"La profesora de piano"

"La profesora de piano"

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La web oficial.

El argumento: Es el 60 cumpleaños de Lara, a quien no le faltan motivos para celebrarlo: su hijo Viktor va a dar el concierto de piano más importante de su carrera. Ella fue quien proyectó y guió su trayectoria musical, pero llevan varias semanas sin hablar y nada parece indicar que Lara será bienvenida en su debut como intérprete profesional. Sin pensárselo dos veces, compra todas las entradas que quedan a la venta y las distribuye entre cuantos se va encontrando. Pero cuanto más se esfuerza para que la velada sea un éxito, más se descontrola todo.

Conviene ver: “La profesora de piano” es una película alemana que presenta muchos matices y grises a la hora de mostrar una sociedad que vive del éxito y de la apariencia, representándose en la figura de una funcionaria prejubilada y madre tan abnegada como castradora ante el concierto de piano que va a llevar a cabo su hijo. Corinna Harfouch y Tom Schilling están excelentes en una puesta en escena impecable y sólida que contribuye a la frialdad y a la perspectiva que tiene que adoptar el espectador ante una cinta que no juzga pero que sí explora caminos interesantes desde el punto de vista psicológico y que convierten a esta cinta en una heredera natural de las obsesiones enfermizas de “La pianista” de Michael Haneke con una protagonista gélida y con la que es difícil empatizar, algo que hace destacar todavía más la interpretación de la actriz, dando sobre todo una gran pena ante los hechos que termina llevando a cabo. El arte como salvación frente a la obsesión por la perfección que lleva a construir con su hijo una relación basada en el sadismo representando en él todo lo que ella no ha podido ser cómo asiste sola y enferma frente a su espejo preparándose para la gran noche. El misterio que rodea al pasado de la madre fluye en su interior y se manifiesta en sus reacciones con su hijo, en una mezcla entre orgullo y envidia en el que el perfeccionismo técnico, la autoexigencia y la frustración de lo que ella pudo ser y no fue acaban brotando como resultado de sus problemas de comunicación durante una jornada en la que sobrevuela el miedo atroz al fracaso en una sociedad que sólo prima el éxito a través de un talento artístico que emana como una condena familiar. Un día en el que la protagonista se mueve entre el patetismo de la insatisfacción de una sociedad contemporánea en la que el ego y la insatisfacción termina arrasando cualquier lazo afectivo utilizando a los demás como meros instrumentos y repartiendo 22 entradas de concierto que la protagonista ha comprado para el concierto de su hijo ante la perplejidad de unos y la singular complicidad que se establece con desconocidos tan complejos como ella en esa jornada, tal es el caso del profesor de piano que dejó bien claro en su juventud a la protagonista que no valía ni que tenía técnica lo cual, dentro de esas técnicas de enseñanzas tan dañinas y poco motivadoras a pesar del talento verdadero que reside en muchos, le llevó a otro camino en su existencia en el que tuvo una vida fácil pero en la que la pasión por lo que hacía brilló por su ausencia. Intensa e impecable a lo largo de sus dos actos demuestra la capacidad para crear atmósferas y retratar personajes de un director más que interesante que destaca en una puesta en escena sobria, simétrica y con empaque a través de sus planos estáticos en el que sus personajes no verbalizan pero sí dejan patentes lo noqueados que están por una vida de infelicidad en la que se han dejado llevar por lo cómodo sin ser felices ellos pero tampoco siendo capaz de hacerlo a los demás.

Conviene saber: La cinta está dirigida por Jan-Ole Gerster (“Oh boy”).

La crítica le da un SEIS

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