El escándalo como ADN del Festival de Cannes
Querido primo Teo:
El Festival de Cannes no es únicamente una vitrina del cine mundial, sino un escenario donde la tensión entre arte, política y espectáculo alcanza una intensidad singular. Pocas instituciones culturales han hecho del conflicto una seña de identidad tan persistente. En la Croisette, el aplauso convive con el abucheo, la consagración con el descrédito, y cada edición parece buscar, o inevitablemente producir, su propio momento de ruptura. Desde sus primeras décadas, el certamen ha funcionado como una auténtica caja de resonancia cultural. Lo que allí ocurre no queda circunscrito al ámbito cinematográfico: se expande y penetra en la política, la moral, la estética y los medios de comunicación. Cannes no solo selecciona películas; escoge, amplifica y, en ocasiones, desencadena conflictos que trascienden la pantalla y se inscriben en el imaginario colectivo de cada época.


