Venecia 2026: La extravagancia de Werner Herzog devora a las hermanas Mara y John Malkovich eleva lo nuevo de Martin McDonagh

Venecia 2026: La extravagancia de Werner Herzog devora a las hermanas Mara y John Malkovich eleva lo nuevo de Martin McDonagh

1 Sarcofago2 Sarcofagos3 Sarcofagos4 Sarcofagos5 Sarcofagos (Sin votaciones)
Cargando...

Deja tu comentario >>

Querido primo Teo:

Durante este fin de semana la Mostra de Venecia compite con Telluride por la atención de cineastas, estrellas, críticos, cazadores de tendencias y esa siempre pacífica y nada dada al postureo comunidad festivalera que durante las próximas semanas se afanará en decidir qué películas merecen la gloria y cuáles están destinadas al olvido. Como suele ocurrir en los primeros compases de la Mostra, las propuestas más esperadas conviven con otras que llegan sin hacer demasiado ruido y terminan reclamando su espacio. Entre las primeras películas vistas encontramos tres propuestas muy diferentes entre sí (la extravagancia de Werner Herzog, el realismo social de Cédric Kahn y la comedia negra de Martin McDonagh) que permiten tomar el pulso a un festival que, una vez más, parece dispuesto a moverse entre la cinefilia más exigente y el espectáculo.

A sus 83 años, el cineasta alemán Werner Herzog sigue derrochando energía y demostrando que su imaginación permanece tan indómita como siempre. Buena muestra de ello es "Bucking fastard", un filme tan excéntrico, complejo e inclasificable que ha desconcertado a la corte veneciana. Protagonizada por las hermanas Rooney y Kate Mara, la cinta presenta a Jean y Joan Holbrooke, dos hermanas tan inseparables que viven, literalmente, como una sola persona: comparten cama, se visten igual y hablan y actúan simultáneamente.

Ambas están obsesionadas con su vecino, Gareth Mulroney (Orlando Bloom), con quien mantienen una relación sexual a tres bandas hasta que él decide casarse con otra mujer, desencadenando una cadena de situaciones disparatadas que incluye acoso, "voyeurismo", actos de vandalismo, un incendio y una orden de alejamiento. Tras comparecer juntas ante un tribunal irlandés, las hermanas son enviadas a Dublín, donde un trabajador social intenta fomentar su independencia, algo que las protagonistas perciben como una amenaza a su particular forma de existencia.

Herzog, que será homenajeado en el próximo Festival de San Sebastián, construye una singular fábula en la que mezcla comedia absurda, cuento de hadas, realismo mágico y una dimensión casi mitológica. La fotografía de Peter Zeitlinger y la música de Ernst Reijseger contribuyen a acentuar el carácter onírico de una historia cuyo germen se encuentra en las gemelas británicas Freda y Greta Chaplin, conocidas por su peculiar comportamiento y su forma sincronizada de hablar. Pero buena parte del mérito corresponde también a Kate y Rooney Mara, que llevan su complicidad hasta el extremo y consiguen convertirse en una especie de único personaje desdoblado, un prodigioso ejercicio de interpretación y sincronización.

"Bucking fastard" resulta especialmente estimulante en sus momentos más sencillos, cuando Herzog observa la peculiar relación entre las dos hermanas y encuentra en sus gestos cotidianos una fuente de humor y extrañeza, y también cuando se entrega sin complejos a su faceta más lúdica y delirante. El principal problema de la propuesta es que, tras un inicio prometedor e incluso fascinante dentro de su propio universo, acaba convirtiéndose en un ejercicio de extravagancia que confunde imaginación con profundidad y termina sepultando incluso a las propias hermanas Mara bajo una acumulación de simbolismos, digresiones y elementos fantásticos.

Se echa en falta una mayor exploración de la psicología de estas dos mujeres absolutamente dependientes la una de la otra y también del mundo que las rodea. Herzog plantea preguntas sugerentes sobre la identidad, la soledad, la pertenencia y la posibilidad de que dos personas lleguen a compartir una misma alma, pero el relato termina alejándose de ellas para transformarse en una fábula cada vez más abstracta sobre la búsqueda de un mundo mejor.

El cineasta francés Cédric Kahn aborda en "15/18 (A place to hell)" las dificultades de un Estado francés con un enorme peso de lo público para gestionar adecuadamente sus recursos, poniendo el foco en uno de los ámbitos donde estas carencias resultan más evidentes: la salud mental. Se adentra en la unidad psiquiátrica de un hospital público donde permanecen ingresados adolescentes de entre 15 y 18 años.

A través de Lucia, una joven de 17 años que regresa al centro tras varios intentos de suicidio, y de otros pacientes como la vulnerable Éloïse y el conflictivo Enzo, la película retrata la convivencia entre jóvenes marcados por la depresión, los traumas y distintos trastornos emocionales. Kahn, que investigó durante meses en instituciones reales antes de escribir el guion junto a Kahina Le Querrec, adopta una mirada humanista y nada complaciente, extendiendo también su atención al personal sanitario y al difícil trabajo de médicos y educadores.

La primera mitad es la más convincente: con un estilo próximo al documental y al cine de los hermanos Dardenne o Laurent Cantet, Kahn combina escenas colectivas con conversaciones íntimas y deja que sus jóvenes intérpretes, profesionales y no profesionales, transmitan con naturalidad la fragilidad, la violencia y las contradicciones de sus personajes. La cámara de Patrick Ghiringhelli, cerrada, móvil y casi siempre pegada a los protagonistas, convierte la unidad en un espacio simultáneamente protector y claustrofóbico, refugio y purgatorio. También destaca el trabajo de Malou Khebizi, Zoé Monpart y Kenji Peyran, capaces de dotar de autenticidad a un retrato que funciona especialmente bien cuando se limita a observar la vida cotidiana del centro.

El problema aparece cuando la película abandona progresivamente ese tono naturalista para apoyarse en una trama más convencional, con la llegada de Enzo y el triángulo amoroso que establece con Lucia y Éloïse, hasta desembocar en un último acto de incendio, fuga y romanticismo que puede resultar excesivamente melodramático y poco coherente con lo anterior. Aunque este giro introduce una dimensión más esperanzadora y reivindica el derecho de estos adolescentes a fantasear y soñar con otra vida, también resta fuerza a una película cuyo planteamiento, por otro lado, no resulta especialmente novedoso.

"15/18 (A place to hell)" es, así, una obra austera, emocionalmente poderosa y profundamente humana, que encuentra su mayor virtud en la autenticidad de sus personajes y en la mirada compasiva de Kahn, pero cuya estructura fragmentaria y deriva narrativa final le impiden alcanzar toda la intensidad que promete.

Martin McDonagh se ha convertido en un indispensable en la etapa más reciente de la Mostra de Venecia. Tras "Tres anuncios en las afueras" (2017) y "Almas en pena de Inisherin" (2026) presenta "Wild horse nine" sobre la labor desempeñada por la CIA durante la caída de Salvador Allende que combina comedia negra, thriller político y reflexión existencial. Protagonizada por John Malkovich y Sam Rockwell (quien le debe el Oscar a McDonagh), que interpretan Chris y Lee, dos agentes de la CIA destinados en Chile en 1973, con la misión de contribuir en la desestabilización de la democracia chilena.

Antes de que se consuma el golpe, ambos viajan a Rapa Nui con la excusa de unas vacaciones para contemplar los moáis, pero el viaje adquiere progresivamente un carácter introspectivo cuando Chris, veterano de numerosas operaciones clandestinas, comienza a sufrir un deterioro cognitivo mientras prepara sus memorias y se enfrenta a la proximidad de la muerte.

McDonagh recupera elementos de "Escondidos en Brujas" (2008) y "Almas en pena de Inisherin" (2022): personajes moralmente cuestionables, diálogos afilados, humor corrosivo y un paisaje aislado que propicia la soledad y la reflexión. Sin embargo, aquí añade una dimensión política y moral más ambiciosa al convertir a sus protagonistas en representantes del intervencionismo estadounidense.

La belleza de Rapa Nui, captada por la fotografía de Ben Davis, y la presencia de los moáis y los caballos salvajes proporcionan un poderoso contraste con unos personajes vinculados a la violencia y la injerencia internacional. La isla funciona así como testigo silencioso de la historia y como escenario de una reflexión sobre la memoria, el olvido, la culpa y la desaparición de los imperios.

El gran atractivo de la película es John Malkovich, que hacía años que no asumía un rol de una manera tan fascinante. Su Chris es cínico, divertido, cansado y vulnerable, un asesino profesional que nunca ha necesitado conciencia pero que, ante la proximidad de la muerte y la pérdida de memoria, comienza a enfrentarse a su pasado. Sam Rockwell funciona como magnífico contrapunto y aporta buena parte de la dinámica cómica entre ambos, mientras Steve Buscemi destaca como el irascible superior de la CIA. La relación entre los dos protagonistas permite además introducir temas como la amistad masculina, la lealtad y la responsabilidad compartida.

La película, sin embargo, no siempre consigue equilibrar sus diferentes registros. Su humor negro resulta en ocasiones repetitivo y previsible, y el ritmo se resiente durante una primera mitad demasiado discursiva y errática. La gravedad del golpe de Estado chileno y de los crímenes asociados al intervencionismo estadounidense pesa sobre una comedia que pretende que simpaticemos con unos personajes directamente implicados en ellos. La posible redención de Chris resulta, por ello, problemática: su crisis de conciencia no siempre parece suficiente para justificar el grado de empatía que McDonagh reclama hacia él. A ello se suma una mirada sobre Rapa Nui que puede resultar excesivamente colonial, al convertir la isla fundamentalmente en el escenario de la transformación personal del protagonista.

Pese a sus irregularidades, "Wild horse nine" encuentra sus mejores momentos cuando abandona la necesidad de ser ingeniosa y se concentra en la relación entre sus protagonistas y en el progresivo deterioro de Chris. Las notas que éste escribe para recordar que se está muriendo o que no debe confiar en Lee condensan la melancolía de una película que habla, bajo su apariencia de comedia criminal, del miedo a desaparecer sin haber podido reparar el daño causado. El resultado es una obra más melancólica que divertida, irregular pero emocionalmente poderosa, cuya principal virtud es la extraordinaria interpretación de Malkovich y cuya principal debilidad reside en una mezcla de tonos y ambiciones que McDonagh no siempre consigue hacer convivir.

Estas primeras películas dejan, por tanto, una impresión tan estimulante como desigual, quizá la mejor manera de comenzar un Festival que todavía tiene mucho que decir. Y si algo demuestra las primeras jornadas de esta edición de la Mostra es que, al menos de momento, en el Lido hay más preguntas que respuestas y bastante más interés por provocar que por complacer. Todavía quedan muchos días para averiguar si entre esta primera cosecha se encuentra alguna de las películas que terminarán marcando la temporada.

Mary Carmen Rodríguez

¿Compartes?:
  • email
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • FriendFeed
  • LinkedIn

Comentarios

Suscríbete
Notificar
guest
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
0
Me encantaría conocer tu opinión, comenta.x
()
x