In Memoriam: Nathalie Baye, la discreción y elegancia de una estrella del cine europeo
Querido Teo:
A los 77 años ha fallecido Nathalie Baye, uno de los emblemas del cine francés de las últimas décadas. Una carrera que evidencia un prestigio cimentado a lo largo de un centenar de títulos desde la reverenciada "La noche americana" (1973) de François Truffaut hasta "El valle de la esperanza" (2023) de Carlos Chahine. Una mirada que supo combinar la chispa de la ligereza y la honda del drama más profundo pero siempre desde una perspectiva profundamente humana. El fallecimiento ha tenido lugar en París como consecuencia de las complicaciones derivadas de la enfermedad con cuerpos de Lewy, trastorno neurodegenerativo que padecía y que la alejó de la pantalla los últimos años.
Nacida en Mainneville, en la región normanda del Eure, un 6 de julio de 1948, era hija de pintores, siendo la danza la actividad artística que desarrolló inicialmente y que la llevó, cuando solo era una adolescente, a estudiar ballet en Mónaco y Nueva York. A los 18 años volvió a París para estudiar Arte Dramático en el Conservatorio Nacional donde se graduó en 1972.
Fue la llave para conseguir dos papeles sin acreditar en el cine hasta que François Truffaut la descubrió en las tablas y la convirtió en la script de "La noche americana" (1973) iniciando el despegue de su carrera. El director francés volvería a contar con ella en "El amante del amor" (1977) y "La habitación verde" (1978).
Además de por su profesión fue muy conocida por su historia de amor con el emblemático roquero Johnny Hallyday entre 1982 y 1986, naciendo de esa relación la actriz Laura Smet lo que provocó que tras un fulgurante inicio (que le hizo ganar tres César de manera consecutiva) la actriz espaciara su actividad profesional desde entonces. Madre e hija trabajaron juntas en "Las guardianas" (2017), de Xavier Beauvois, y en el cortometraje “Thomas” (2018), dirigido por la propia Smet.
Nathalie Baye ganó en cuatro ocasiones el César; dos en la categoría de actriz de reparto por "Salve quien pueda (la vida)" (1980) de Jean-Luc Godard y "Strange affair" (1981) de Pierre-Granier Deferre, y dos como protagonista por "El membrillo" (1982) de Bob Swaim y "El pequeño teniente" (2005) de Xavier Beauvois.
También fue candidata por "Une semaine de vacances" (1980) de Bertrand Tavernier, "Me casé con una sombra" (1983) de Robin Davis, "Cada dos fines de semana" (1990) de Nicole Garcia, "Venus, salón de belleza" (1999) de Tonie Marshall, "Les sentiments" (2003) de Noémie Lvovsky y "Solo el fin del mundo" (2016) de Xavier Dolan.
Al margen de los premios rodó bajó las órdenes de otras figuras del cine de autor europeo como Maurice Pialat en "La boca abierta" (1974), Claude Sautet en "Mado" (1976) o Marco Ferreri en "La última mujer" (1976) y protagonizó junto a Gérard Depardieu la exitosa "El regreso de Martin Guerre" (1982) de Daniel Vigne.
Una película con la que el público internacional empezaría a valorarla y es que, incluso, su dominio del inglés le llevó a rodar el telefilm "En el filo de la duda" (1993) de Roger Spottiswoode, ser la madre de Leonardo DiCaprio en "Atrápame si puedes" (2002) de Steven Spielberg o formar parte del reparto de "Downton Abbey: Una nueva era" (2023).
Una trayectoria que alcanzó un punto álgido con uno de sus papeles más arriesgados. En "Una relación privada" (1999) de Fréderic Fonteyne veíamos a una pareja que se conoce a través de un anuncio de contactos y que mantiene una relación estrictamente sexual. Una relación esporádica que termina yendo a más y que acaba por trastocar sus planes. Una cinta sobre el deseo y la pasión a través de sus recovecos y claroscuros con un tándem formado por Nathalie Baye y Sergi López que les hizo ganar a ambos la Copa Volpi a los mejores intérpretes en el Festival de Venecia.
Triunfó en taquilla con "Absolutamente fabulosas" (2001) de Gabriel Aghion para después representar la elegancia y enigma de la clase burguesa en "La flor del mal" (2003), de Claude Chabrol, en la que se preguntaba si se puede transmitir el sentido de culpa de generación en generación como si fuera una enfermedad genética y las consecuencias que puede tener una falta no expiada en el culpable y en sus familiares.
Con el drama "Mi hijo" (2006) de Martial Fougeron fue la mejor actriz en el Festival de San Sebastián dedicándose a partir de ahí a personajes secundarios y a la visibilidad de iniciativas a favor del cambio climático o de la regulación en su país de la eutanasia.
En el cine todavía pudo lucirse en películas como "Una dulce mentira" (2010) de Pierre Salvadori y "Las oficinas de Dios" (2011) de Claire Simon, pero especialmente como la madre posesiva y excéntrica de "Solo el fin del mundo" (2016) de Xavier Dolan, director con el que ya trabajó en "Laurence anyways" (2012), o la modista en busca de relevo en "Alta costura" (2021) de Sylvie Ohayon.
Además de interpretarse a sí misma en dos capítulos de "¡Llama a mi agente!" (2015-2020) su último trabajo ha sido "El valle de la esperanza" (2023) de Carlos Chahine, drama que habla de la influencia de la crisis política y religiosa que estalló en Líbano en el año 1958 y cómo se vivió el conflicto en el seno de una familia bien de origen cristiano. Ese mismo año recibió el homenaje del Festival de Valladolid.
Nathalie Baye se alejó durante toda su vida del foco mediático siendo el trabajo el que ha hablado por ella y que le hará perdurar como poseedora de una de las carreras más interesantes y comprometidas que ha dado la cinematografía europea.
Nacho Gonzalo


































