Gillo Pontecorvo, bienvenido a la inmortalidad del celuloide

Gillo Pontecorvo, bienvenido a la inmortalidad del celuloide

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Querido diario:

El Venas ya me ha preparado el plan de fuga para largarme a Italia y llegar a tiempo a la reunión donde los necrófilos cinefílicos nos repartiremos los restos de Pontecorvo, que anoche pasó a la inmortalidad del celuloide.

Espero que no haya mucha demanda para que no se dispare el precio, porque hace ya tiempo que su cine es alimento de filmotecas. Y esto no quiere decir que yo le de menos valor porque… te contaré un par de cosas que tal vez no sabes.

“Bowling for Columbine”, el documental que lanzó a la fama mundial a Michael Moore, tiene una edición estupenda para el poco presupuesto con el que contaba. La clave es que para mezclar las imágenes de archivo con el material rodado para la película y la voz en off, Moore lo confió a unos becarios que lo hicieron por aprender y ganar experiencia, pero antes reunió al grupo y les hizo ver “La Batalla de Argel”, la peli de Pontecorvo que le hizo famoso y le llevó hasta los Óscar.
Moore buscaba la misma sensación para su documental ya que las imágenes de “La batalla de Argel” recuerdan a un documental, aunque todo es ficción. La veracidad de la película está tan bien conseguida, es tan parecida a la realidad, que también tuvo el triste honor de que el Pentágono la utilizara en 2004 para enseñar a sus mandos cómo podía desarrollarse una batalla callejera en un país árabe.

Mira esto un poco y lo comprobarás….

Esunacronicamuysobria.htm

Pontecorvo siempre ha seguido una carrera cinematográfica basada en la militancia de izquierdas y en la conciencia social, esto está claro, pero la vida tiene luces y sombras, de manera que no todo el mundo estaría de acuerdo con esto de forma absoluta. ¿Sabes quien no lo estaría? Pues Marlon Brando por ejemplo.

Ambos trabajaron juntos en “Queimada”, un fracaso estrepitoso, que no es fácil ver y que pocos recuerdan. Brando, sí que lo hizo para un documental de televisión….

“Quería que yo dijera una frase de una determinada manera y yo no quería hacerlo. De modo que hizo cuarenta y nueve tomas. Intentaba sacarme de mis casillas, intentaba pillarme para hacerlo. Hice que un amigo mío fuera y me comprara un taburete de esos. Se trataba de un primer plano.
Tomé el taburete y me lo até al culo y me senté a leer una revista. Luego cuando él dijo: “Muy bien, listos”, me levanté e hice la escena, y enseguida decía: “Corten, corten”. Yo me sentaba y me ponía a leer, y así las cuarenta y nueve tomas. Es la persona más histérica que haya conocido nunca. Como director, hace que actúes en el filo de la navaja todo el rato. Pero tiene una corriente subterránea de sadismo que no aparece. Es enormemente sádico”.

A Brando le parecía mal que Pontecorvo aceptara que hubiera salarios distintos en el rodaje según los extras fueran blancos o negros, y que incluso la comida fuera distinta. Empezaron a no caerse nada bien.

“Un día, que él me había hecho hacer un montón de tomas, no pude más que salirme de mis casillas. Y grité a todo pulmón: “¡Me estás devorando como las hormigas!”. Él pegó un bote en el suelo de un metro y pico… Hubo muchas historias de terror con esa película. Un día fui al rodaje, en exteriores, en una carretera de montaña, y la encargada del vestuario estaba sentada cerca de la cámara y tenía un niño. Y yo le dije: “¿Qué le pasa al niño?”. Y ella me dijo que estaba enfermo. Y yo le dije: “¿Qué tiene?” “Bueno, a la hora de la comida ha vomitado un gusano”. Y yo le dije: “¿Ha vomitado un gusano?”. Y ella contestó: “Sí, ha cogido la fiebre”. Y yo pregunté: “¿Dónde está el médico?”. Y ella respondió: “Lo llevarán después del siguiente plano”. Y yo dije: “¡Lléveselo ahora!”. Y ella dijo: “Gillo quiere acabar la escena primero, porque sino ya no podría rodar en estos exteriores”. De modo que reclamé que viniera el chófer y le dije: “Lleve al chico al puñetero hospital ahora mismo”. Me puse frenético de verdad. Si Gillo llega a ser más alto me hubiera peleado con él. Le hubiese dado de puñetazos al tío. Me lo quedé mirando. Dijo algo y yo me metí en el coche y me fui a casa”.

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