In Memoriam: Mark Rydell, eficacia y autenticidad a través de las historias y sus intérpretes
Querido Teo:
A los 97 años ha fallecido el director, actor y productor Mark Rydell. En su labor como realizador hay que quedarse con "La rosa" (1979), biopic musical inspirado libremente en la vida de Janis Joplin para lucimiento de Bette Midler que debutó en el cine a lo grande con este papel, y "En el estanque dorado" (1981), adaptación de la obra teatral de Ernest Thompson que no tardó en ser un emblema del drama de pareja otoñal con unos inolvidables Henry Fonda y Katharine Hepburn, y por la que fue nominado al Oscar, al Globo de Oro, al Bafta y al Gremio de Directores (DGA). A lo largo de su carrera dejó patente su eficacia detrás de la cámara, la habilidad para extraer autenticidad de sus historias y su don para la dirección de actores.
Nacido en Nueva York el 23 de marzo de 1929, estudió en la Juilliard School con la intención de convertirse en director de orquesta, pero el teatro terminaría llamando a la puerta. No debutaría en el oficio hasta los 34 años con capítulos televisivos en series como "El virginiano" (1963), "Mr. Novak" (1964), "La ley del revólver" (1964-1966), "El congresista" (1965), "Yo soy espía" (1965), "Jim West" (1965) o "El fugitivo" (1966).
Era una buena opción a la que recurrir por su eficacia y rapidez. Antes ya se había labrado una carrera como actor en culebrones televisivos de la década de los cincuenta, labor que alternaba con incursiones teatrales y con algunos shows como pianista de jazz.
Debutaría en el cine detrás de las cámaras con "La zorra" (1967), triángulo amoroso revolucionario para la época (se daba a entender la relación entre las dos mujeres protagonistas a las que altera la irrupción de un apuesto extraño en la granja en la que viven) adaptando la novela de D.H. Lawrence y por la que consiguió una nominación al Globo de Oro. La película tenía también una escena de masturbación que avivó más la polémica.
Su experiencia en el western televisivo le haría dirigir a Steve McQueen en "Los rateros" (1969) y a John Wayne en "Los cowboys" (1972), mostrando su interés por las historias humanas de personajes aparentemente no destinados a encontrarse tal fue el caso de "Permiso para amar hasta medianoche" (1973), relación inicipiente entre un soldado de la Marina que se encuentra en situación de permiso (James Caan) y una madre soltera que ejerce la prostitución (Marsha Mason).
A continuación repetiría con James Caan en la chispeante historia de estafadores de "Harry y Walter van a Nueva York" (1976) antes de llegar a su mayor cota con "La rosa" (1979) y "En el estanque dorado" (1981).
Así le ha despedido en sus redes sociales Bette Midler, actriz de la que sacó toda su garra y potencial en un debut fulgurante delante de la cámara: "Mark Rydell, el director de mi primera película, 'La rosa', falleció esta mañana. Fue un actor de renombre antes de convertirse en director, y tuve la suerte de conocerle cuando lo hice; me enseñó muchísimo en 'La rosa' y más tarde en 'Ayer, hoy y por siempre'. Dos nominaciones al Oscar, ambas gracias a él. Era el susurrador de actores; bastaban unas pocas palabras para entender lo que se necesitaba. Devoto de Sanford Meisner. Tantos recuerdos felices".
El éxito de la película le convirtió en el director idóneo, resolutivo y sin egos, para levantar toda una obra cumbre del drama familiar otoñal como es "En el estanque dorado" (1981). Una cinta que no solo tenía que estar a la altura de la obra de teatro de Ernest Thompson, estrenada en 1979 y que el mismo dramaturgo adaptó en el guión, sino suponer ser el título que no solo juntaba a dos actores míticos por primera vez (Henry Fonda y Katharine Hepburn) sino que también se erigía como una catarsis de redención para el veterano actor y su propia hija, en la vida y en la ficción, Jane Fonda.
El resultado no pudo salir mejor con 10 nominaciones al Oscar y tres estatuillas en las categorías de actor (Fonda), actriz (Hepburn) y guión adaptado. Todo un clásico de cine emocional tirando de sutilidad, contemplación y dando valor al sacrificio y la dedicación que acarrea un amor que, a pesar del dolor y los reproches, vertebra las relaciones personales más allá del paso del tiempo.
Después vendrían "Cuando el río crece" (1984), en la que un matrimonio formado por Mel Gibson y Sissy Spacek intenta proteger su granja de las presiones de las autoridades locales que pretenden inundar los terrenos situados a orillas del río, o "Ayer, hoy y por siempre" (1991) con una pareja artística que anima a las tropas americanas en las distintas contiendas bélicas y que le volvió a reunir por tercera vez con James Caan y con una Bette Midler que, gracias al director, volvería a ser nominada al Oscar.
Aunque en el campo de la producción estaría, además de en gran parte de sus trabajos, detrás de la iniciática "Verano en Louisiana" (1991), de Robert Mulligan, o de "Una vida por delante" (2005), de Lasse Hallström, a partir de ahí su filmografía como director deja las olvidables "Entre dos mujeres (Intersection)" (1994), drama matrimonial con Richard Gere y Sharon Stone, y "La apuesta perfecta" (2007), una de historias cruzadas en el mundo de la adicción al juego.
No hay que olvidar su faceta como actor (en la que empezó a dar sus primeros pasos desde que debutara como un delincuente juvenil en "Crimen en las calles" en 1956) destacando especialmente dos trabajos: el violento mafioso Marty Augustine de "Un largo adiós" (1973), adaptación de la novela de Raymond Chandler a cargo de Robert Altman, y el leal agente de Woody Allen en "Un final made in Hollywood" (2002). También estuvo en la comedia de monologuistas "Lo que cuesta es el final" (1988), de David Seltzer, "Habana" (1990), de Sydney Pollack, y en dos capítulos de la serie "Everwood" (2002).
Seguramente su faceta como intérprete le facilitó el poder convertirse en un magnífico director de actores consiguiendo estatuillas para Henry Fonda y Katharine Hepburn por "En el estanque dorado" además de otras siete nominaciones al Oscar; Rupert Crosse por "Los rateros" en 1970, Marsha Mason por "Permiso para amar hasta medianoche" en 1974, Bette Midler por "La rosa" en 1980 y "Ayer, hoy y por siempre" en 1992, Frederic Forrest por "La rosa" en 1980, Jane Fonda por "En el estanque dorado" en 1982 y Sissy Spacek por "Cuando el río crece" en 1985.
Fue nominado al Emmy por el telefilm de HBO "El crimen del siglo" (1996), destapando la corrupción policial y la presión mediática de uno de esos sucesos que conmovieron a la sociedad USA en la década de los treinta al ser secuestrado y asesinado el hijo de 14 meses del popular aviador Charles Lindbergh. Obtendría otras dos candidaturas por el telefilm "James Dean: Una vida inventada" (2001) con James Franco dando vida al icónico actor de espíritu indómito y alma atormentada y al propio Mark Rydell dando vida al magnate Jack Warner.
Estuvo casado con la actriz Joanne Linville, entre 1962 y 1973, teniendo dos hijos de esa relación, Amy y Christopher, ambos actores, contrayendo segundas nupcias con la actriz Esther Jacobs, unidos entre 1983 y 1986, teniendo a su tercer hijo, Alexander, el cual también se ha dedicado al cine pero en tareas de montaje. Ambos matrimonios acabaron en divorcio.
A pesar de llevar muchos años fuera de la primera plana, la labor de Mark Rydell deja un buen recuerdo. Un tipo solvente que supo adaptarse a la industria desde el campo del cine independiente para dar buenos réditos al sistema de Estudios y transmitir emociones con sus historias, sin renunciar a su libertad, y siempre con un gran respeto por el oficio en sus múltiples facetas; más interesado y convencido en que su propósito no era que el foco se posara sobre él, sino en contribuir con su profesión a que los demás pudieran brillar y que así, frente a cualquier veleidad de autor, ese proyecto conjunto que es el de hacer cine pudiera llegar a buen puerto.
Nacho Gonzalo























