Hans Zimmer lleva a otro nivel la música de cine como espectáculo

Hans Zimmer lleva a otro nivel la música de cine como espectáculo

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Querido Teo:

A sus 68 años Hans Zimmer se encuentra en un olimpo que va más allá del hecho de ser uno de los grandes de la composición de bandas sonoras de las últimas décadas. Y es que, durante este tiempo, no solo ha cimentado un estatus en su campo sino que se ha convertido en anclaje generacional y en alguien capaz de trascender a la cultura popular siendo memoria auditiva, cúmulo de recuerdos y una de esas figuras que elevan todo un arte al máximo, fusionando música e imagen contribuyendo a que el sonido sea una amalgama de sensaciones tan indescriptible como fascinante y evocadora. Así lo transmite, y lo logra, en toda una experiencia para los sentidos como es el espectáculo "The Next Level" con el que ha paseado por nuestro país en tres citas inolvidables celebradas en Valencia, Barcelona y Madrid.

Un Hans Zimmer con ademanes de Bruce Springsteen se deja balancear por la cresta de la ola de la fama que le ha dado no solo el cariño de muchos niños de los 90 y adolescentes de los 2000, a la postre el perfil de espectador que más disfruta de este concierto, sino el de un público que se siente arrollado por un espectáculo de primera magnitud en el que la eclosión sonora alcanza cotas difícilmente alcanzables a través de un chute de energía en clave de sintetizador que sabe aunar la potencia con el sentimiento.

Un Zimmer verborreico, generoso y entregado entrelaza pieza y pieza entre anécdotas sobre el proceso de creación, reconfortado en ademanes juguetones y un espíritu jovial y dinámico. Todo ello luciendo el oficio de un viejo zorro desde un trono ganado con merecimiento haciendo partícipe a un grupo de más de 150 personas que le acompañan en el escenario y a los que da sus minutos de lucimiento, bien sea a través de solos o formando parte de una amalgama musical que lleva al éxtasis.

A día de hoy solo Hans Zimmer es capaz de esto en la música de cine (aún le queda mucho para lograrlo a Ludwig Göransson si le consideramos su alumno más aventajado). El compositor de Frankfurt es el maestro de ceremonias y también la pieza fundamental de un engranaje que funciona a la perfección a través de un escenario dividido en tres plantas con instrumentos de cuerda, percusión y viento avivados por la llama de las voces. Una sinfonía apoyada en la sonoridad de un espectáculo moderno y espléndido en el que caben tanto puristas como transgresores a la hora de caer rendidos ante semejante deleite.

Sus colaboraciones con Christopher Nolan y Denis Villeneuve no han hecho más que asentar en el imaginario colectivo la figura de un Hans Zimmer que planifica de manera meticulosa un concierto que se abre con los acordes de "El caballero oscuro" (2008) y que ya se manifiesta como un torrente sonoro apabullante que es capaz de sumergirnos en la atmósfera de Gotham, a través de Like a dog chasing cars, Why so serious? y The fire rises, para después lanzarnos a las arenas del desierto con "Dune" (2021) y su Paul’s dream.

No es necesario que suenen piezas enteras sino que lo que Zimmer propone es una experiencia inmersiva en la que todo fluye por un cauce en el que se retroalimenta una amalgama sonora en la que también se da cita el universo de los superhéroes tal y como es el caso de "El hombre de acero" (2013) en What are you going to do when you are not saving the world? e If you love these people.

El banjo manda con nervio y vibración con los temas de la rítmica "Sherlock Holmes" (2009) en Shadows y Discombobulate para que sea después la mística y la intriga la que se desate con Chevaliers de "El código Da Vinci" (2006). Todo ello para luego cerrar el primer acto con el hipnótico y rotundo segmento de "Gladiator" (2000) conformado por Homecoming, Barbarian horde, Elysium, Honor him y Now we are free. Poder disfrutar de la mítica Lisa Gerrard, aún sin la pureza de su momento de esplendor, lleva a este concierto verdaderamente al siguiente nivel.

Con ya el público ganado el segundo acto se abre con Dream is collapsing de “Origen” (2010) para después permitirse reivindicar uno de sus trabajos más infravalorados pero más arrebatadores como fue el de "Pearl Harbor" (2001), cinta que sufrió llegar a rebufo del fenómeno de "Titanic". And then I kissed him y Tennessee dieron un respiro a la intensidad para que fuera la emoción la que tomara el protagonismo.

Antes había sido el turno de “Ángeles y demonios” (2009) con 160 BPM o los derrapes de la reciente "F1: La película" (2025) para después volver al terreno de la ciencia ficción con "Interstellar" (2014) con Day one, Murph, Coward y S.T.A.Y. llegando a su máximo apogeo con una bailarina sostenida en el aire brillando más que las propias estrellas en un viaje a través del tiempo y la incertidumbre de hasta qué punto podemos concluir si estamos solos o no en el universo.

Por supuesto el as en la manga no puede ser otro que "El rey león" (1994). El éxito de la película en los noventa y el posterior musical que ha dado vueltas por todo el mundo no han hecho más que agrandar la leyenda de esta proeza que le valió a Hans Zimmer su primer Oscar contando con las bazas de Circle of life, Remember o Stampede así como la encomiable colaboración de algunas de las voces originales que nos introdujeron en plena sabana africana.

Por si no fuera ese el mejor cierre, con el público en pie y obnubilado, el gancho popular de "Piratas del Caribe" (2003) llenó de fuerza y espíritu de aventura con The Kraken, One day, Jack Sparrow y He's a pirate. Momento de la orquesta para lucirse para que después al que le tocara llegar a ello fuera al propio Hans Zimmer para que, tras todo lo vivido durante casi tres horas, y con las medidas notas de su piano, diera el mejor epílogo posible.

Zimmer más estrella que nunca elevando nuestras almas con el ya célebre Time de "Origen" y confirmando un viaje de épica y melancolía con la música de cine como lenguaje universal y como vehículo de emociones que nos conecta con los demás a través de recuerdos compartidos pero que también linda con lo más profundo de nosotros mismos. Un espectáculo total, arrollador e impecable, con un Zimmer vanguardista y prestidigitador desplegando todo su legado en un deleite a todos los niveles.

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Nacho Gonzalo

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