“Silencio”

“Silencio”

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La web oficial.

El argumento: Segunda mitad del siglo XVII. Dos jesuitas portugueses viajan a Japón en busca de un misionero que, tras ser perseguido y torturado, ha renunciado a su fe. Ellos mismos vivirán el suplicio y la violencia con que los japoneses reciben a los cristianos.

Conviene ver: “Silencio” es uno de los proyectos más ambiciosos de la carrera de Martin Scorsese llevando a la pantalla una historia que llevaba más de dos décadas intentando llevar al cine en la que ofrece una especie de testamento fílmico poniéndose en paz con Dios y desfondándose artísticamente. Una cinta sobre los límites de la fe y la resistencia humana así como la intolerancia hacia distintas culturas, razas y religiones. Todo de una manera lírica y con una puesta en escena tan sobria como imponente que fascina por su empaque pero que peca de demasiado subrayada como si necesitara explicarse en todo momento. Un viaje espiritual convertido en letanía en una dualidad entre razón y fe que sirve para completar la trilogía no intencionada compuesta también por “La última tentación de Cristo” y “Kundun”. La sombra de “El corazón de las tinieblas” sobrevuela una cinta en la que dos jóvenes inician un camino en busca del mentor que les introdujo en el catolicismo y que ahora reniega de él apostatando en un Japón que coarta al cristianismo llevándolo al punto más inquisitorio posible prevaleciendo el fanatismo, la violencia y la intransigencia. Scorsese vuelve a retratar la deshumanización desde un punto de vista divino y metafísico, lo que ofrece un torbellino más introspectivo que vibrantemente vistoso haciendo el título de la película referencia a la falta de respuestas de Dios frente a la sinrazón humana y al dolor de los mortales en una propuesta impecable formalmente pero desde un punto de vista austero, contemplativo, intenso, brutal, oscuro y sin cortapisas generando preguntas al espectador. Andrew Garfield y Adam Driver como los jóvenes jesuitas, Liam Neeson como mentor con presencia que reniega de sus ideales, e Issey Ogata, como carismático y excesivo inquisidor, son los más destacados de un reparto que, a pesar de todo, no logra superar el arquetipo de sus personajes siendo buenos trabajos que no logran dominar a todo el torbellino emocional que desprenden y a la enjundia requerida; sobre todo en el caso de un Garfield que, a pesar de llevar el peso del protagonismo, ve que este rol le viene grande a pesar de su esfuerzo físico y mental al que fue sometido junto a Driver para adoptar ese modo de vida de misionero de sacrificio y miseria. Scorsese se pone en el púlpito siendo su principal baza lo bien que dirige aunque el mensaje sea, especialmente en su desenlace, algo dogmático a la hora de retratar la piedad y el sentimiento cristiano en lo que es una apuesta personal y densa que está más cercana al cine de autor y filosófico de Bergman o Dreyer que a algunos de sus últimos éxitos comerciales debido a un hermetismo y a un debate religioso que la hace una película difícil en la que lo que no se puede negar es su pasión, oficio y maestría a pesar de que la pena es que no logre transmitir al espectador toda esa grandeza en la que pretende moverse en todo momento pero de la que se queda demasiado lejos.

Conviene saber:  Martin Scorsese vuelve a contar con el guionista Jay Cocks (“La edad de la inocencia”, “Gangs of New York”) llevando al cine la novela de Shûsaku Endô que ya tuvo una versión cinematográfica a cargo de Masahiro Shinoda que compitió en el Festival de Cannes de 1971.

La crítica le da un SIETE

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