“Ir al cine”

“Ir al cine”

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Título: “Ir al cine”

Autor: Syd Field

Editorial: Plot Ediciones

PVP:17,50 €

En el prólogo de este libro el autor se presenta así:

“Fui uno de esos niños que se criaron en Hollywood rodeados por la industria del cine; mi tío Sol era director del Departamento de Cámaras de la 20th Century Fox, y el vecino de al lado era un agente de actores que, según me contaron, nos consiguió a mi hermano y a mí un minúsculo papel en Lo que el viento se llevó [Gone with the Wind]. Yo debía tener unos dos años por entonces y mi hermano cuatro años más; éramos los niños sucios y harapientos de una joven pareja sureña que huía ante el avance de los yanquis sobre Atlanta. Desgraciadamente, la escena acabó en el suelo de la sala de montaje. Pocos años después, mientras tocaba la trompeta en la Banda infantil de Sheriff, como había hecho mi hermano antes que yo, fui elegido para ser uno de los miembros de la banda en el plato de State of the Union, de Frank Capra, protagonizada por Spencer Tracy y Katharine Hepburn. No recuerdo gran cosa de la experiencia, excepto que Van Johnson me enseñó a jugar a las damas.
Los sábados por la tarde me colaba en el cine Gordon del barrio para ver aquellos viejos seriales maravillosos de Flash Gordon y Buck Rogers. En mi adolescencia, ir al cine se convirtió en toda una pasión, una forma de entretenimiento, una distracción, un tema de conversación, un lugar para darse la paliza y para divertirse. De vez en cuando había momentos inolvidables: observar la química entre Bogart y Bacali en Tener y no tener [Yo Have and Have Not] o el baile frenético de Walter Huston cuando encontraba oro en las montañas en El tesoro de Sierra Madre [The Treasure of the Sierra Madre] o ver a Brando subir tambaleándose a la plancha al final de Ha ley del silencio [On the Waterfront]. Asistí al Instituto de secundaria de Hollywood, donde uno de mis mejores amigos, Frank Mazzola, fue elegido para ser el asesor de “bandas” en Rebelde sin causa [Rebel without a Cause)’, de Nicholas Ray. Frank interpretaba el papel de Crunch y el club al que yo pertenecía fue el modelo para la banda de Rebelde. Fue entonces cuando James Dean se convirtió en uno de los iconos de mi generación. Imitábamos su manera de andar, de hablar, de peinarse y otros de sus gestos más característicos. Sí, verdaderamente puedo decir que fui un niño de Hollywood.
Más adelante, ir al cine pasó a ser un trabajo, primero como documentalista y luego como crítico de cine, de donde pronto pasé a hacer carrera como guionista. Después de muchos años escribiendo guiones, me convertí en lector de guiones, leí más de dos mil en poco más de un año y encontré sólo cuarenta que presentar a nuestros socios financieros. En ese momento me hice profesor de guiones, y luego combiné mi experiencia de guionista, lector y profesor para escribir varios éxitos de ventas sobre el arte y el oficio del guión.
Durante los últimos treinta y cinco años he observado cómo las películas pasaban a ser parte integral de nuestra cultura, parte de nuestro patrimonio, he observado cómo pasaban a ser un estilo de vida internacional. Una vez que los componentes del público están reunidos en la oscuridad de una sala, se transforman en un solo ser, una sola entidad unida en una “comunidad de emociones”, una conexión tácita y profundamente arraigada con el espíritu humano que existe más allá del tiempo, el espacio y las circunstancias.
Ir al cine es una experiencia individual y colectiva a la vez, una colección de momentos que se perfilan sobre el paisaje del tiempo: ya sea una írase, como “Mírame a los ojos, muchacha” de Casablanca o el
niño que observa el baile de una bolsa de plástico entre las hojas de otoño en American Beauty o las ranas que caen en Magnolia.
Observando esas imágenes parpadeantes revolotear por la pantalla se puede ser testigo de toda la gama de la experiencia humana. Puede ser un momento de maravilla y poesía, como la secuencia inicial de Encuentros en la tercera fase [Close encounters of the Thrid Kind], o uno que capte todo el alcance de la historia humana, cuando el simio tira al aire un mazo de madera que se funde con la nave espacial en 2001: Una odisea del espacio [2001: A Space Odyssey], de Stanley Kubrick. Miles de años y la evolución de la humanidad condensados en dos pedazos de película; momentos mágicos y misteriosos. Ése es el poder del cine”.

Te ofrecemos uno de sus capítulos, el quinto, para que te hagas una idéa de lo que ha escrito este “Doctor” en guiones…

Capitulo5.htm

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