Conexión Oscar 2026: Sean Penn y la inercia de la anticampaña

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Querido Teo:

Los caprichos de la carrera han puesto el Oscar en manos de un Sean Penn que está a punto de entrar en el olimpo de los ganadores históricos con el que sería su tercer Oscar si sigue la senda marcada por el Bafta y el Actor Awards y se hace con el premio al mejor actor de reparto. Todo en un apartado que tuvo fraudes de categoría y algunas variables introducidas por la crítica que desvirtuaron un panorama mucho más obvio. El del villano paradigmático que crea Sean Penn y que supone una opción que parece definida desde el papel para los premios y más si estamos ante la película favorita de la noche.

Lejos quedan esos tiempos en los que Sean Penn se convirtió en uno de los actores más prestigiosos de la década de los noventa y los dos mil consiguiendo hasta cinco nominaciones al Oscar que se materializaron en estatuilla con "Mystic River" en 2004 y "Milk" en 2009. Una aureola de prestigio, perfeccionismo y enigma en dura competencia con la de otro nombre como el de Daniel Day-Lewis y siendo digno sucesor de la escuela de Robert De Niro con el que siempre ha mantenido una gran amistad.

La carrera de Sean Penn no ha cesado durante estos años pero sí que llevaba desde hace tiempo en otra fase. Más espaciada y, hasta por momentos, marginal alejándose de los grandes títulos con aspiraciones de premios. No ha contribuido para ello la personalidad de un actor que ha estado más en los papeles por una compleja vida personal y amorosa así como por determinadas declaraciones y su admiración por ciertos líderes políticos más que por su trabajo.

Sean Penn ha resurgido gracias a la habitual buena mano de Paul Thomas Anderson en la dirección de actores, que ya contó con él en una breve intervención en “Licorice pizza” (2022), y a su personaje en “Una batalla tras otra” dando vida al coronel Steven J. Lockjaw, un ser marcado por la ambición, el fanatismo y la cerrazón con propósito de ser introducido en una élite supremacista de esas que mueven los hilos tomándose un whisky desde sus sofás de fieltro y fachadas de buen patriota.

Un trabajo portentoso y vistoso, que podría lindar en la caricatura, pero que Sean Penn resuelve con el aplomo y la contundencia de un viejo zorro. Suficiente para que la carrera se haya puesto de su lado sin hacer campaña (sí que estuvo junto a Julia Roberts en las entrevistas de los Actors on Actors de Variety) y teniendo que ser rescatado por los premios de la industria (Bafta y Actor Awards) cuando su candidatura ya estaba amortizada, hablándose de otros nombres para el triunfo, y su rol durante esta temporada parecía que no pasaría del de ser un nominado fijo.

Más de una década de cuestionable carrera cinematográfica (con poca notoriedad como actor y sumando fiascos como director) no eran el mejor aval, así como el desdeñoso carácter de un nombre que ha llegado hasta aquí sin abrir la boca en una época en la que las campañas se definen casi como concursos de simpatía, pero la fuerza de “Una batalla tras otra” y su potente y recordado trabajo han terminado definiendo una categoría abierta en la que Stellan Skarsgård (“Valor sentimental”) no ha podido ir más allá de ser una alternativa (ganando el Globo de Oro) y no dejaría de ser una sorpresa a estas alturas los triunfos de Delroy Lindo (“Los pecadores”), Jacob Elordi (“Frankenstein”) o Benicio del Toro (“Una batalla tras otra”).

Sean Penn cruzaría, a sus 65 años, una pasarela que no haría más que refrendarle como uno de los grandes de todos los tiempos independientemente de los vaivenes de su carrera. Sería el séptimo intérprete que tendría tres estatuillas junto a Walter Brennan, Jack Nicholson y Daniel Day-Lewis en el apartado masculino e Ingrid Bergman, Meryl Streep y Frances McDormand en el femenino.

La impresión es que Sean Penn ya ha hecho lo difícil, primero volver a la arena de los premios con uno de esos trabajos que pasarán a recordarse dentro de su carrera y por otro, a pesar de sus no pocos hándicaps, tanto históricos (al tener dos estatuillas) como personales (un parar tosco y esquivo), llegar a la noche de los Oscar como favorito con un combo de Bafta y Actor Awards que parece imparable y más con la fuerza de la película a la que representa.

De las 13 ocasiones en las que Gremio de Actores y Bafta fueron para el mismo actor de reparto se materializó en estatuilla en 12 ocasiones (solo falló Christopher Walken por “Atrápame si puedes” derrotado por Chris Cooper por “Adaptation. El ladrón de orquídeas” en 2003). Es por ello que, si nos guiamos por estadística y por términos puramente objetivos sobre su trabajo, tendríamos ya ganador pero es la Academia a la que le queda certificar si encumbra o no a Sean Penn a los altares de su propia historia como institución.

Nacho Gonzalo

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