"Frontera"
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El argumento: Año 1943, plena guerra en Europa. Franco ha bloqueado el paso de judíos que huyen de la represión nazi por los Pirineos. En la aduana de un pueblo fronterizo, Manel Grau, un funcionario con pasado republicano, decide contravenir las órdenes ayudado por Juliana, una vecina del pueblo, y Jerôme, un pasador francés. Entre todos inician una cruzada para ayudar a huir a tantos judíos como sea posible. Es entonces cuando Manel se verá atrapado en una peligrosa odisea que despertará en él y en su mujer Mercé viejos fantasmas de la todavía reciente guerra civil española.
Conviene ver: “Frontera” se sitúa en un pequeño pueblo fronterizo de los Pirineos, un lugar donde las autoridades franquistas bloquean el paso de aquellos que intentan escapar del nazismo. Manel (Miki Esparbé), el cual fue desertor en su momento para poder proteger a los suyos, empieza aquí a afrontar un dilema moral. Él, como empleado público, debe acatar órdenes pero, poniendo en juego su propia seguridad, decide ayudar de manera clandestina a judíos y otros refugiados a cruzar a Francia a través de los Pirineos. Esto coloca el relato en un terreno donde el valor y el miedo conviven constantemente. Esa dualidad, tanto interna como social, atraviesa la película de principio a fin. A medida que la historia avanza, los protagonistas se ven inmersos en un camino peligroso, marcado por la persecución y la amenaza constante, lo que intensifica el drama, pero moviéndoles las ganas de ayudar como vehículo para recobrar la esperanza ante la certeza de una vida gris en la que se ha bajado la cabeza formando parte de una mayoría silenciosa que ha permitido las barbaries de la guerra. Tal y como está escrito el guion, Manel no es visto como un héroe explícito; en cambio, lo presenta como un hombre dividido entre la prudencia y la necesidad de actuar conforme a su conciencia. Las escenas de Manel dudando, observando o callando son tan importantes como sus momentos de valentía y es que en la película mandan más los silencios que los diálogos a la hora de representar el sentir de la época. Pese a ser el primer proyecto de Judith Colell ambientado en el pasado, la directora consigue reconstruir con delicadeza y profundidad un periodo histórico lleno de cicatrices: la Europa sacudida por la guerra, la represión franquista, el temor cotidiano y los gestos silenciosos de solidaridad. La película recuerda constantemente que, más allá de los grandes acontecimientos, existen vidas concretas, emociones, dudas y pequeños gestos de humanidad. El resultado es un drama histórico que se aleja del heroísmo superficial y se adentra en lo frágil, en lo íntimo, en la dignidad escondida de quienes resisten desde el anonimato. “Frontera” demuestra que, incluso en momentos oscuros, hay personas capaces de arriesgarlo todo movidas por la empatía. Esta combinación de memoria, culpabilidad, sacrificio y peligro convierte la película en una experiencia poderosa, exigente y profundamente conmovedora. Su fuerza radica en su humanismo y en la incapacidad de ignorar un pasado que sigue resonando contando con el buen hacer de intérpretes como María Rodríguez Soto, Asier Etxeandia y Bruna Cusí. En conclusión, “Frontera” es más que una obra cinematográfica: es un recordatorio de la importancia de la memoria y de la responsabilidad moral. Una invitación a la acción y a reconocer que ofrecer refugio, tender la mano, actuar con humanidad, puede ser un acto de valentía tan grande como cualquier hazaña épica porque cualquier decisión individual puede cambiar el destino de muchos. Para quienes buscan cine con profundidad ética, emocional e histórica sabiendo mantener la tensión y el interés en todo momento.
Conviene saber: La película está dirigida por Judith Colell.
La crítica le da un SEIS












