Cine en serie: "Scrublands", el cura dispara primero

Cine en serie: "Scrublands", el cura dispara primero

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Querido Teo:

Un sacerdote sale de su iglesia con un rifle, adopta una posición desde la que domina la calle y empieza a disparar contra sus propios feligreses. Mata a cinco. Lo hace con una tranquilidad que empeora cada plano y, cuando la policía acaba con él, "Scrublands" ya nos ha entregado asesino, víctimas y escena del crimen. Todo en los dos primeros minutos. Parece haber liquidado de un golpe aquello para lo que cualquier serie policíaca reservaría cuatro capítulos. Solo falta una cosa: saber por qué.

Un año después llega Martin Scarsden. Es periodista de investigación y viene bastante estropeado por su oficio. Ha trabajado como corresponsal en lugares donde la gente muere de verdad, arrastra las consecuencias de una cobertura que acabó mal y sus jefes consideran conveniente apartarlo durante un tiempo de las grandes historias. Riversend parece perfecto. Solo tiene que escribir una pieza de aniversario sobre cómo vive el pueblo doce meses después de la matanza. Un poco de color, algunos testimonios, las heridas que empiezan a cerrarse y regreso a casa.

Ese encargo aparentemente menor constituye una de las mejores ideas de "Scrublands", porque convierte el periodismo en parte del misterio. La versión oficial de los asesinatos ya existe y, además, fue publicada por el propio periódico de Martin en una investigación premiada. Su problema comienza cuando habla con la gente. Unos recuerdan al sacerdote de una manera y otros parecen recordar a otro. Las piezas encajan demasiado bien hasta que dejan de hacerlo.

Luke Arnold interpreta a Scarsden, una persona que mira, pregunta, escucha y permite que sospechemos cuándo algo empieza a molestarle. Arnold describió al personaje como alguien "muy imperfecto, pero perfecto para estar en mitad de un misterio", dedicado casi compulsivamente a sacar la verdad a la superficie. También señaló algo que termina siendo esencial: Martin ha pasado demasiados años persiguiendo historias y demasiado poco tiempo pensando en las personas que quedan dentro de ellas.

Eso nos resulta especialmente reconocible a quienes conocemos el oficio. Una noticia puede ser verdadera y, al mismo tiempo, estar incompleta. Puede contener todos los datos comprobados y haber entendido mal lo ocurrido. Puede ganar premios y necesitar que otro periodista llegue un año después para desmontarla. Arnold resumió el dilema de su personaje con bastante precisión: "La verdad puede curar. La verdad puede ayudar a la gente. La verdad puede encontrar justicia, y no únicamente porque la verdad produzca una buena historia".

En Riversend conoce a Mandy Bond, propietaria de una pequeña librería-café, interpretada por Bella Heathcote, a quien vimos con Johnny Depp en "Sombras tenebrosas" (2012). Mandy conserva una relación muy particular con el sacerdote muerto y Heathcote consigue que buena parte de ella aparezca antes de que el guion la explique. Hay cansancio, deseo de marcharse y algo parecido a la obligación de seguir protegiendo a un hombre incapaz ya de protegerse.

Ese hombre es un asesino cuya culpabilidad conocemos desde el primer minuto, y no importa porque aquí se trata de conseguir que cada aparición vuelva más difícil entender el asesinato. "Scrublands" trabaja así al revés. La pregunta importante deja pronto de ser quién disparó y pasa a ser qué tuvo que suceder para que aquel hombre terminara detrás de un rifle.

La novela en la que se basa la serie apareció en 2018 y convirtió a Chris Hammer en uno de los nombres fuertes de la novela criminal australiana. Había llegado tarde a la ficción después de más de treinta años como periodista, corresponsal internacional y reportero político. Cubrió más de treinta países y conocía de primera mano el desgaste que puede producir ese trabajo.

Algunas experiencias entraron en Martin, aunque Hammer ha dejado una advertencia bastante clara: "Dejémoslo claro: yo no soy Martin Scarsden". Sí reconoció haber utilizado elementos de su carrera y haber conocido a corresponsales que arrastraban estrés postraumático después de guerras y grandes catástrofes.

La relación entre realidad y ficción se vuelve todavía más interesante con Riversend. El pueblo no existe. Hammer encontró su semilla mientras recorría la cuenca Murray-Darling durante la gran sequía del cambio de siglo y llegó a Wakool, una localidad de regadío donde encontró el río prácticamente seco. Aquella imagen permaneció con él.

"Pensé: este es un buen lugar, porque es un sitio desesperado y, ya sabes, tiempos desesperados, medidas desesperadas". Cambió el nombre y levantó sobre esa experiencia un pueblo ficticio para evitar cargar a los habitantes reales con asesinatos, corrupción y demás desgracias literarias.

Riversend parece una población que se está quedando sin agua, sin dinero y, finalmente, sin explicaciones. Martin camina por una de sus calles bajo un sol que parece haber vaciado el pueblo. La carretera, las fachadas bajas y la tierra seca ocupan tanto espacio como el personaje. El guion traslada así a la pantalla el ambiente de la novela.

Greg McLean entiende bien lo que puede hacerse con un paisaje australiano. Es el director de "Wolf Creek" (2005), película que convirtió el espacio abierto del interior del país en una de las cosas más amenazantes que podían aparecer en pantalla. Aquí cambia el terror por el misterio, aunque conserva una intuición semejante: un horizonte enorme puede resultar tan claustrofóbico como una habitación cerrada.

El rodaje fuera de estudio obligó además a construir ese pueblo ficticio saltando entre localidades y trabajando con las limitaciones propias de una producción televisiva. Arnold recordó que McLean "entiende las restricciones de rodar televisión y de rodar en localizaciones" y que peleaba para conseguir que la serie tuviera el aspecto que necesitaba. Los vecinos terminaron formando parte del proceso: hubo habitantes de Maldon trabajando como figurantes y el equipo se incorporó durante semanas a la vida cotidiana de la zona.

La adaptación tomó además una decisión inteligente respecto a Byron Swift. En la novela está muerto y buena parte de lo que sabemos de él llega a través de otras personas. La televisión lo recupera mediante "flashbacks" y nos permite asistir a acontecimientos que el libro contaba indirectamente.

Hammer aceptó desde el principio que algunos personajes serían combinados y algunas tramas simplificadas porque una cámara funciona de otra manera que la primera persona de una novela. "El libro está contado prácticamente por completo a través de los ojos de Martin Scarsden", explicó. "Normalmente el cine y la televisión no funcionan así, porque la cámara es más objetiva".

Ese cambio afecta al misterio. Nosotros podemos saber cosas que Martin todavía ignora y contemplar a Byron como algo más que el cadáver alrededor del cual gira una investigación. El pasado va ocupando la pantalla y cada recuerdo cambia ligeramente la interpretación del anterior.

Cuatro episodios resultan una medida excelente para todo esto. Hay cadáveres, secretos familiares, intereses económicos, viejas relaciones, mentiras y gente que lleva un año esperando que nadie vuelva a hacer preguntas. La trama podría haberse extendido fácilmente durante ocho horas. Al quedarse en cuatro mantiene algo que conviene mucho a una historia protagonizada por un periodista: siempre parece haber una próxima puerta a la que llamar.

Y "Scrublands" contiene, además, una idea que me parece especialmente atractiva. Martin llega creyendo que va a escribir sobre el pasado de un pueblo y termina descubriendo hasta qué punto una comunidad puede quedar atrapada dentro de la primera versión que alguien publicó sobre ella. Riversend lleva un año viviendo bajo un titular. Para cambiarlo hace falta volver a hacer las preguntas.

Después vendrán más historias. El éxito de esta primera entrega permitió adaptar "Silver" como segunda temporada, con Martin y Mandy trasladando la investigación a otro paisaje australiano, y una tercera, "Scrublands: Trust", continúa ampliando el recorrido de los personajes.

Pero todo comienza aquí, en una iglesia, con un sacerdote que levanta un rifle y nos permite conocer inmediatamente al asesino. Luego quedan cuatro horas para descubrir quién era.

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"Scrublands" puede verse en España en AMC España

Carlos López-Tapia

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