Rocco y sus estrellas: Babeando que es gerundio

Rocco y sus estrellas: Babeando que es gerundio

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Querido Teo:

Ya sé que Hugh Jackman está hablado y requetehablado. Estuvo en Madrid, estuvo en Tokio, estuvo por toda Europa. No hay punto del globo (lo siento, México, por esa inoportuna fiebre vuestra) que no pisó estos días el australiano de bellas carnes que nos tiene a todas embelesadas. A todas y a todos a juzgar por esos rumores de homosexualidad que siempre acompañan a alguien cuando es guapo, agradable, encantador. ¡Qué ganas de aguar la fiesta o de barrer para casa!. Si además da igual. ¿Acaso no sigue siendo igual de encantador, guapo y agradable?. Una estrella. Con mayúsculas. Y no utilizo ese cuerpo de letra porque odio a los que mandan emilios con mayúsculas como si fueras idiota y no supieras leer. Quizás son ellos los que no saben escribir y necesitan enfatizar de ese modo. Pero volviendo a Hugh y como no quiero que se me note (demasiado) cómo babeo a su lado hagamos un ejercicio. Que sea Hugh Jackman quien nos de una lección de como ser una estrella tomando como referencia la última vez que estuve a su lado (¡suspiro!).

Lo primero: se quita la camiseta y se queda con el torso desnudo. Lo que viene no es tan erótico como quisiera aunque si natural. Tenía que quitarse el micrófono de cuello que se había quedado enganchado en el niki de la entrevista anterior y en lugar de hacerme esperar o quedarse como un pasmarote esperando que un infrahumano de los que siempre pululan en estas entrevistas lo hiciera por él, nada como acabar con el engorro. Y de paso presumir de abdominales que para eso se los ha currado. Lección número uno: será estrella pero es humano. Nunca te quita la mirada de encima ni la sonrisa se desvanece de su rostro pero la primera tiene vida, picardía, energía sin abrumar, con continuos arqueos de cejas que subrayan de forma expresiva sus elocuentes palabras y ¡qué decir de la sonrisa!. Cómoda, afable, en ningún momento forzada o cliché. Utiliza todo el espacio a su alrededor, jugando con mi grabadora, haciendo uso de esa comida imaginaria que se sirve en la mesa para contarme su dieta y echando de menos esas galletas australianas que tanto le gustan (Tim Tams) que me vuelve a explicar cómo comer (mordiendo el principio y el final de esta especie de barquillos cubiertos de chocolate para sorber la leche a modo de pajita) mientras se relame preocupado por su línea. Es una conversación con la mayor de las naturalidades donde nunca duda en hablar de su esposa, Deborra-Lee Furness, como si su anillote de casado en unas manos por lo demás desprovistas de joyas no la mantuviera presente. Una conversación tan normal que te ves tú también hablando con él de tu marido, de tu perro y si me apuras de mis hijos pero de eso no tengo.

No digo que no mienta. Los actores son actores. Vamos que te ofrecen una interpretación. Pero hay interpretaciones más sinceras que otras. O simplemente son mejores actores. No sería una verdadera estrella si Jackman no echara mano de esa socorrida muletilla en la que el actor te dice eso de “una gran pregunta” cuando quiere darse dos o tres segundos para pensar qué puñetas le has preguntado o cómo salir con gracia del aprieto mientras te masajea el ego. ¡Qué los picateclas también tienen su corazoncito!. O se le ve el plumero cuando utiliza ese “¡I love the man!” exagerado que sólo quiere decir le odio con pasión pero no puedo decirlo en público. Una fórmula que utiliza con un ligero titubeo que implica un rapto de sinceridad. Incluso cuando habla de Brett Ratner. Pero al fin y al cabo, esto es Hollywood. Mucho más sincero y del alma le sale el recuerdo de su paso por "El hormiguero". “¿Tracas y Barracas?”, mal pronuncia como le permite la memoria y la lengua. No hay ninguna vergüenza en el recuerdo de su paso por el programa porque una estrella llega hasta donde sea necesario para dar a conocer el fruto de su trabajo. “No hay nada peor que ver a un actor torturado en la alfombra roja. O en una entrevista donde no quiere estar. No sé porqué lo hacen”, dice disfrutando de cada palabra. Claro que está vendiendo una película. "X Men Orígenes: Lobezno" para ser precisos. Pero está dando un gusto al cuerpo. Al suyo y al tuyo. Eso es ser estrella. ¡Y ahí queda eso, Javier!.

Rocío Ayuso (Los Ángeles)

Para saberlo todo sobre "Lobezno" no dejes de visitar su observatorio en el que se le realiza un eficaz seguimiento…

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