trabajo de Blake Jenner) que llega con sus vinilos a su residencia universitaria con jugadores de béisbol con un estatus que podría recordar al de las estrellas de “Casi famosos”. Buenrrollera pero mínima en argumento, generando entre la chispa de la diversión y la importancia vital de momentos claves en la vida, y muy deudora de la época en la que se ambienta tanto en fotografía, vestuario y puesta en escena. Un canto a ser uno mismo ante lo desconocido con la nostalgia como bandera en el que la gran baza es un reparto de jóvenes actores amplio pero cortado desde el mismo patrón (destacando sobre todo al Finnegan de Glen Powell y con nula incidencia de los personajes femeninos) a los que te crees desde el primer minuto dispuesto a embarcarnos con ellos en esos preparativos hacia la tradición universitaria llena de nervios, desfases y una nueva vida por delante.

Conviene saber: Secuela espiritual de “Movida del 76” (1993), ambientada en los años 80, que sigue a un grupo de jugadores de un equipo de béisbol de instituto en el momento en el que, a punto de entrar en la Universidad, son conscientes de que las obligaciones de la edad adulta están acechándoles.

La crítica le da un SEIS

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