Greenwich Village, el vecino de al lado

Greenwich Village, el vecino de al lado

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Querido diario:

La carta que acabo de recibir del tío Anibal me lleva hasta Greenwich Village, uno de los barrios más atractivos de Manhattan, donde se han rodado una infinidad de películas.

Querido sobrino:

Sacia tu cinemanía neoyorquina con media docena de películas rodadas en el único barrio aceptable en esta isla de psicópatas: el Greenwich Village. El alojamiento debería ser en el Washington Square Hotel, 10, Waverly Pl., tel. 212 / 777 95 15.

Siempre está lleno de europeos y tal vez te den la habitación donde Mamas and the Papas compusieron California Dreams o en la que solía descansar y escribir Bob Dylan. Es económico y tranquilo, además de tener un director que siempre sabe dónde está el mejor jazz de cada noche.

Para un tentempié al mediodía no hay nada mejor que Balducci´s (424 Sexta Avenida con la calle Novena), el olimpo de las delicadezas para llevar, incluidos más de 80 quesos, fiambres de medio mundo y estanterías repletas de caprichos apetitosos.

La cena ha de ser en Zoë (90 Prince St., entre Broadway y Mercer St. Tel. 212 /966 67 22). Hay que reservar, pero es el único que aceptarías mis colegas Niles y Frasier Crane. No olvides ir a los baños, unos de los que Philip Stark se sentiría orgulloso y s ves a alguien con las manos hundidas en una caja de madera, no te asustes: es el secador. Aquí puedes encontrar una guía de restaurantes de Nueva York.

El 7 de Minetta Street fue la casa de Frank Serpico, el poli que tomaba sus tragos disfrazado de joven enrollado en la cercana Minetta Tavern antes de denunciar a sus colegas corruptos tal y como nos enseñó, años más tarde, Al Pacino, cuando recuperó la historia.

Hoy el Village tiene su propia policía, a caballo y con enormes porras, pero no acostumbra a patrullar por esta calle. ¿Malos recuerdos, muchachos?

El cine de barrio es el Bleecker Street Cinema, en el 144 de Bleecker Street, donde Aidan Quinn trabajaba como proyeccionista en Buscando a Susan desesperadamente, la película que lanzó a Madonna. El barrio no ha cambiado desde entonces: pastelerías con tartas sólo para parejas, muchas de homosexuales refugiados en la liberalidad de estas calles donde jamás se ve un solo crío.

En la casa del 111 de Waverly Place no hay ascensor. Si subes hasta el último piso estarás ante la puerta del apartamento que alquila Jane Fonda para convertirlo en un nido de amor en Descalzos en el parque.

A Robert Redford le compensó llegar reventado hasta aquí arriba porque fue la película que le hizo popular. Jane abandonó la bohemia y ya no tiene problemas de decoración, pero el Washington Square Park todavía conserva las ardillas.

Crúzalo como Cuando Harry encontró a Sally, pero no busques a Bobby Fischer porque ya no está aquí. Al otro lado, en la esquina, está la New York University en la calle Cuarta, donde se encuentra la habitación de estudiante de Matthew Broderick en El novato y donde entraba Marlon Brando después de aceptar convertirse otra vez en El padrino, porque le hizo gracia el guión. Fue el último papel de su carrera que no hizo sólo por dinero.

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