“El director es la estrella”

“El director es la estrella”

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Título: El director es la estrella"

Autor Peter Bogdanovich

Título original: ‘Who the Devil Made It’

Editorial: T&B EDITORES

Año de la primera edición en Estados Unidos: 1997

Nota de la Redacción: La cualidad específica de Bogdanovich como arte y parte, como cineasta y periodista, en el mundo del cine, le ha abierto puertas que muchos otros no han podido atravesar. El entorno de los directores ha sido una de esas puertas y el libro contiene partes de lo que se encontró después de atravesarlas. Está organizado por orden cronológico de nacimiento de los directores entrevistados, y con comentarios introductorios destinados a precisar el lugar que ocupa cada uno de ellos en el curso de la historia del cine y en qué momento se encontraba Bogdanovich cuando hizo las preguntas.
Un recorrido por casi un siglo de cine escrito con cariño pero sin corrección política….
AnecdotadeDirector.htm

El autor dice: En los dos volúmenes que comprenden esta obra entrevisto a dieciséis directores muy distintos entre sí. Sus carreras abarcan casi toda la historia del cine, desde los comienzos del medio en los albores del siglo XX, su auge, edad dorada, decadencia, caída (¿y resurrección?). Pude ver trabajar sólo a seis de los dieciséis, y sólo a dos de ellos -Hawks y Hitchcock- el tiempo suficiente. Todos dejaron huella en mi vida -un impacto profundo, en algunos casos- personal y profesional. No hay modo de devolver una deuda semejante, si no es compartiendo su generosidad, sus conocimientos y experiencias, ayudando a perpetuar sus mejores virtudes. Porque en el set de una buena película, es el director quien manda; y él es el primer espectador de cada escena. De esa primera reacción dependen muchas cosas; conforma cada metro de película. La presencia del director afecta a la esencia última del trabajo que se lleva a cabo delante y detrás de las cámaras. Esta alquimia otorga a la obra una tensión particular que depende de la personalidad del director que todo lo filtra. En distintos periodos de la historia, once de estos cineastas tuvieron mucho éxito y poder en la industria del cine; algunos fueron populares entre el gran público. Todos cobraban mucho dinero y en algunos casos ejercían una enorme influencia (consciente o no) en los espectadores del mundo: Allan Dwan y Raoul Walsh (mediados de los años diez, década de los veinte; finales de los treinta y años cuarenta), Fritz Lang y Josef Von Sternberg (años veinte y treinta), Howard Hawks (de los treinta a los sesenta), Leo McCarey (treinta y cuarenta, Alfred Hitchcock (de los treinta a los setenta), George Cukor (mediados de los años treinta hasta los sesenta), Otto Preminger (de los cuarenta a los setenta), Robert Aldrich (de los cincuenta a los setenta), Sidney Lumet (de finales de los sesenta a los noventa). En cuanto al resto, Don Spiegel conoció sus mayores éxitos en las dos últimas décadas de su carrera (finales de los sesenta hasta principios de los ochenta), mientras que Joseph H. Lewis y Edward G. Ulmer trabajaron en el semi anonimato entre los años veinte y los sesenta, luchando siempre por sacar algo de casi nada. Frank Tashlin, que fue un artista a sueldo a lo largo de toda su carrera -trabajó en la cima de la cultura popular, pero fue su esclavo-, vivió las experiencias más típicas de un director de cine. Chuck Jones, eminente director de dibujos animados, también vivió sometido a sus patronos entre los años treinta y sesenta, pero a partir de mediados de los setenta conoció una resurrección que se ha prolongado hasta la década de los noventa. Las conversaciones varían enormemente en longitud y profundidad: largas con Hawks, Hitchcock, Dwan y Lang; breves, casi impresionistas las que mantuve con Tashlin, Aldrich y Von Sternberg. Algunas quedaron incompletas -las de Ulmer y McCarey, por ejemplo, por enfermedad, o la de Walsh, que decidió escribir su propio libro-. Aun así, espero que estas charlas tan divergentes y las semblanzas que las prologan ayuden a retratar a la persona que conocí (aunque fuera brevemente) y a dar cuando menos una imagen somera de su personalidad, reconocible en las muchas películas que dirigieron todos ellos. Esta personalidad, o calidad personal, es lo que los influyentes críticos y directores de la Nouvelle Vague fran cesa (entre mediados o finales de los años cincuenta y en la década de los sesenta) utilizaron como base de la "teoría del autor": hasta qué punto una película revela la esencia de la persona que más control tuvo sobre ella. Al editar estas conversaciones, he intentado conservar el espíritu, más que la letra, de lo que en ellas se dijo: he resumido mis preguntas todo lo posible y he retocado ligeramente la sintaxis o formulación de las respuestas (según el director). No he cambiado palabras que hoy son políticamente incorrectas ("chica" o "negro") porque entonces no portaban estigma alguno. Empecé a preguntar después de ver las películas; pero la pregunta clave era: ¿quién precedió a las películas? Porque en todos los filmes que me gustaban emergía la visión de un único artista, la presencia virtual del director en el interior y exterior de los fotogramas que veíamos; a veces era posible reconocer esta personalidad de película en película, como en los cuadros firmados por una misma mano. Howard Hawks, cuando me ayudó a titular este libro, respondió a otra pregunta mía: cuáles eran sus directores favoritos. "Me gustaba casi cualquiera que te permitiera adivinar quién diablos había hecho aquella película. Los que no me gustaban eran los que hacían películas que les preparaban otros y que no tenían personalidad ninguna. Porque el director es el que cuenta la historia y debe tener su propio método para contarla".

Aquí tienes un reportaje en mp3 sobre el libro….
LibroEldirectoreslaestrella.mp3

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