Cine en serie: "The Hour", cuando la televisión aprendió a hacer periodismo
Querido Teo:
Hay series con periodistas que utilizan una redacción como simple fábrica de argumentos. Alguien recibe una llamada, persigue una exclusiva, descubre un cadáver y la noticia pone en marcha el thriller. En "The Hour" ocurre algo distinto: el periodismo es realmente el asunto, aunque durante sus dos temporadas haya espionaje, asesinatos, sexo, corrupción, secretos de Estado y conspiraciones bastante más novelescas que periodísticas.
Creada por Abi Morgan y estrenada por la BBC, "The Hour" (2011-2012) retrocede hasta 1956, cuando la televisión británica empezaba a comprender que podía hacer algo más que colocar a un caballero ante una cámara para que leyera solemnemente las noticias. La serie imagina el nacimiento de un programa de actualidad llamado precisamente "The Hour" y reúne a su alrededor a tres personajes: Freddie Lyon, periodista obsesivo e insumiso; Bel Rowley, productora obligada a demostrar continuamente que una mujer puede mandar sobre hombres en una redacción, y Hector Madden, elegante presentador elegido inicialmente tanto por su aspecto como por sus capacidades. Tres maneras diferentes de entender el oficio.
Freddie vive la noticia casi como una enfermedad. Bel sabe que descubrir algo no sirve de mucho si después la institución no permite contarlo. Hector representa al principio un periodismo televisivo construido sobre la presencia, la buena voz y la respetabilidad, pero termina comprendiendo que sentarse ante una cámara significa también responsabilizarse de lo que se cuenta. Ahí se revela el verdadero asunto de "The Hour": quién decide lo que una sociedad tiene derecho a saber.
La serie apareció en un momento que favoreció las comparaciones con "Mad Men" (2007-2015). Ambas regresaban a mediados del siglo XX, utilizaban un lugar de trabajo para retratar una sociedad y mostraban cigarrillos, whisky, adulterios y hombres educados en la convicción de que el mundo había sido construido para ellos. La semejanza funciona visualmente, pero no demasiado más allá. En "Mad Men" se fabrica el deseo. En "The Hour" se intenta fabricar la verdad. Y ahí comienza la parte más interesante: cuánto hay de verdadero en lo que cuenta.
El programa "The Hour" nunca existió. Freddie, Bel y Hector tampoco. Los asesinatos y la trama de espionaje pertenecen al territorio de la ficción. El mundo contra el que luchan, en cambio, se parece mucho al que encontraron los periodistas británicos de aquellos años.
La televisión del Reino Unido era la primera en Europa atravesando una transformación profunda. ITV había comenzado sus emisiones en 1955, terminando con el monopolio televisivo de la BBC. La competencia obligó a revisar una información televisiva que todavía conservaba bastante del tono reverencial de los antiguos noticiarios cinematográficos. "Panorama" había nacido en 1953 y fue adquiriendo una forma reconociblemente periodística. ITV puso en marcha "This Week" en 1956 y la BBC estrenaría "Tonight" en 1957.
Abi Morgan no inventa, por tanto, aquella revolución. La concentra en un programa ficticio y hace suceder en una única redacción cambios que estaban desarrollándose simultáneamente en varios lugares. Para entender hasta qué punto aquello estaba todavía en construcción resulta útil imaginar, hacia 1956, a varios espectadores sentados ante televisores en distintos países. No estarían viendo simplemente versiones nacionales de un mismo telediario. Verían formas bastante diferentes de contar las noticias.
En Estados Unidos, el espectador encontraba ya el modelo que terminaría imponiendo la figura del presentador en todo el mundo. Las grandes cadenas ofrecían boletines nacionales breves, todavía muy próximos a la radio, en los que una voz reconocible ordenaba las noticias e introducía las imágenes filmadas que habían conseguido llegar a tiempo. El conductor empezaba a convertirse en algo más que un lector: era el rostro al que el público entregaba su confianza.
En Alemania Occidental la experiencia podía ser muy distinta. Tagesschau había comenzado en 1952 y durante sus primeros años seguía pareciéndose mucho a las antiguas actualidades cinematográficas. Imágenes montadas, comentarios en off y ausencia de un presentador visible. Se conserva una edición del 2 de enero de 1953, la única Tagesschau superviviente de toda aquella década, y verla permite comprender de inmediato de dónde procedía aquel lenguaje.
En Francia, el Journal Télévisé había nacido todavía más cerca del noticiario cinematográfico: imágenes y narración fuera de campo. Pero el formato cambió con rapidez. Una emisión completa del 23 de enero de 1957 muestra ya a Claude Darget en el Estudio organizando una conversación con otros periodistas sobre el Mercado Común, Oriente Medio y África. En apenas unos años, la televisión había pasado de enseñar imágenes comentadas a poner periodistas ante la cámara para hablar entre ellos y explicar el mundo.
En Italia, el Telegiornale de la RAI combinaba locutor e imágenes filmadas. Política, actos oficiales, deporte, sucesos y noticias internacionales convivían en espacios todavía cortos y muy dependientes de la película disponible. El parentesco con el noticiario cinematográfico seguía siendo evidente.
Un espectador británico tenía ya ante sí dos caminos. Podía ver el boletín de noticias convencional, pero empezaban a aparecer programas de actualidad que querían hacer algo distinto: salir a la calle, entrevistar, investigar y dedicar varios minutos a una misma cuestión. ITV estrenó "This Week" precisamente en 1956. Se conserva, entre otros materiales, un reportaje de aquel mismo año dedicado a los Teddy Boys de Londres. No es una reconstrucción: es uno de los programas reales que estaban inventando el territorio dramático en el que Abi Morgan colocaría después "The Hour".
En España la comparación resulta todavía más gráfica. TVE empezó a emitir en octubre de 1956, pero el Telediario no nació hasta el 15 de septiembre de 1957 y las noticias también eran leídas por locutores. No se ocultaba que eran teletipos trasladados físicamente desde Radio Nacional. Se salpicaban, cuando se podía, con algunas imágenes compradas del NO-DO o a CBS y United Press. Durante un tiempo, el informativo fue casi una emisión radiofónica a la que, ocasionalmente, se añadían imágenes. RTVE conserva una breve pieza de archivo que permite asomarse a aquel nacimiento.
Así se entiende mejor qué representa "The Hour". El programa ficticio no es exactamente un telediario de 1956. Se parece mucho más a aquellos nuevos magazines de actualidad que estaban apareciendo en Gran Bretaña: espacios capaces de mezclar noticias, reportajes filmados, entrevistas, investigación y discusión política.
En Occidente convivían entonces tres modelos: el boletín leído por un locutor, heredero de la radio; el noticiario construido fundamentalmente con imágenes, descendiente de las actualidades cinematográficas, y el nuevo programa de actualidad en el que el periodista empezaba a preguntar, interpretar e investigar. "The Hour" se instala precisamente en el nacimiento de este tercero.
B
el Rowley tiene además una raíz histórica especialmente interesante. Durante la documentación de la serie, se descubrió a Grace Wyndham Goldie, una de las figuras decisivas en el nacimiento de los programas de actualidad de la televisión británica. Goldie llegó a ocupar posiciones de enorme responsabilidad dentro de la BBC y estuvo relacionada con el desarrollo de espacios como "Panorama" y "Tonight".
Bel no es Grace Wyndham Goldie con otro nombre pero su presencia demuestra que una mujer tuvo auténtico poder en la televisión de aquellos años; no es corrección política contemporánea introducida por los guionistas.
Existe incluso otra mujer que acerca aún más ficción y realidad. En la televisión comercial, Caryl Doncaster era la productora de "This Week". Se produce así una paradoja curiosa: parte del espíritu pionero que "The Hour" atribuye a su BBC imaginaria se estaba desarrollando también, y en determinados aspectos con mayor libertad, en ITV.
La primera temporada coloca en el centro un acontecimiento histórico real: la crisis de Suez de 1956. Gamal Abdel Nasser nacionalizó el canal en julio. Gran Bretaña y Francia, en coordinación con Israel, intervinieron militarmente meses después. Para el Reino Unido el resultado significó mucho más que una derrota política. Suez dejó al descubierto hasta qué punto el antiguo poder imperial británico se había reducido después de la Segunda Guerra Mundial. Es precisamente aquí donde "The Hour" pisa un terreno histórico especialmente firme.
El Gobierno de Anthony Eden ejerció una considerable presión sobre la información durante la crisis. Existía, además, la llamada regla de los catorce días, que restringía la posibilidad de discutir en radio y televisión cuestiones que estuvieran pendientes de un próximo debate parlamentario. La norma terminó convirtiéndose en un problema evidente durante Suez y fue suspendida provisionalmente a finales de 1956 y, después, de manera indefinida. Profesionales de "Panorama" recordarían posteriormente hasta qué punto esas restricciones habían dificultado tratar abiertamente lo que estaba ocurriendo.
Por eso la tensión que "The Hour" establece entre Gobierno, dirección de la BBC y periodistas no es una fantasía escrita desde el presente. En el Parlamento británico llegaron a discutirse las presiones y orientaciones recibidas por la BBC durante la crisis. Otra cosa son los asesinatos, espías y mecanismos conspirativos utilizados por Abi Morgan para convertir esa tensión en thriller.
Ahí la serie abandona deliberadamente la Historia para entrar en la ficción. Su procedimiento es eficaz: modifica los acontecimientos pequeños para hablar con bastante precisión de los grandes. No siempre acierta. Lynne Reid Banks, que había sido una de las primeras reporteras de televisión de ITN, criticó con dureza algunos aspectos de la reconstrucción. Consideraba poco probable la libertad con la que Freddie abandona la redacción y persigue una historia como si trabajara para un periódico de Fleet Street.
Recordaba que los reporteros televisivos recibían los encargos del editor y normalmente se desplazaban acompañados por equipos de cámara. También discutió detalles de los métodos profesionales, la redacción e incluso determinadas elecciones de vestuario.
Uno de los asesores históricos de "The Hour" defendió precisamente lo contrario en el terreno técnico. Las cámaras y buena parte del equipo televisivo correspondían al periodo. Su argumento señalaba, además, que no pretendía ser una reconstrucción documental de BBC News en 1956, sino un drama desarrollado dentro de un contexto histórico reconocible. Probablemente ambas partes tenían algo de razón.
"The Hour" no reproduce exactamente una redacción de 1956. Intenta reconstruir lo que significaba trabajar en el periodismo televisivo cuando muchas de sus reglas todavía estaban siendo inventadas. Ahí encuentra también su lugar particular dentro de la ficción dedicada a periodistas.
"Lou Grant" (1977-1982) convirtió durante años la redacción de un periódico en escenario para discutir cómo se consigue una información, qué debe publicarse y cuáles son los límites del oficio. "Drop the Dead Donkey" (1990-1998) utilizó la televisión para burlarse de sus rutinas, vanidades y miserias. "La sombra del poder (State of Play)" (2003) convirtió la investigación periodística en herramienta para enfrentarse al poder político. Aaron Sorkin hizo de "The newsroom" (2012-2014) una defensa apasionada, y en ocasiones voluntariamente idealizada, de lo que las noticias televisivas deberían ser. "Press" (2018) enfrentó posteriormente dos modelos de prensa británica. "The morning show" (2019-2027) ha utilizado un programa televisivo para hablar de fama, corporaciones, abusos y poder.
"The hour" ocupa un territorio distinto porque llega antes del desencanto. No cuenta la decadencia de una profesión, sino uno de sus nacimientos.
Sus periodistas todavía están descubriendo que la televisión puede enfrentarse al Gobierno, formular preguntas incómodas y poner en duda la versión oficial. Su gran batalla no consiste únicamente en conseguir una exclusiva. Consiste en conquistar el derecho a emitirla. Por eso resulta importante que la historia transcurra precisamente en la BBC.
Una cadena pública contiene una contradicción dramática difícil de mejorar: tiene la obligación de prestar un servicio a la sociedad y, al mismo tiempo, existe dentro de un marco institucional establecido por el poder político. Esa tensión recorre "The Hour" y convierte sus discusiones editoriales en algo bastante más interesante que una exhibición nostálgica de máquinas de escribir, humo y teléfonos de baquelita.
La segunda temporada amplía el objetivo. Gran Bretaña empieza a enfrentarse al mundo de la Guerra Fría, al temor nuclear, a la inmigración procedente del antiguo imperio, al racismo y a una sociedad nocturna en la que se mezclan aristócratas, delincuentes, empresarios y políticos. Es el momento en que parte del viejo establishment británico comienza a resquebrajarse mientras aparece un país diferente. Por eso "The Hour" continúa funcionando tantos años después de su cancelación. Su verdadera pregunta nunca perteneció exclusivamente a 1956.
Cuando un periodista descubre algo que el poder preferiría mantener oculto, ¿hasta dónde debe llegar? ¿Qué sucede si publicar una información puede destruir a una fuente? ¿Dónde termina la prudencia y empieza la censura? ¿Puede una institución informativa mantener su independencia respecto de quienes determinan su financiación o sus reglas? ¿Qué ocurre cuando la persona que aparece delante de la cámara empieza a importar más que aquello que está contando?
La tecnología ha cambiado por completo. Rollos de película, magnetófonos, teléfonos, máquinas de escribir y emisiones prácticamente irrepetibles pertenecen a otro mundo. Las preguntas han envejecido bastante menos. Quizá por eso "The Hour" merece algo más que la consideración de elegante serie británica de época.
Entre las ficciones dedicadas al periodismo sigue siendo una de las pocas que se ocupa del momento en que la televisión descubre que informar no significa simplemente contar lo sucedido. Significa decidir a quién estamos dispuestos a incomodar para poder contarlo.
"The hour" puede verse en España en Amazon Prime
Carlos López-Tapia


































