Harold Lloyd, el tercer mudo

Harold Lloyd, el tercer mudo

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Querido diario:

El trío de ases del humor mudo es indiscutible: Chaplin, Keaton y Harold Lloyd, pero el último ha estado escondido para los espectadores de las dos últimas generaciones.
En 1962 el propio harold cedió lo mejor de su filmoteca privada para una antología titulada El mundo cómico de Harold Lloyd (Harold Lloyd’s Worl of Comedy, pero desde entonces sus descendientes han mantenido su deseo por controlar lo que se emitiera, cuando y como.
Hoy que ya se venden sus mejores trabajos en español en DVD, hay que recordar que su éxito fue tan importante como para derrotar en las taquillas al mismísimo Cecil B. DeMille y su carísima “Diez mandamientos”, una de las películas más grandes previas al sonoro.

su escena más popular la hizo en un reloj….
Hombremosca.htm

Murió en 1971 a los 77 años y a causa de un cáncer de próstata. Había nacido el 20 de abril de 1893 en un pueblo de trescientos habitantes de Nebraska. Sus padres tenían un comercio que sobrevivía sin pena ni gloria, así que la familia se largó de allí en cuanto pudo y se trasladaron a Omaha. Todo el contacto de Harold con el cine, todavía un espectáculo de barraca de feria, era trabajar de portero o acomodador en teatros, porque el teatro tenía más posibilidades y cuando el actor John O’Connor se presentó con su compañía para hacer su función unos días, no había sitio donde alojarle. Harold pidió permiso a sus padres para alojarle en su casa. A cambio debutó haciendo de niño cojo en la representación, que resultó un fracaso artístico, pero la llegada de una imdenización permitió que su madre le impulsara a combinar las clases habituales para un chico de quince años con otras de arte dramático en San Diego, y Harold no lo dudó.
Llegó a la ciudad un equipo de la compañía cinematográfica de Edison, para filmar y Harold se estrenó en el cine: un indio que se desplomaba por un disparo. Ganó tres dólares.
Harold no se lo pensó mucho y se decidió por el cine, así que se trasladó a Nueva York para pedir trabajo en la compañía de Edison. Menos de un mes después de ver que no le hacían mucho caso, reunió el dinero para viajar a Hollywood, donde los “enemigos” de Edison estaban empezando. Encontró un trabajo en películas cortas donde solía recibir palizas y tortazos que herían más su vanidad que su físico porque tenía la agilidad y la fuerza de un atleta en un cuerpo que no lo parecía.
Hizo amistad con un extra como él, un camionero que, cuando recibió una herencia, montó su propio Estudio y empezó a copiar el cine cómico que mejor se vendía entonces. Harold hizo sus primeros protagonistas sin mucho éxito, sin lograr crear un personaje porque el negocio exigía seguir los pasos de Chaplin.
Como pasaba el tiempo y no se hacía hueco ya pensaba en dejar el cine, pero se le ocurre inspirarse en si mismo y hacer un chico provinciano, buena persona, mediocre y despistado, al que el argumento convierta en héroe. Lloyd lo definió así: “Aunque mi personaje no era gracioso en apariencia, la gente se fue acostumbrando a él tras asistir a sus repetidas peripecias y llegó así un momento en que podía aparecer en la pantalla de modo que, antes de hacer nada, el público comenzaba a reír.”
El personaje necesitaba algún elemento tan característico como el bigote de Groucho o el bastón de Charlot. Harold salió a buscar por las calles de Los Ángeles unas gafas, y cuando ya iba a darse por vencido, en una tienda de óptica en la calle Spring, un negocio bastante pobre con aspecto desvencijado, halló la montura.
Aquellas gafas se hicieron tan populares que el dueño de la tienda le enviaba nuevas remesas cada año y un talón firmado para que Harold pusiera la cantidad que le pareciera, ya que el negocio creció gracias a aquella montura de concha de tortuga de Carey. El actor nunca cobró los cheques.
El público apreció a “Gafitas”, como fue conocido en España, aunque sus historias no llegaban al gran gag muy recordable, ligaba una serie de chistes que se complicaban uno tras otro. Un hecho banal crecerá y crecerá hasta el absurdo cómico. Harold le pega a un personaje, éste le pegará a otro, el otro a otro más allá hasta llegar la situación a límites inesperados.”
Harold Lloyd amasó una inmensa fortuna. Casado durante el rodaje de ¡Venga alegría! (Why Worry?, 1923) con la actriz Mildred Davis, también compañera suya en El hombre mosca y compañera hasta su muerte dos años antes que él, Lloyd se hizo edificar en Beverly Hills una mansión de 44 habitaciones, con piscina olímpica, dos campos de golf y un helicóptero particular. Francmasón de una logia a la que también había pertenecido el presidente Truman, fue un filántropo que costeó la construcción de varios hospitales para niños.

Aquí tienes este reportaje en mp3 para recordarle….
HaroldLloyd.mp3

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