"Más se perdió en Filipinas"

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Bernardino Sánchez fue un sanitario lucense que formó parte del pequeño grupo de oficiales y soldados defensores, más allá de toda lógica, del último resto del imperio español. Al igual que sus compañeros fue recibido sin honores militares, aunque sí con cena, copa y puro. La memoria de Bernardino "pagó" el precio de que se rodara una película con el título de "Los últimos de Filipinas".

Título: "Más se perdió en Filipinas"

Autor: Jesús Valbuena García

Editorial: Ediciones Encuentro

Bernardino sobrevivió al asedio más largo en una guerra moderna. Se produjo en la pequeña localidad de Baler, durante la guerra hispano-norteamericana que acabó con los restos imperiales de España en 1898. Al regresar a España fue uno de los condecorados y recibió una pensión, además de una carta de reconocimiento de la Casa Real. Esto ocurrió en 1900 y Bernardino abrió una taberna en Guitiriz. Murió pocos años después de quedarse viudo y en el centenario del final del asedio, en 1999, el Ayuntamiento gallego decidió dedicarle una calle y un monolito, pero el mismo organismo decidió retractarse en 2016 por considerarlo "un símbolo franquista"

No sirvió de nada el que Bernardino hubiera fallecido en 1926, una década antes del comienzo de la Guerra Civil, ni que su tarea no fuera la de combatir sino la de sanar. Según explica su nieto Manuel Sánchez, en una entrevista mencionada en este libro, «algunos no interpretan bien lo que significa Baler. Creen que evoca una guerra colonial, genéricamente, y no la increíble e histórica gesta de un puñado de hombres en particular».

La historia de lo ocurrido en la iglesia del lugar donde décadas después se rodarían las secuencias de playa y surf más espectaculares de "Apocalypse Now", las recoge ahora otro de los descendientes del grupo de resistentes que se negaron a entregarse cinco veces, de los que varios murieron, algunos escaparon y que hoy son recordados con una placa, en inglés, en la fachada de la iglesia de Baler, mientras son conmemorados en un monumento en el mayor cementerio español, creado en los mismos años en que se producía el asedio filipino.

La creación de la Almudena a finales del siglo XIX respondió a un problema de salud pública común en toda Europa: el cólera. Carlos III ordenó construir alrededor de la capital enormes camposantos. Así nació la Necrópolis del Este en el año 1884. Pero mientras se trazaba su estructura y se colocaban sus primeros ladrillos, una oleada de cólera arrasó la ciudad. Fue necesario improvisar un cementerio al lado de la gran necrópolis. Se trataba de uno pequeño, desordenado, sin el trazado pensado de las necrópolis que el monarca había deseado. Ese pequeño camposanto se llamó Nuestra Señora de la Almudena y, aunque todo el mundo lo conoció como "el cementerio de las epidemias", uno acabó formando parte del otro. Hoy ambos son parte del gran cementerio actual, y allí se conserva el monumento a los hombres que protagonizaron el final más heroico y al mismo tiempo ridículo para uno de los imperios más extensos y duraderos de la Historia.

Se conserva mientras no aparezca algún memo votado por sus conciudadanos, que no sea capaz de entender la Historia o se piense que las Filipinas son unas galletas de chocolate, y decida eliminarlo. Suena estúpido, lo sé, pero visto lo visto, analizada la epidemia de "presentismo" que niega el pasado juzgándolo como si fuera presente, ¿os jugaríais alguien un solo día de buena vida apostando a que algo así no pueda ocurrir?

El libro de Valbuena es el producto de una dedicación de muchos años, viajes y conversaciones, para distinguir entre hechos y opiniones, para recordar y aprender. Casi un siglo después de la primera versión de la película que enterró la memoria de Bernardino, se realizó esta nueva versión.

Carlos López-Tapia

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David
David
3 meses atrás

Muchas gracias por tu nueva recomendación, Carlos. Leo con fruición tus críticas, siempre positivas, y he disfrutado cada uno de los libros que leído de aquellos que has recomendado.

A tu pregunta, tal vez retórica, y si es así me disculpo, respondo que no tengo ninguna duda de que en estos momentos todo se sostiene precariamente, al albur de lo que los usuarios de las redes sociales, en su histerismo ignorante, tengan a bien sentenciar.

Bueno, ellos y quienes en lugar de ignorarles, corregirles o instruirles, aceptan encantados cumplir las sentencias que les dicten. Me refiero a la parte Ejecutiva de las AA.PP. de todas partes, cuyos mandos nunca desaprovechan la ocasión de ganar votos.

Vamos, que a estas alturas me parece que toda estatua o nombre de vía pública que no rinda homenaje a una hortaliza está en peligro. Y digo hortaliza porque seguramente una calle Del Puerco, De la Vaca, Del Toro, Del Lobo, De la Cucaracha o de cualquier otro bicho seguramente también moleste a unos u otros o a ambos.

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