Cine en serie: "Fuga en Dannemora", la prisión que se abrió por dentro
Querido Teo:
Esta serie, dirigida íntegramente por Ben Stiller, reconstruye la fuga real del Clinton Correctional Facility, en el norte del estado de Nueva York, durante el verano de 2015. Hay fugas de prisión construidas para que el espectador admire la inteligencia del preso. "Fuga en Dannemora" (2019) obliga a mirar otro agujero, el que existe alrededor del preso. Richard Matt y David Sweat no escaparon únicamente porque supieran cortar una pared, avanzar por galerías de servicio o aprovechar las entrañas de un penal levantado y ampliado durante décadas. Escaparon porque, antes de abrir un túnel físico, se había abierto otro menos visible: el de las pequeñas excepciones, los favores, la confianza mal entendida y las normas que dejaron de cumplirse porque llevaban demasiado tiempo pareciendo innecesarias.
Stiller no tiene prisa. No quiere convertir el caso en "Prison Break" (2005-2009) ni hacer del espectador un alumno de ingeniería penitenciaria. Le interesa mostrar cómo un lugar supuestamente diseñado para que nada escape termina dependiendo de personas que han empezado a convivir con la excepción.
Richard Matt, interpretado por Benicio del Toro, posee la clase de inteligencia que funciona mejor sobre los demás que sobre uno mismo. Observa, seduce, halaga, intimida y detecta rápidamente qué necesita o desea cada persona. David Sweat, al que Paul Dano da una sequedad extraordinaria, tiene otra cabeza: es el técnico, el que mide, corta, calcula y resuelve. Matt imagina la salida. Sweat descubre cómo construirla. Entre ambos aparece Joyce "Tilly" Mitchell, supervisora civil del taller de costura de la prisión, convertida por Patricia Arquette en uno de esos personajes que terminan resultando hipnóticos.
Arquette hace algo difícil: evita el truco de interpretar a una mujer "transformada" para que el espectador celebre el maquillaje. Tilly está hecha de aburrimiento, deseo, fantasía y una necesidad bastante triste de sentirse importante. No es la "femme fatale" de la fuga, aunque durante un tiempo pueda imaginarse como tal. Es una mujer que descubre que dos asesinos necesitan algo de ella y confunde esa necesidad con una forma de poder.
Benicio del Toro trabaja en el sentido contrario. Su Matt tiene una presencia que parece llenar los espacios incluso cuando apenas se mueve. No necesita demostrar continuamente que es peligroso. Lo sabemos antes de que haga nada. Paul Dano, en cambio, convierte a Sweat en una máquina de paciencia. Sus mejores escenas son las del esfuerzo: medir, esperar, perforar, volver a empezar. La fuga deja así de ser una idea romántica y se convierte en trabajo nocturno, suciedad, metal, ruido amortiguado y agotamiento.
Y luego está Ben Stiller. Resulta fácil recordar que venía identificado sobre todo con la comedia, pero "Fuga en Dannemora" no parece la demostración nerviosa de alguien empeñado en ser tomado en serio. Su dirección es fría, minuciosa y poco exhibicionista. Parte del rodaje se realizó en la auténtica Clinton Correctional Facility y otros espacios relacionados con la evasión se reconstruyeron respetando cuidadosamente sus dimensiones, utilizando además una antigua prisión de Pittsburgh y túneles de una planta de tratamiento de aguas de Yonkers.
Stiller quería conservar esa sensación de realidad física. Los pasillos, talleres, patios y conductos no debían parecer decorados destinados a producir tensión, sino lugares que estaban allí antes de la cámara y continuarían existiendo después.
Y hay algo más que contribuye enormemente a esa sensación de realidad: la estupenda música que suena durante toda la serie. "Fuga en Dannemora" posee una de esas bandas sonoras que parecen elegidas por personajes que realmente escuchan la radio, conducen, trabajan o se ponen unos auriculares, no por alguien empeñado en demostrar al espectador lo exquisita que es su colección de discos.
La supervisión musical de George Drakoulias salta con absoluta naturalidad entre épocas y estilos. Emerson, Lake & Palmer abren el camino con From the beginning; Bob Dylan y Johnny Cash aparecen con Girl from the north country; después pueden llegar Steely Dan, Elton John, The Allman Brothers Band, Metallica, Gordon Lightfoot, Gerry Rafferty, Wu-Tang Clan o Soundgarden. El catálogo es formidable, pero lo mejor es que raramente parece un catálogo.
Las canciones entran desde coches, radios, auriculares, bares o talleres y producen un efecto extraño: mientras los personajes preparan algo extraordinario, alrededor de ellos continúa sonando la música corriente de una vida corriente. Una canción alegre puede acompañar una situación turbia y un clásico aparentemente confortable terminar adquiriendo algo inquietante.
Esa fricción funciona especialmente bien en una historia construida precisamente sobre la normalización de lo anormal. Aquí la música no está puesta para decorar: unas veces nos mete en la cabeza de los personajes y otras recuerda, casi sin hacerse notar, que debajo de la rutina hay algo que está a punto de romperse.
La serie tampoco convierte la fuga en una hazaña limpia. El verdadero Richard Matt cumplía una condena de entre veinticinco años y cadena perpetua por asesinato. David Sweat cumplía cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional por el asesinato de un agente. El 6 de junio de 2015 ambos salieron del Clinton Correctional Facility.
Joyce Mitchell fue mucho más que un personaje extravagante añadido por los guionistas. Introdujo material prohibido y facilitó herramientas que ayudaron a preparar la evasión. Hojas de sierra llegaron ocultas en carne hasta los internos mediante una cadena de incumplimientos en la que también intervino personal del centro. Mitchell debía participar en la fase final del plan, pero no acudió al punto de encuentro. Terminó declarándose culpable de facilitar contrabando penitenciario y de colaboración criminal y cumplió más de cuatro años de prisión.
Aquí es donde "Fuga en Dannemora" resulta más interesante. La investigación oficial del estado de Nueva York, elaborada después de escuchar bajo juramento a más de 170 personas y revisar decenas de miles de páginas, concluyó que la evasión fue posible por una "complacencia crónica", empleados que colaboraron y fallos repetidos en procedimientos de seguridad básicos.
La lista parece escrita para una ficción, pero pertenece al expediente real: registros de celdas insuficientes, favoritismos hacia determinados presos, objetos y alimentos que entraban sin el control debido, ocasiones en que algunos internos podían eludir detectores de metales, herramientas de contratistas mal controladas y zonas de servicio que no se inspeccionaban con la frecuencia necesaria. Matt y Sweat no encontraron un único agujero milagroso. Encontraron una colección de pequeñas grietas administrativas que, juntas, terminaron formando una salida.
Eso no significa que Clinton pueda utilizarse como retrato de "la cárcel estadounidense" en singular. Estados Unidos no tiene un sistema penitenciario único: conviven prisiones estatales, centros federales y cárceles locales con normas, recursos y problemas muy distintos.
A finales de 2023 había algo más de 1,25 millones de personas bajo jurisdicción de prisiones estatales y federales; si se añaden las cárceles locales, la población encarcelada superaba los 1,85 millones. Una institución concreta de máxima seguridad en Nueva York no puede representar por sí sola una maquinaria de ese tamaño.
Pero algunos de los problemas que la serie muestra sí existen más allá de Dannemora. Las relaciones impropias entre empleados e internos son un asunto real y regulado precisamente porque existe una desigualdad de poder. Los datos federales registraron más de 2.000 incidentes acreditados de victimización sexual de internos por parte de personal en centros correccionales de adultos durante el periodo 2016-2018. No son una explicación automática de lo sucedido en Clinton, pero sí recuerdan que la frontera entre vigilancia, confianza, favoritismo y abuso no es una invención televisiva.
También conviene separar un hecho de una dramatización. Joyce Mitchell negó posteriormente algunos aspectos sexuales de la versión presentada por la serie. La investigación oficial, sin embargo, documentó graves vulneraciones de límites entre personal e internos y reunió evidencias sobre encuentros sexuales.
"Fuga en Dannemora" trabaja sobre una historia muy documentada, pero sigue siendo una reconstrucción dramática: ordena escenas, interpreta motivaciones y llena espacios privados a los que ningún informe puede acceder por completo.
Ese margen de incertidumbre favorece a la serie. Stiller no ofrece una teoría cómoda sobre por qué ocurrió todo. Deja que la sordidez cotidiana vaya acumulándose hasta que resulta evidente que la prisión no fue derrotada por una mente criminal genial. Fue erosionada desde dentro.
Y ahí está lo mejor de "Fuga en Dannemora". Matt y Sweat atraviesan muros, túneles y tuberías, pero la verdadera fuga empieza mucho antes, cuando las reglas dejan de parecer importantes. La serie entiende que los grandes desastres institucionales rara vez comienzan con una gran decisión. Empiezan con una pequeña concesión que nadie considera decisiva. Después llega otra. Y otra. Hasta que una mañana dos asesinos ya no están en sus celdas.
"Fuga en Dannemora" puede verse en España en SkyShowtime
Carlos López-Tapia






























