"Playa de lobos"
La web oficial.
El argumento: Manu trabaja en un chiringuito de playa, y Klaus es un turista que no quiere levantar el culo de la última tumbona que falta por recoger. Aparentemente parece solo el encuentro casual de dos tipos totalmente opuestos y condenados a no entenderse. Pero Manu empieza a sospechar que Klaus no está en esa playa por casualidad, ni es quien decía ser. La tensión va subiendo entre ellos, hasta que Klaus le hace a Manu una desconcertante y perturbadora propuesta.
Conviene ver: “Playa de lobos” parte del encuentro fortuito entre un tipo frustrado que trabaja en un chiringuito de la playa de Fuerteventura y un turista locuaz que no quiere levantarse de la última tumbona que ocupa y que es la que queda por recoger. Lo que al principio parece un simple malentendido pronto se convierte en un juego psicológico: la actitud de Klaus despierta sospechas y una sensación de peligro que crece lentamente. La película se construye sobre esta ambigüedad, manteniendo al espectador siempre en un estado de incertidumbre sobre las verdaderas intenciones de los personajes. Uno de los puntos más fuertes de la película es cómo maneja la tensión sin recurrir a soluciones dramáticas evidentes. El director prefiere insinuar y sugerir, dejando que el espectador complete los vacíos con su propia imaginación. Esa mezcla de thriller psicológico y toques de humor negro funciona en muchas escenas, especialmente cuando los personajes interactúan en la rutina diaria del chiringuito, generando una atmósfera a la vez extraña y absorbente. Dani Rovira da vida a Manu con un aire de vulnerabilidad y desconcierto, mientras que Guillermo Francella, interpretando a Klaus, logra transmitir una ambigüedad inquietante: nunca se sabe si es un simple turista despistado o alguien con motivos más oscuros. Esa tensión entre cercanía y amenaza mantiene la película en un estado de alerta constante. Un divertimento verborreico en forma de thriller psicológico que parte del enfrentamiento de dos personajes antagónicos y que se apoya en ácidos diálogos y en el buen tándem formado por Dani Rovira y Guillermo Francella que dan alas a semejante ingenio tragicómico de humor inclasificable y que, en cierta manera, es una réplica, popular y juguetona, del punto de partida de “Extraños en un tren” (1951) hablando sobre el papel de la condición humana y hasta qué punto reprimimos nuestros instintos más salvajes. Aunque tiene algunos puntos débiles como algunas escenas lentas o momentos en los que el humor y el suspense no encajan del todo bien, la película invita a reflexionar sobre la fragilidad humana y como situaciones a priori triviales pueden desencadenar conflictos profundos. Es fresca, poco previsible y aguanta más que bien el tipo gracias a sus actores y a un trabajo fino en el guión tirando de giros, réplicas y diálogos afinados.
Conviene saber: Es el segundo largometraje como director del actor Javier Veiga.
La crítica le da un CINCO












