"No hables con extraños"
La web oficial.
El argumento: Cuando una familia americana es invitada a pasar el fin de semana en la idílica finca de una encantadora familia británica con la que entablaron amistad durante las vacaciones, lo que comienza como unas vacaciones de ensueño pronto se convierte en una pesadilla psicológica.
Conviene ver: “No hables con extraños” es un drama asfixiante que evoluciona en una propuesta de terror cuando una familia americana en crisis, y que se ha trasladado recientemente a Londres, es invitada por una (aparentemente distendida y molona) familia británica con la que hicieron buenas migas durante unas vacaciones en la Toscana. Una finca campestre que será el escenario de una deriva psicológica asfixiante cuando se demuestre el carácter perturbado del anfitrión que lleva a que James McAvoy vuelva a explorar su registro más inquietante, encabezando un reparto que está por encima de la media en este tipo de propuestas tanto en lo referente a los adultos como a los críos, y que aquí da vida un médico cuarentón, cachas y despreocupado, que es sólo una fachada de carisma, magnetismo y valentía bajo el que reside una personalidad obsesiva y enfermiza que encierra un trauma del pasado y también un poder de seducción y manipulación enormemente perturbador. Un tipo que frente a su sonrisa esconde una masculinidad tóxica bañada de irascibilidad frente a un mundo que no reconoce, al que recrimina su falta de sinceridad, y que demuele los cimientos de lo que él considera que tiene que ser la sociedad de hoy en día. Una interpretación magnífica en la que el actor vuelve a demostrar su enorme potencial como un ser desquiciado por la falta de afecto siendo capaz de fascinar por su desbordante sociabilidad, inquietar con su sonrisa, angustiar con algunas de sus reacciones y realmente asustar en momentos como aquel en el que abronca a su hijo en un continuo machaque que llega a un punto álgido cuando le recrimina no tener ritmo para seguir unos pasos de baile. Y es que la cinta no necesita recurrir a la violencia facilona más que hasta el final ya que donde funciona de verdad es en la vertiente psicológica, no solo sobre lo que hay detrás del teórico encanto de esa pareja hospitalaria sino hasta qué punto se es capaz de poder caer en ciertas redes de persuasión manipuladora sin casi darse cuenta.
Una película poco sutil pero enormemente efectiva que entretiene y mantiene el suspense pero que pierde fuerza cuando desbarra forzando al espectador a que se plantee cómo actuaría uno aunque por momentos pierda toda credibilidad ante las decisiones de esa familia que se ve atrapada en su propia telaraña tejida por el convencionalismo y el bienquedismo social, para no quedar mal ante los ojos de los abnegados anfitriones, así como el choque cultural a la hora de digerir determinadas bromas que cruzan determinadas líneas, o incluso de cómo es la mejor manera de criar a los hijos, y en la que uno tiene que posicionarse poniendo freno o mirando a otro lado por el miedo al qué dirán. Scoot McNairy y Mackenzie Davis (que ya coincidieron en la serie "Halt and catch fire") sufren ese torbellino arrollador y perturbador como una pareja que lidia con su propia crisis vital y laboral, con una hija todavía demasiado infantil unida a su inseparable peluche, y que se han acostumbrado a quedar bien frente a los demás hasta que esa encerrona se vuelve insostenible y un fin de semana evocador y campestre, con el fin de relajarse y conectar con la naturaleza entre largos paseos y dejando al margen el estrés rutinario urbanita, termina convirtiéndose en una pesadilla malsana de la que solo podrán salir si trabajan en equipo y tiran de valentía intentando ir un paso más adelante para poder salir de ahí. Una versión distinta de la original, a pesar de que parta de la misma premisa, pero que no puede evitar repetir algunos planos sin ningún complejo garantizando, eso sí, incomodidad y entretenimiento a partes iguales en una propuesta no muy original pero sí sugerente que nos interpela y que conecta con “Funny games” (1997) o “Eden Lake” (2008) ante lo desolador de lo que se descubre en esa casa víctima del trauma, la toxicidad, la obsesión y la violencia. Una película que atrapa y que interpela al espectador sobre cómo actuaría en una situación así y que, sin necesidad de sustos gratuitos ni de crear una atmósfera oscura, es capaz de desatar el terror a plena luz del día entre fingidas sonrisas, situaciones extrañas, personalidades abusivas y con la canción Eternal Flame de The Bangels como sorprendente leitmotiv.
Conviene saber: James Watkins se hace cargo del remake de la película danesa “Speak no evil” la cual pudo verse en el Festival de Sitges 2022
La crítica le da un SIETE


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