“Triple frontera”, camaradería y codicia

“Triple frontera”, camaradería y codicia

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Querido Teo:

En pleno momento en el que Netflix y su sistema de distribución vuelve a estar en el candelero, con Spielberg tomando partido por el cine en salas a raíz de la victoria de “Green book” frente a “Roma” en los Oscar), y con la confirmación de que no habrá ninguna película de la plataforma en el Festival de Cannes por segundo año consecutivo, Netflix sigue sacando pecho para este 2019 y ha estrenado directamente sin pasar por salas el estimulante thriller “Triple frontera”, un título que contribuye poco a poco a quitar el estigma de la maldición de las películas estrenadas allí (ya que todavía ninguna ha logrado tener una visibilidad estimable a efectos de público como sí ocurre con sus series) y que sirve para que por fin veamos un proyecto del que se llevaba hablando mucho tiempo, concretamente desde hace casi una década cuando parecía destinado a ser el siguiente trabajo de Kathryn Bigelow después de ganar el Oscar por “En tierra hostil”. Finalmente, Bigelow se quedó en labores de producción (junto al guionista Mark Boal) siendo J.C. Chandor el encargado de llevar a buen puerto la misión.

“Triple frontera” se centra en cinco ex compañeros de las Fuerzas Especiales que malviven como pueden tras sus años de gloria en el terreno, acostumbrados a saltarse la Convención de Ginebra en pro de un “bien superior” marcado por el imperialismo USA, desde dando charlas motivadoras en academias militares, subirse al ring en combates clandestinos de boxeo o ejercer de agente inmobiliario con tan poca pasión que vender una casa se convierte en misión imposible. Uno de ellos, apodado “Pope” e interpretado por Oscar Isaac, decide reunirlos de nuevo y sacarlos de la rutina para planificar un asalto a una zona fronteriza y selvática poco habitada en Sudamérica, conectada con las fronteras de Paraguay, Brasil y Argentina. Una misión en la que no tendrán que seguir las pautas de ningún país sino las suyas propias, movidas por el deseo de volver a sentirse vivos haciendo lo que mejor hacen y, sobre todo, saldar sus problemas económicos robando en la casa del poderoso narcotraficante Lorea. Una empresa que se antoja como un plan perfecto, tras estudiar los hábitos y costumbres del servicio y sus familiares, pero al que la sed de acción y, sobre todo, de codicia juega una mala pasada como dinamita que destruye cualquier acción mínimamente prevista anteriormente.

“Triple frontera” refleja muy bien esa camaradería que se forma entre estos antiguos cinco conocidos que tienen claro que deben de funcionar como un equipo y en el que la zozobra de cualquiera de ellos rompe el engranaje clave para que la misión se cumpla. Cuando el botín es superior de lo previsto volver a casa, entre problemas logísticos y condiciones físicas y meteorológicas adversas, se antoja algo cada vez más quimérico al no ser que sea sacrificando aquello por lo que han puesto en peligro sus propias vidas. La cinta tiene en todo momento ese marchamo de calidad que la diferencia de una secuela de “Los mercenarios”, con Stallone y compañía, y es que aquí la acción nunca decae y el ritmo nos mantiene en alerta en todo momento por el hecho de averiguar como resuelven el siguiente problema que surge en el camino.

Una película que no rezuma originalidad pero sí inteligencia y solidez por parte de sus artífices a la hora de narrar lo que quieren contar y, sobre todo, cómo hacerlo a lo largo de dos horas en el que el sentimiento de grupo se extiende a un espectador que se siente uno más de ellos durante su metraje.

El gran acierto de la cinta es apoyarse en un quinteto de personajes conjuntado, bien definido sobre el guión, que no tarda en mostrar como sus distintas personalidades quedan subordinadas a ese interés común movido por una mezcla de sed de justicia, adrenalina para volver a recordar quienes fueron y avaricia por hacerse con un dinero que, aunque sea custodiado por un criminal en concreto, tiene muchos padres fruto de la turbiedad de su procedencia y convirtiéndose automáticamente nuestro grupo en presas codiciadas para todos ellos.

No hacen falta más personajes, la única presencia femenina de la cinta no es más que un mero gancho en un determinado momento para después desaparecer, para sustentar una cinta que no engaña en lo que pretende ser. Vigorosa y sin dejar aliento, no por lo efectista de sus escenas de acción, que sí existiendo cuando aparecen están justificadas, pero sí por una tensión siempre presente de qué será de ese botín y hasta qué punto eso no se convertirá en su condena.

Por supuesto en “Triple frontera” la sombra de Kathryn Bigelow es alargada, no sólo porque fuera un proyecto impulsado por ella quedándose en tareas de productora, sino por el hecho de que su fiel colaborador Mark Boal (guionista de “En tierra hostil” y “La noche más oscura”) ejerce estas mismas funciones en la cinta, impregnando su particular sello culminado por un J.C. Chandor que no tiene película mala y que, además, de manejar bien los tempos y adoptar un tono sobrio pero no plúmbeo, ha sabido muy bien retratar ya en anteriores cintas las bajezas morales del ser humano en su relación con el dinero en títulos como “Margin call” y “El año más violento”.

Con todos esos mimbres, y tras el baile de actores que llevaron a nombres como Tom Hardy o Channing Tatum estar inicialmente en el proyecto, Oscar Isaac, Ben Affleck, Charlie Hunnam, Garrett Hedlund y Pedro Pascal ponen físico a unos personajes que cumplen la máxima del mundo contemporáneo, el poder y la imagen que tienen de ti los demás será directamente proporcional según el dinero que acumules, siendo ante la falta de ello no más que unos defenestrados por una sociedad en la que no han encontrado encaje en su vida civil víctimas de la excitación de estar en el terreno de combate y en la que la crisis económica tampoco les ha permitido meter cabeza en nada no teniendo ningún arraigo y sin nada que perder.

“Triple frontera” es buen cine orientado a un público comercial que no renuncia a la reflexión sobre nuestro tiempo, sobre ser víctimas del sistema capitalista y con la lealtad como mejor garantía en un mundo deshumanizado. La cinta en todo caso permite sacar pecho a una plataforma como Netflix en la que, entre tanta oferta, su catálogo de producciones para cine (algo en lo que van a apostar decididamente este 2019 tras sus primeros y tímidos intentos), ya deja a esta cinta sobresaliendo en un puesto destacado en lo que llevamos de año.

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Nacho Gonzalo

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