In Memoriam: Frederick Wiseman, radiografiando las fisuras del sistema

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Querido Teo:

El respetado documentalista Frederick Wiseman ha muerto a los 96 años destacando en su obra por un carácter social que se ha manifestado a través de la pantalla a lo largo de seis décadas. Uno de sus trabajos más emblemáticos es el documental “Hospital” (1970), por el que obtuvo dos Emmys, pero sus títulos cinematográficos más valorados entre el medio centenar de trabajos que componen su obra son "Titicut Follies" (1967), “High School” (1968), “Ley y orden” (1968), “Near death” (1989), “Public housing” (1997), “Domestic violence” (2001), “Crazy Horse” (2011), "At Berkeley" (2013), "La danza" (2009), "National Gallery" (2014), “Ex Libris: La biblioteca pública de Nueva York" (2017), "City Hall" (2020) y "El gran menú" (2023). Recibió el premio honorífico del Festival de Venecia en 2014 y el Oscar honorífico en 2016. También fue merecedor del premio George Polk, concedido por la Universidad de Long Island, para celebrar y recompensar sus contribuciones a la integridad periodística y los reportajes de investigación.

Nacido en Boston el 1 de enero de 1930, y procedente de una familia judía, se graduó en el Williams College y en la Facultad de Derecho de Yale. La curiosa y lúcida cámara de Frederick Wiseman pasó por los pasillos de hospitales, escuelas, librerías, cárceles o museos para adentrarse en las entretelas de esas instituciones que nos definen como sociedad. El máximo exponente de todo ello fue su debut detrás de las cámaras en “Titicut Follies” (1967), controvertido y aclamado documental que narra la vida de los reclusos de la prisión psiquiátrica de Bridgewater en Massachussets.

En 1968 el juez Harry Kalus calificó el film como "80 minutos de sordidez brutal y degradación humana" y solicitó que la película fuera destruida. A pesar de su valor periodístico, el documental estuvo prohibido en algunos estados norteamericanos hasta 1991 debido a su crudo retrato de los abusos sufridos por los internos a mano de los guardas de seguridad y los médicos de la institución. Unos decían que para proteger la intimidad de los internados, otros para evitar que el mundo fuera consciente de lo que allí estaba sucediendo.

Wiseman no tuvo miedo a que emergieran las fallas del sistema aunando humanismo, denuncia y la defensa de lo publico como algo que preservar y proteger sabiendo capaz de captar lo cotidiano apostando por la autenticidad sin artificios. Siendo consciente de que la propia selección y edición del material rodado ya supone un punto de vista y una alteración de la realidad, más allá de la influencia que tiene para un sujeto saber que está siendo grabado, Wiseman no renuncia al suspense ni a la estructura dramática con el fin no solo de interesar al espectador sino también el no perder su vertiente de estar ante una película.

Wiseman, además de dirigir, escribía, producía y montaba todas sus películas con el fin de dotar a sus cintas de una uniformidad y de evocar los orígenes de aquellos pioneros que lo primero que hicieron cuando descubrieron la herramienta del cine no era otra que intentar captar la realidad. Wiseman rodó sobre un gran número de temas, con las instituciones como pretexto, con el fin de generar la reflexión del público.

Su cámara era amplia y precisa y su proceso de montaje entre lo divulgativo, lo ensayístico y lo crítico. Wiseman rechazó el calificativo de que su cine era observacional o propio del "cinéma vérité" alejándose de la pomposidad del término y viendo su obra más como un documento histórico testigo de un tiempo para que pudiera ser revisitado en el futuro.

Su esposa durante 65 años, Zipporah Batshaw Wiseman, falleció en 2021. Le sobreviven dos hijos, David y Eric, y tres nietos, así como Karen Konicek, su amiga y estrecha colaboradora, que trabajó con él durante 45 años. En 2024, su distribuidora Zipporah Films comunicó que todas sus películas estarían disponibles en formato digital en su página web con el fin de que su legado pudiera seguir vivo.

Fue el Festival de Venecia el que más reparó en él no solo concediéndole el León de Oro honorífico en 2014 sino permitiendo que entrara en competición con "Ex Libris: La biblioteca pública de Nueva York" en 2017 (ganando el FIPRESCI y pasando también por la sección Zabaltegi del Festival de San Sebastián) y "Tolstói y Sophia, una pareja" en 2022. Fue candidato en tres ocasiones al César al mejor documental por "La danza" en 2010, "Crazy Horse" en 2012 y "National Gallery" en 2015.

El respeto despertado a lo largo de todo el mundo, considerando sus hogares Cambridge (Massachusetts), Northport (Maine) y París (Francia), se tradujo, además, en apariciones en forma de cameo para directoras como Rebecca Zlotowski en "Los hijos de otros" (2022) y "Vida privada" (2025) así como Laura Piani en "Jane Austen arruinó mi vida" (2024).

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Nacho Gonzalo

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