Centenario James Stewart: Un avión para James

Centenario James Stewart: Un avión para James

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Querido diario:

La eficacia humana alcanza su tope cuando se unen la pasión con el trabajo. James llegó a la actuación más por trabajo que por pasión, aunque acabó por apasionarle de una forma que él definió diciendo que “Actuar fue como si me picase el mosquito de la malaria”. Tuvo a lo largo de los años varias aficiones como hacer y revelar fotos y películas, o cuidar de un huerto, pero su pasión fue volar.
“Me licencié en arquitectura, pero siempre estaba volando! volar… Cuando tenía nueve o diez años, justo después de la I Guerra Mundial, trabajaba en la tienda de mi padre, ahorrando… ahorrando para poder subirme a uno de aquellos aviones ambulantes que recorrían la zona. Quince dólares por quince minutos. Eso era un montón de dinero… Lo era… Pero al final lo ahorré”.

Gracias al piloto de exhibición que le llevó en un vuelo sobre su ciudad, James quedó enganchado para siempre. El aeromodelismo se convirtió en afición apasionada y a los diecinueve años, montó un gran mapa en el escaparate de la ferretería familiar y usando un avión a escala, siguió e hizo seguir a sus vecinos, el vuelo de Charles Lindberghh a través del Atlántico.
Haría cincuenta películas antes de encontrarse con su héroe de ese momento, y con Billv Wilder. El director le contó que él también había seguido con todo el interés aquel desafío que ambos convirtieron en 1957 en “El héroe solitario”.
Aquella pasión por volar unida a su sentido del deber patriótico se concretó al entrar Usamerica en la II guerra Mundial. Pero James no se esperaba lo que ocurrió en la oficina de alistamiento: no lo aceptaron.

Cuando era un crío de diez años, su padre había regresado de la I Guerra Mundial y había traído al pequeño james máscaras de gas, cascos alemanes y espadas. James las utilizó al escribir, producir, dirigir e interpretar en el sótano de su casa dos dramas: “Al infierno con el Kaiser” y “El prófugo”, con el héroe recibiendo de medalla una chapa de botella. No tuvo ninguna duda de que seguiría los pasos de su padre cuando se presentó el momento.
Había estado acumulando horas de vuelo en la pequeña avioneta que comró apenas pudo ahorrar lo suficiente, una Stinson HW 75 de tres pasajeros, para poder ser útil como piloto. Su número para el servicio fue el 126, y su bolita salió pronto en la lotería de reclutamiento. En febrero de 1941 se presentó en la oficina, a pesar de que en tres meses cumpliría 33 años y quedaría fuera de los llamados a filas. Pero James era muy consciente de ser nieto de un oficial del ejército de la Unión, e hijo de un veterano de la Guerra Hispano norteamericana y de la Primera Guerra Mundial. Pasó al reconocimiento médico y no pasó de ahí. Era un alfeñique según el ejército y la báscula lo delataba. Un titular de la prensa ironizó: “El héroe del cine pesa bastante para derribar a los villanos, pero es demasiado ligero para el Tío Sam»

James no lo aceptó. Volvió días más tarde a la oficina de reclutamiento con su amigo Bill Grady, se subió a la báscula y dio el peso. Por poco pero lo dio! a costa de comer como un descosido y llevar 36 horas sin visitar un cuarto de baño. Fue aceptado como soldado raso y asignado al Cuerpo de Aviación. Durante más de un año voló y ascendió al rango de teniente instructor. Tras otros meses de aprendizaje Jimmy ya era un piloto consumado de bombarderos, pero en vez de ser enviado a Europa fue asignado a un Campo de Idaho, durante nueve meses como oficial de escuadrilla e instructor de vuelo.
Tras múltiples peticiones a sus oficiales superiores, en el verano de 1943 fue asignado finalmente al 445 Grupo de bombarderos, y voló a Inglaterra. La prensa reflejó la noticia: «El capitán James Stewart (…) de Indiana, Pensilvania, antigua estrella de cine que hoy manda una escuadrilla de bombarderos Liberator de los Estados Unidos, llegó al teatro de operaciones europeo hace cuatro días”.

CentenarioJamesStewartCoronelcondecorado.jpgDos meses después Stewart fue ascendido a mayor y nombrado jefe de su Grupo de Operaciones, y en los siguientes meses condujo veinte incursiones sobre Alemania al mando de entre cincuenta y cien bombarderos. Un ataque contra las fábricas de Brunswick le valió la Cruz de Servicios Distinguidos de las Fuerzas Aéreas y la Croix de Guerre francesa.
James mostró también otro tipo de valor cuando más de mil bombarderos B-24 aliados se encontraron con la costa francesa cubierta por una niebla tan densa que los pilotos apenas veían las puntas de las alas de los bombarderos más próximos de la formación. Jimmy decidió radiar a los pilotos la orden de abortar la misión y enfrentarse a las consecuencias. Fue una decisión dura Y arriesgada, porque la misión era esencial y comprometía a más de nueve mil soldados.
Unos pocos minutos más tarde llegó por radio la confirmación y el apoyo a la decisión desde el cuartel general. La preocupación por las vidas de sus hombres le hizo ganarse su respeto, y su capacidad de organización y valor, la admiración de sus superiores y el ascenso a Jefe de Estado Mayor de la Segunda Ala de Combate de la Octava Fuerza Aérea. Aceptó dejar de volar para planificar los planes de ataque y retirada de miles de aviones, y asegurar que las órdenes fueran siempre claras.
Planificaba de noche, los bombarderos salían en cuanto había luz y lo permitía el clima. Los peores momentos de la guerra los vivió entonces, aguardando en la base el regreso de los aviones. En esos meses le salieron sus primeros mechones blancos. Cuando dominó el trabajo volvió a participar en otros combates, hasta que fue relevado con el grado de comandante.

James regresaba con dos mil horas de vuelo y veinte misiones de combate. Hubo muchos héroes pero sólo una estrella del cine, que además había sido la primera en alistarse. Había confirmado algo muy valioso para el público: el público tenía razón al fundirle con el James de la pantalla. “Los Ángeles Times”, en palabras de Jim Murray, definió la posición de la estrella-héroe: «Los actores de cine no van a la guerra. El lo hizo. Venden bonos. El pilotó bombarderos. Vuelan en exhibiciones aéreas. El voló sobre Schweinfurt (…) Solían decir que Walter Cronkite era el hombre de mayor confianza de Norteamérica. Era un jugador de farol en el Mississippi comparado con James Stewart».
Esa sensación de confianza y respaldo le impulsó a dejar los Estudios y contratarse libremente. Un ejemplo seguido luego por tantos como para acabar con el sistema.

James voló continuadamente y se mantuvo en la reserva militar. Los aviones le habían dado tanto que no se le pasó por la cabeza que también le darían un buen disgusto.
Deseaba interpretar el papel de Charles Lindberghh, hasta obviar la diferencia de 20 años de edad con el personaje, ponerse a dieta adelgazante, repasar una y otra vez 15.000 metros de película sobre Lindberghh y aprender a volar el tipo de monoplano usado en 1927, aunque él no podía asumir riesgos y las escenas de vuelo las haría otro piloto.
Se esforzó hasta accidentarse arrastrado por un paracaídas abierto, que le hizo seguir rodando con el torso vendado durante varias semanas. Pero todo aquel trabajo no resultó en la taquilla. El oficio y el genio de director y actor salvaron el honor, pero para su público James destacaba convirtiendo al hombre corriente en héroe, y no al contrario.
En su papel de coronel de las Fuerzas Aéreas en la reserva, Jimmy seguía mejorando como piloto. El 10 de julio de 1957 voló con un bombardero B-52 de costa a costa de Usamerica. Un año más tarde, rompió la barrera del sonido con un TF102 A Delta Ranger. En 1959, cuando su tirón en la taquilla de los cines era un seguro para cualquier película, ascendía a general de brigada.
Por tanto le fue fácil asistir a las ceremonias de nombramiento del Cuerpo de Infantería de Marina en 1968, para colocar él mismo las insignias de subteniente a su hijo Ron. Jimmy le visitó en Vietnam, observó parte de la acción y había pasado sólo año y medio desde la solemne graduación, cuando Ron cayó muerto bajo el fuego enemigo, mientras mandaba una misión de combate.

A punto de cumplir los setenta años, cuando ya no podía volar, se presentó en la escena londinense. Una de las primeras visitas que hizo en el tiempo que le dejaba el teatro, fue a su vieja base de las Fuerzas Aéreas en Tibenham. Le recibieron con los honores y el afecto reservado a un veterano excepcional, que recordó como había volado en misiones de bombardeo en el avión apodado “Tenivus”.
¿Sabes diario? Comprendo al amigo de James, Henry fonda, que sentía que a James le iba en la vida como en el teatro! «…Le miré y me senté allí, sacudiendo la cabeza y preguntándome: ” ¿De dónde ha salido? ¿Cómo demonios ha conseguido ser tan bueno”» (…) Allí estaba yo. Gastando la suela de mis zapatos intentando abrirme camino en el teatro, y ese tipo desganado, Stewart, simplemente parecía haber caído en él.»

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Comentarios

santiago - 26.01.2012 a las 05:05

-Un gran actor,gran soldado.gran hombre,orgullo para USA.

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