Cine en serie: "The gentlemen", vestirse para matar

Cine en serie: "The gentlemen", vestirse para matar

1 Sarcofago2 Sarcofagos3 Sarcofagos4 Sarcofagos5 Sarcofagos (Sin votaciones)
Cargando...

Deja tu comentario >>

Querido Teo:

Hay una escena en el primer capítulo de la segunda temporada de "The gentlemen" en la que un jeque entra en una armería y pregunta por qué existen tantas escopetas. Es una pregunta razonable. Lo verdaderamente extraordinario es que, después de investigar cómo se rodó la secuencia y de qué mundo procede, la habitación resulta menos exagerada de lo que parece. Guy Ritchie ha construido buena parte de "The gentlemen" sobre una idea sencilla: la ropa y los objetos hablan antes que los personajes.

Un duque puede explicar durante cinco minutos que pertenece a la aristocracia o puede entrar en una habitación con el tweed correcto. Un millonario puede enseñar su cuenta bancaria o llevar un reloj que se encargue de hacerlo. Una escopeta puede servir para abatir una perdiz o para demostrar que quien la sostiene sabe distinguir una Beretta de una Holland & Holland. En esta serie el atrezo no decora. Clasifica.

Theo James lo resume diciendo que "el estilo es una parte enorme de la serie". Ha contado que Ritchie discute con él la forma de los cuellos, estampados, colores y botones. Loulou Bontemps, diseñadora de vestuario, trabaja con una regla todavía más útil: el mundo de Ritchie vive en "esa fina línea entre la parodia y la realidad". Precisamente ahí está la cacería.

Bontemps quiso que todos los invitados parecieran pertenecer a la misma jornada de tiro sin que ninguno pareciera vestido por la misma persona. Eddie debía representar, según explicó a British GQ, al "caballero británico por excelencia". Su ropa comienza por los códigos reconocibles: brogues, calcetines trabajados, prendas de punto y tirantes confeccionados para él. Pero el detalle más divertido son los pantalones.

Los tradicionales plus-fours británicos son pantalones de campo amplios que terminan por debajo de la rodilla. Bontemps decidió exagerarlos tanto que hubo que fabricar los de Eddie expresamente. Los bautizó "plus-12s". No existen como categoría tradicional; existen porque "The gentlemen" necesitaba que la aristocracia real atravesara unos centímetros de caricatura. La diseñadora ha añadido un dato que explica por qué Ritchie parece tan cómodo filmando ese mundo: "Guy se viste así los fines de semana". No es un turista del tweed.

La investigación de vestuario ha sido considerable. Bontemps cita a Thomas Farthing, firma londinense capaz de parecer instalada varias décadas atrás sin convertirse en una tienda de disfraces. También recurrió a Cordings, donde dice sentirse como dentro de un club de caballeros y de donde obtuvo prendas para Eddie y, en esta temporada, para Lord Hawthorne.

Para la cultura de caza aparecen dos nombres inevitables: Purdey y Holland & Holland. Bontemps los define como marcas británicas clásicas para equiparse para el campo. The Guardian ya había observado tras la primera temporada que la serie provocó un aumento de interés por cuadros tradicionales, tweeds, gorras, relojes vintage y otras señales de la vieja clase alta inglesa. Cordings llegó a registrar listas de espera en algunas prendas aparecidas en pantalla.

Susie Glass juega otra partida. Su dinero no intenta parecer heredado. Bontemps mezcla etiquetas de lujo, prendas de archivo, estampados, joyería vintage, tacones, pendientes enormes, pañuelos, bolsos y gafas sobredimensionadas. Kaya Scodelario lo describe como una armadura.

En la primera temporada la actriz explicaba que Susie era un camaleón: en el campo podía recurrir a tweeds y boinas; en Londres, a plataformas y brillo. En la segunda, el personaje tiene más dinero y menos intención de disimularlo. Cuando viaja a Italia, Scodelario dice que se vuelve "completamente Dolce & Gabbana": leopardo, pieles vintage, pañuelos y grandes gafas oscuras. El guionista Matthew Read ha revelado otro detalle: Susie lleva prácticamente unas gafas diferentes en cada escena. La moda es un arma. Y luego están los relojes.

British GQ ha seguido la pista de la colección de Eddie y la lista parece la caja fuerte de una joyería: Rolex Daytona, Movado vintage, Vertex, Chopard, TAG Heuer, Audemars Piguet, Omega, Panerai y tres Jaeger-LeCoultre de alta complicación, entre otras piezas. Pero durante la cacería ocurre algo interesante. Bontemps explica que Eddie no debe exhibirse demasiado. Para parecer el perfecto gentleman rural escoge relojes más discretos, más "gentlemanly", entre ellos la familia Reverso de Jaeger-LeCoultre.

Amir representa lo contrario. El jeque lleva un Ulysse Nardin Marine Chronometer Manufacture de 43 milímetros. Bontemps quería que su reloj dijera dos cosas de inmediato: tiene dinero y tiene estilo. Y, además, debía diferenciarse de los relojes escogidos para los caballeros británicos. Antes de que nadie abra la boca ya sabemos quién necesita demostrar la riqueza y quién pretende haberla olvidado.

La habitación de las escopetas de Halstead parece diseñada por alguien que conoce demasiado bien el placer de alinear objetos carísimos bajo madera y paño verde. Y así fue. El diseñador de producción Martyn John visitó varias estancias de Badminton House, una de las grandes propiedades aristocráticas inglesas y referencia fundamental para Halstead Manor. La auténtica armería le pareció magnífica pero demasiado pequeña para filmar. La solución fue muy Ritchie: hacerla más grande.

Encontró una sala panelada en Swakeleys House y construyó seis grandes armarios revestidos de baize, el paño tradicional empleado en mesas y vitrinas. Añadió espacios centrales para cartuchos, cinturones y demás accesorios, y colocó trofeos alrededor de las paredes. John confirma además algo que el diálogo del episodio ya sugería: utilizaron escopetas británicas de Holland & Holland y una pequeña colección de marcas internacionales. Eso nos permite avanzar bastante más que antes sin necesidad de fingir que hemos identificado visualmente un número de serie.

Amir pregunta por qué hay tantas armas y por qué solo tienen dos cañones. Geoff contesta: para dar a los pájaros "una oportunidad deportiva". Después examina las posibilidades. Si el jeque busca prestigio y herencia, dice, se inclina por Italia: Beretta. La elección tiene sentido. El diálogo presume de quinientos años de historia y en 2026 Beretta celebra precisamente sus cinco siglos: la casa sitúa su origen documentado en 1526.

Geoff señala después el grabado. Explica que la decoración habría exigido dos años de trabajo a un artesano italiano. Amir queda fascinado. Aquí conviene separar lo que sabemos de lo que no. El episodio confirma Beretta. No confirma el modelo. Sin una imagen suficientemente detallada no sería serio asegurar que se trata de una SL3, una SO10 u otra pieza concreta. Pero la prensa armera británica permite entender la escala económica.

Fieldsports Journal coloca este año la Beretta SL3 500 Years Limited Edition, creada para celebrar el aniversario, desde unas 26.045 libras. ShootingUK sitúa la SO10 EELL, una de las cumbres artesanales de la marca, desde unas 102.950 libras. Es decir: pronunciar Beretta puede significar desde una magnífica escopeta relativamente accesible dentro de este universo hasta una pieza cuyo precio supera holgadamente el de muchos automóviles de lujo.

El grabado también importa. En la SL3 conmemorativa, la prensa especializada describe un proceso que comienza con tecnología de precisión y termina en manos de grabadores maestros. En las gamas superiores, la personalización, la madera, el trabajo manual y el acabado pueden convertir dos armas aparentemente semejantes en objetos económicamente muy distintos. Por eso Geoff no está enseñando al jeque solamente un instrumento para disparar. Le está enseñando estatus.

Luego llega Lord Hawthorne. Eddie ha ordenado que reciba "solo lo mejor". Geoff pregunta si debe sacar "la Holland & Holland de Lord Monmouth". Eddie confirma. Geoff añade que sería también su propia elección. La frase está construida como si se hablara de una botella procedente de una bodega particular.

Holland & Holland, fundada en Londres en el siglo XIX, pertenece a la aristocracia de la armería británica. The Field ha probado una Royal superpuesta del calibre 12 valorada en 73.000 libras en aquella configuración, y sus guías posteriores sitúan diversas Royal y variantes contemporáneas bastante por encima de esa cifra según modelo, calibre y encargo. De nuevo: sabemos la marca que aparece en el episodio; no sabemos con seguridad qué modelo concreto representa la pieza llamada "de Lord Monmouth". Pero el guion no necesita decirlo. La gracia está precisamente en que el arma no pertenece a un catálogo. Pertenece a un lord.

Hay otra frase que puede parecer una excentricidad inventada por Ritchie. Cico anuncia que aprecia mucho a su loader, pero preferiría que "ese ángel de Essex" le cargara la escopeta. El loader existe y constituye una figura clásica de las grandes jornadas de tiro británicas.

ShootingUK explica que, cuando se utilizan dos escopetas emparejadas, el loader mantiene una cargada mientras el tirador utiliza la otra y realiza el intercambio para sostener el ritmo. Puede además controlar seguridad, cartuchería, armas y protocolo. En fincas prestigiosas continúa siendo habitual, especialmente con invitados extranjeros.

La pareja de escopetas que Geoff ofrece a Amir tampoco es, por tanto, un capricho del decorador. El uso de dos armas con un loader pertenece a una tradición real de jornadas intensivas de perdiz, faisán o urogallo. Ritchie lo convierte en comedia porque ya era ligeramente absurdo antes de que él llegara. La cacería de "The gentlemen" también se vuelve más interesante cuando se compara con la prensa británica de este mismo verano.

The Financial Times calculaba en agosto de 2026 que determinadas jornadas de urogallo pueden superar las 25.000 libras al día para quienes participan y cifraba en torno a 70 millones de libras el sector relacionado con este tipo de caza. No todo es tradición pintoresca.

The Guardian ha dedicado numerosos artículos a la otra cara del negocio: liberación de enormes cantidades de faisanes y perdices, gestión intensiva de páramos y casos de persecución ilegal de aves rapaces. Este verano el periódico informaba de planes para imponer un sistema de licencias más estricto en Inglaterra y limitar la actividad de organizadores relacionados con delitos contra la fauna.

La discusión británica sigue abierta porque alrededor de estas jornadas conviven patrimonio rural, empleo, propiedades privadas, conservación, grandes cantidades de dinero y un impacto ambiental muy discutido. Eddie, naturalmente, solo necesita la parte más útil. "Las cacerías nunca tratan de matar. Tratan de cerrar negocios".

Visto el ceremonial, el precio de las armas, el loader, la ropa, los relojes, las fincas y las 25.000 libras que puede costar una jornada en el extremo superior del mercado, la frase deja de parecer una broma.

"The gentlemen" funciona porque Ritchie inventa muy poco. Lo que hace es coger un mundo que ya existe, subirle ligeramente el volumen y colocar un cadáver entre el primer whisky y el almuerzo. Y asegurarse, por supuesto, de que todos vayan correctamente vestidos.

Hubo un tiempo en que los habitantes de un país pasaron hambre porque la cosecha de trigo había sido devastada por el clima, y la poca harina que se logró reunir la empleaban los nobles y ricos para empolvar sus pelucas. Fue hace más de dos siglos, la ciudad era París y la situación fue uno de los argumentos para iniciar una revolución sangrienta que derivó en guerra civil. Todos hemos oído hablar de la Revolución Francesa.

Vídeo

Vídeo

Vídeo

Vídeo

"The gentlemen" puede verse en España en Netflix

Carlos López-Tapia

¿Compartes?:
  • email
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • FriendFeed
  • LinkedIn

Comentarios

Suscríbete
Notificar
guest
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
0
Me encantaría conocer tu opinión, comenta.x
()
x