In Memoriam: Adolfo Aristarain, el humanista que unió España y Argentina a través de su cine
Querido Teo:
A los 82 años ha fallecido el cineasta argentino Adolfo Aristarain, figura muy unida al cine español (tenía doble nacionalidad desde 2003) que supo en su cine hablar de las injusticias a través de una mirada humanista y reveladora sobre la condición humana, el paso del tiempo y el desarraigo. Ganó el Goya a la mejor película iberoamericana por "Un lugar en el mundo" en 1993 y al mejor guión adaptado por "Lugares comunes" en 2003. También fue candidato a la mejor dirección por "Martín (Hache)" en 1998 y a mejor dirección y guión original por "Roma", su última película, en 2005, estando también detrás de los Goya interpretativos de Cecilia Roth ("Martín (Hache)") y Mercedes Sampietro ("Lugares comunes"). En 2024 recibió la Medalla de Oro de la Academia de Cine “por ser uno de los nombres fundamentales de la historia del cine en español, destacado representante del fundamental cine argentino, que tanto ha aportado a nuestra cinematografía”.
Nacido en el barrio del Parque Chas en Buenos Aires el 19 de octubre de 1943, apasionado desde la infancia de la literatura, el cine y la música, y admirador de nombres como John Ford, Howard Hawks, Raoul Walsh, Nicholas Ray, John Huston y Alfred Hitchock, tuvo algunos acercamientos al cine como montador y sonidista en Río de Janeiro, y como ayudante de producción en Buenos Aires. Finalmente, a comienzos de los años setenta, comenzó a trabajar como ayudante de dirección de manera profesional. En el año 1967 se instaló en Madrid y regresó a Buenos Aires en 1974.
Asistió en la dirección a su gran amigo, Mario Camus, al que consideraba su maestro, y también a Vicente Aranda, Sergio Leone, Lewis Gilbert, Gordon Flemyng o Sergio Renán; y escribió guiones en colaboración con nombres como Mario Camus o, especialmente, Kathy Saavedra, la cual según él evitaba que sus textos cayeran en la sensiblería apostando por la contención emocional. "El cine es un oficio despiadadamente traidor para quien lo ejerce. Aunque uno intente esconder lo que uno es, tarde o temprano el director desnuda su alma sin quererlo en primer plano", declaró Aristarain sobre su oficio.
En el cine de Aristarain se apuesta por el valor y profundidad del significado de la palabra, siempre con un alto valor literario, y la reivindicación de la tierra bien sea desde escenarios naturales o comunidades rurales. Una figura que exploró un cine comprometido, desde la perspectiva social argentina, pero de marchamo clasicista y en cierta manera "fordiano".
11 largometrajes jalonan una filmografía que se inició con "La parte del león" en 1978 y prosiguió con una serie de títulos en los que apostó por el humanismo y el revisionismo histórico. Se convirtió en un clásico del Festival de San Sebastián desde que ganó la Concha de Oro por "Un lugar en el mundo" en 1992. Después vendría el premio a mejor actor para Federico Luppi por "Martin (Hache)" en 1997, el premio a la mejor actriz para Mercedes Sampietro y al mejor guión por "Lugares comunes" en 2002 y el premio a la mejor dirección por "Roma" en 2004.
Otros títulos destacados de su filmografía son "Tiempo de revancha" (1981), la primera de sus siete colaboraciones con Federico Luppi, y "La ley de la frontera" (1995), en la cual incluso se puso delante de las cámaras. Además triunfó en televisión con la adaptación de las aventuras del detective Pepe Calvalho adaptando la obra de Manuel Vázquez Montalban en 1986.
Adolfo Aristarain también fue protagonista de una de las descalificaciones históricas de una película tras ser nominada al Oscar. Ocurrió en 1993 cuando la película argentina "Un lugar en el mundo", una de las favoritas al premio tras ser un éxito de crítica y público tanto en Argentina como en España, fue nominada al Oscar de mejor película de habla no inglesa representando a Uruguay (Argentina había elegido previamente no sin polémica a "El lado oscuro del corazón" de Eliseo Subiela) violando la norma de que la propuesta debe ser dirigida, escrita y producida por gente de la nacionalidad del país por el que se presenta la película.
La Academia no aceptó como uruguaya a una película que tenía como única implicación de aquel país la nacionalidad de la coguionista y diseñadora de vestuario de la mujer de Aristarain, Kathy Saavedra. Los mentideros dicen que México, pensando que una descalificación beneficiaría a "Como agua para chocolate" al entender que pudo quedar sexta en las votaciones, presionó para que la Academia tomara esa decisión pero, aunque así fue, la plaza quedó desierta.
La figura de Adolfo Aristarain, retirada en la práctica desde hace dos décadas pero todavía sobrevolando la memoria de muchos cinéfilos, queda como la de alguien capaz de hacer reflexionar sobre los avatares de un mundo aquejado del arrase del capitalismo y de la injusticia social a través de la emoción de unas historias que se rebelan, a través de pequeños actos, frente a ello. Es ilustrativa la despedida de Juan Diego Botto que en redes sociales ha publicado lo que le dijo Aristarain sobre "Martín (Hache)": "Mi película habla de que merece la pena vivir por la gente que queremos".
"No extraño filmar, pero tiene que haber algo que me mueva y me entusiasme. Y hasta ahora no ha aparecido", declaró en una de sus últimas entrevistas cuando se le preguntaba por sus años de ausencia en la pantalla. "El cine resurgirá. No lo van a matar", dijo cuando recibió la Medalla de Oro de la Academia y denunció el desprecio por la cultura llevado a cabo por el gobierno del presidente Javier Milei.
Nacho Gonzalo



















