Cine en serie: "The death of Bunny Munro", el valor de la incomodidad
Querido Teo:
Si entiendes que "La naranja mecánica", "Lolita", o una novela de Sade, tienen algún sentido, también lo encontrarás en el territorio incómodo, casi viscoso, construido alrededor de un protagonista que provoca rechazo, irritación y, en muchos momentos, auténtica repugnancia. Bunny Munro es un vendedor ambulante de productos de belleza y cosmética, un comercial barato de perfumes baratos que recorre pueblos y ciudades inglesas ofreciendo deseo en frascos pequeños mientras su propia vida se desmorona.
Conviene advertirlo con claridad. Esta no es una serie recomendable para la mayoría del público convencional. No hay consuelo, ni personajes hechos para caer bien, ni una moral tranquilizadora. "The death of Bunny Munro" exige una disposición muy concreta del espectador. La de aceptar la incomodidad como punto de partida y constante a lo largo de la historia, no como algo circunstancial que desaparece. Quien no esté dispuesto a convivir con un protagonista profundamente desagradable hará bien en mantenerse al margen.
Sin embargo, reducir la serie a un ejercicio de sordidez sería injusto. Lo que propone va más allá del simple malestar. Bunny Munro es repugnante, sí, pero también es un personaje quebrado, patético y desesperado. Vende promesas de atracción, una idea barata y casi grotesca del deseo, mientras es incapaz de gestionar el duelo, la culpa y la relación con su propio hijo. Esa contradicción es el corazón del relato.
Matt Smith, que lo interpreta con mucho valor, ha explicado en entrevistas que nunca buscó que Bunny resultara simpático. Según el actor, el personaje está construido para incomodar porque representa una forma de masculinidad que se resiste a morir y que se vuelve más agresiva cuanto más frágil se siente. No es un villano elegante ni un seductor carismático. Es alguien que invade, insiste y hasta se humilla, y precisamente por eso resulta tan perturbador.
La serie se alista en una tradición artística que ha explorado la repugnancia como vía de conocimiento; que obliga al espectador a convivir con un personaje moralmente indefendible sin ofrecer salidas fáciles. La recepción del libro original de Nick Cave ya anticipaba esta división. Fue celebrado por su audacia y su escritura febril, pero rechazado por muchos lectores incapaces de soportar el punto de vista y la sordidez del protagonista.
La serie hereda esa polarización y la asume como parte de su identidad. No intenta suavizar el material ni hacerlo más accesible. Los productores lo han señalado con franqueza. La intención no era domesticar a Bunny, sino respetar la incomodidad del texto original y confiar en un espectador dispuesto a asumirla.
Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia, puede apuntarse que Bunny Munro evoluciona. No es una redención clásica ni un aprendizaje edificante. Es, más bien, un proceso de confrontación con sus propias ruinas. La relación con su hijo actúa como un espejo incómodo que va desnudando su miseria moral. Bunny no mejora. Se revela. Y en esa revelación la serie encuentra su sentido.
La música de la serie también rehúye cualquier tentación de embellecimiento, predominan sonidos secos, ásperos y contenidamente sucios. Hay una presencia clara del rock oscuro y minimalista. Las composiciones refuerzan la incomodidad porque no subrayan emociones, las lijan, las erosionan.
La pregunta final que plantea "The death of Bunny Munro" es clara. ¿Qué obtenemos a cambio de esta incomodidad? La serie no ofrece placer ni consuelo, pero sí una experiencia que deja poso y expone una actitud masculina identificable.
Para algunos espectadores será simplemente una experiencia desagradable. Para otros, será una oportunidad de asomarse a una forma de ficción que no halaga, pero que dice algo necesario sobre el deseo y el fracaso. Ahí está su valor.
"The death of Bunny Munro" puede verse en España en SkyShowtime
Carlos López-Tapia


















