“Una vida a lo grande”

“Una vida a lo grande”

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La web oficial.

El argumento: Paul es un hombre que se da cuenta de que tendría una vida mucho mejor si encogiese, pues todo lo que necesita en la vida lo tendría igualmente pero en abundancia. Así que decide reducir enormemente su tamaño, ahora que la tecnología lo permite.

Conviene ver: En “Una vida a lo grande” Alexander Payne y Jim Taylor construyen una premisa que a buen seguro le dará al director una nueva nominación como guionista. Y es que el partir del hecho de unas investigaciones científicas que llevan a plantear a la raza humana la posibilidad de disminuir de tamaño para formar parte de una nueva realidad, en la que los recursos naturales no se ven afectados por su explotación desmedida, provoca que partamos de un punto que bien puede recordar al cine de ciencia ficción juguetón y naif de los primeros noventa e incluso que el personaje de Rolf Lassgård recuerde al Richard Hammond de “Parque Jurásico”. Fascinado por esta posibilidad, un ciudadano normal con el rostro de Matt Damon (exponente cinematográfico del americano medio) decide formar parte del experimento y cambiar su forma de vida aunque tenga que dejar atrás trabajo, tren de vida y familia. Son esos primeros 45 minutos en los que la película pasea a gran altura ante la originalidad de lo que plantea, pero bien es verdad que a partir de ahí acaba convertida en una cinta con obvio mensaje ecologista y de cooperación y solidaridad entre los seres humanos para no quebrantar este mundo que compartimos. Y es que si bien el mensaje es loable, y logra algunos picos que terminan provocando la lágrima o el aplauso fácil del espectador sobre todo con un discurso motivacional en la parte final del film, el problema es que no sabe muy bien en qué terrenos moverse y acaba resbalando en algún momento pasándose de tontorrona y bienintencionada a pesar del soplo de aire fresco que supone la entrada de los personajes (en un reparto lleno de rostros conocidos en pequeños papeles) encarnados por Christoph Waltz, un playboy guasón con el que el actor vuelve a hacer de sí mismo como nadie, y sobre todo la revelación de Hong Chau, actriz vietnamita que logra hacerse con el espectador por el desparpajo, inocencia y seguridad de su personaje que acaba siendo la guía del de Damon por ese nuevo mundo y, sobre todo, por esa nueva realidad que, por otro lado, es la que le ayudará a conocerse realmente a sí mismo como es. Chau se lleva los mejores momentos de la película con un personaje que funciona como robaescenas con registro cómico y también poseyendo un arco dramático y romántico con algunos primeros planos que ante la pureza de su mirada la convierten en una de las nominables al próximo Oscar de actriz de reparto; categorías interpretativas que (junto a las de guión) son el terreno natural de éxito a nivel de premios de un director que todavía no ha logrado dar el salto a competir con posibilidades reales por el Oscar de película y dirección. No parece va a cambiar y seguirá en la misma línea con la que es una película estimable pero que le ha quedado algo deslazavada sin la solidez emocional de otros de sus trabajos como “Entre copas”, “Los descendientes” o “Nebraska”

Conviene saber: Ya es el séptimo largometraje de Alexander Payne para el que ha vuelto a contar con Jim Taylor como coguionista al igual que en “Citizen Ruth” (1996), “Election” (1999), “A propósito de Schmidt” (2002) y “Entre copas” (2004). La cinta compitió en el Festival de Venecia 2017.

La crítica le da un CINCO

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