Cine en serie: "Free Bert", cómo molestar sin pedir disculpas y cobrar por ello
Querido Teo:
Bert es grosero, inoportuno, bocazas, incorrecto de principio a fin y ofensivo de vocación. No hay engaño ni letra pequeña. Desde el primer minuto deja claro que ha venido a hablar cuando no toca, a rematar chistes que nadie ha empezado y a convertir cualquier conversación en una experiencia de riesgo laboral. No es una opinión. Es un método.
La cuestión no es si molesta, porque molesta con constancia y disciplina. La pregunta interesante es quién pensó que esto merecía inversión, rodaje y una serie entera. Quién levantó la mano en una reunión y dijo adelante, hagamos de este señor un producto cultural. Eso dice bastante del estado de la industria y algo más inquietante del espectador, que va siendo entrenado por la pantalla como quien baja poco a poco el listón hasta que un día abre la puerta a un extraterrestre morado con orejas de trompetilla y lo despacha con un portazo convencido de que Amazon cuida cada vez menos a sus repartidores.
Bert no se plantea si debe hablar. Parte de la base de que ya ha hablado tarde y mal y decide construir una carrera sólida sobre no rectificar jamás. Es coherente. Equivocado, pero coherente. La serie no lo disculpa, pero tampoco lo ejecuta en la plaza pública. Lo coloca delante de una cámara y le deja hacer lo único que sabe hacer bien, que es empeorar cualquier situación y luego fingir sorpresa cuando todo arde. Es una especialidad.
Y cuando empiezas a dejarte guiar por la cordura y tienes el dedo en el mando, ocurre algo: aparecen las dos niñas. No están para decorar ni para suavizar el conjunto. Son el verdadero centro moral de la historia. Frente al discurso atropellado del adulto, ellas miran, escuchan y entienden. No dan lecciones ni escriben manifiestos. No son ingenuas. Ven a Bert tal como es. Un hombre incapaz de callarse y casi igual de incapaz de quedarse solo. No lo absuelven. Lo humanizan. Y eso lo estropea todo en el mejor sentido.
Las interpretaciones de las niñas sostienen el equilibrio del invento. No buscan ternura ni aplauso. Caminan por una cuerda floja donde el humor puede volverse cruel en cuestión de segundos. Gracias a ellas la serie evita convertirse en una sucesión de salidas de tono con risas enlatadas imaginarias. Aportan ritmo, inteligencia emocional y una distancia crítica que el protagonista no tiene ni alquilándola.
Bert no viene del camino clásico de la interpretación. Antes hubieran cerrado el Actors Studio que dejarle rellenar la matrícula. Viene del monólogo en directo, del escenario sin red y del combate cuerpo a cuerpo con el público. Es un gladiador del micrófono. Ahí se forja su estilo. Incomodar, hablar de más y provocar reacción. No quiere caer bien. Quiere impacto. Y en vivo eso funciona. Ante la cámara, sin público que le empuje, aparecen los silencios, los gestos torpes y una fragilidad que no sale en el escenario. La serie es lo bastante lista como para no esconderlo.
"Free Bert" no triunfa porque tenga razón. Triunfa porque genera fricción, conversación y un espejo incómodo donde nadie sale completamente limpio. Esa es su función. Y también su riesgo. Se presenta como comedia, lo cual tranquiliza mucho al espectador, porque le permite reírse de situaciones que, vistas con calma, justificarían una baja médica larga y un cambio de profesión. Funciona porque no fuerza el chiste. Deja que las malas decisiones, las conversaciones mal planteadas y los silencios mal gestionados hagan el trabajo sucio.
Uno de sus mayores aciertos es que nadie aprende nada. Los personajes acumulan experiencia como se acumulan facturas, en un cajón que no se abre jamás. Bert tropieza siempre con la misma piedra, pero cada vez con más dignidad. No evita el golpe, pero al menos cae con cierta elegancia, que ya es algo.
La serie tampoco cree en los finales edificantes. Cuando algo sale bien es por error o por puro cansancio del conflicto. Y cuando sale mal se acepta con una serenidad admirable, como quien firma un documento sin leerlo porque ya sabe perfectamente lo que pone.
"Free Bert" puede verse en España en Netflix
Carlos López-Tapia

















