50 películas que hay que ver antes de morir: “Cotton Club” (1984), gángsters detrás de la pantalla

50 películas que hay que ver antes de morir: “Cotton Club” (1984), gángsters detrás de la pantalla

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Querido diario:
 
El Cotton Club de Harlem mezclaba espectáculos en directo con alcohol servido en tazas de té para “jugar” con la ley seca, y se hizo famoso en la década de 1920, porque resultaba provocativo ir a un local donde todos los músicos eran negros. Pero no tan provocativo como para permitir que se sentaran en las pequeñas mesas como clientes aunque el líder de la banda fuera el mismísimo Duke Ellington. El Cotton pertenecía al gángster Owney Madden, que todas las noches saludaba a los “conocidos”, al productor Samuel Goldwyn, a Chaplin, a Fred Astaire o a su colega Lucky Luciano.

 
Cuando el cine comenzó a reflejar el mundo del hampa incluyó referencias al Cotton, pero hasta la década de los ochenta nadie había pensado en convertirlo en protagonista. Lo hizo el último magnate clásico del cine, un actor fracasado metido a productor que había tenido la suerte de encontrarse con "El padrino" entre las manos y que creyó tener una gran idea mezclándolo con música y chicas. Definía “Cotton Club” con tres palabras cuando se sentaba ante posibles inversores: Gánsters, música y “conejitos”. Pero hubo mucho más de lo primero de lo que él esperaba, y le costó muy caro.
Su nombre era Robert Evans, y estaba convencido de que podía hacer “El padrino con música”, porque no dudaba de que su papel de productor en “El padrino” había sido determinante por mucho que Coppola dijera todo lo contrario. Se veía en lo más alto, capaz de todo. Un periodista especializado escribió por entonces que el apretón de manos de Evans era como un chispazo eléctrico.
 
Al comenzar los años setenta la Paramount estaba tan arruinada como el resto de los grandes Estudios y cayó en manos de un magnate que no entendía nada del negocio. Contrató a Evans porque le impresionó un artículo de periódico sobre él, presentado como un joven productor lleno de ideas. Su entusiasmo cerró el trato y se vio presidente internacional de la Paramount. Al comenzar los ochenta, antes de que el título pasara a Spielberg, fue calificado por la prensa, en un alarde ingenioso, como “el hombre con el toque del rey Midas”. A Evans el título le parecía justo. Correspondía con la mansión que adquirió, inmensa, estilo regencia, con antigüedades etruscas artísticamente iluminadas, una piscina con dieciocho chorros de agua rodeada de un jardín tropical, baño propio de mármol negro y 32 teléfonos repartidos entre habitaciones y diferentes espacios. Las cenas se servían en una vajilla diseñada por él mismo, con una mujer desnuda a lomos de un centauro.
Comenzaba la década y Evans se presentó con su proyecto bajo el brazo en el Festival de Cannes de 1980. En esos momentos el nuevo invento del vídeo doméstico prometía lo que dio, muchísimo dinero y un mercado seguro al margen de las salas. Los proyectos se vendían por expectativas, unas líneas de guión y entusiasmo de vendedor. Evans llevaba un cartel negro, dorado y plateado. Debajo del título original, “The Cotton Club”, había una ilustración en la que aparecían gánsters, músicos y balas que pasaban silbando. Más abajo un eslogan: «Su violencia sorprendió a la nación; su música sorprendió al mundo».
Con aquél póster tomó el avión de vuelta a Los Ángeles. Llevaba ocho millones de dólares en pre-ventas, le faltaban doce y, ya de regreso a su mansión de Beverly Hills, comenzó la búsqueda.
 
El Cotton Club, todo un lugar de referencia para los capos de la mafia de la Usamérica de principios del siglo XXHollywood se había llenado de ejecutivos y los Estudios tenían que aceptar las imposiciones de las agencias de “talentos”, un eufemismo para sustituir a estrellas o actores, ya que en algunos casos los “talents” no eran ni una cosa ni la otra, pero prometían recaudación. El dinero del juego y de la droga florecía, todos, incluida la banca vaticana a través de su banquero Michelle Sindona, quería parte del pastel del entretenimiento que fabricaba Hollywood.
Evans pensó en el traficante de armas Adnan Kashoggi, pero los contactos no llegaron a cuajar y como la preproducción ya sumaba cada día 20.000 dólares de gastos, tuvo que vender su último paquete de acciones de la Paramount para hacer frente a esos gastos.
Entonces, su chofer le presentó a una divorciada de treinta y tantos que le dijo que se dedicaba al negocio de las joyas, y que le presentó al promotor de conciertos de Nueva York Roy Radin, quien dijo que tenía dinero de la banca portorriqueña para financiar el proyecto. Roy había huido de la costa este usamericana por un escándalo con coca, chica y violación. Intentaba reconvertirse de la producción musical a la cinematográfica. A la chica que los había presentado no le gustó que Evans y Roy se dieran las manos en señal de acuerdo, dejándola a ella fuera.
 
Un mes más tarde, la policía descubrió el cuerpo de Roy en un riachuelo seco en un parque nacional al norte de Los Ángeles. El sol del desierto había deshidratado el cadáver hasta dejarlo en poco más de 30 kilos. Un mocasín Gucci le colgaba de un pie. Le habían disparado doce balas en la nuca; le faltaban los genitales, le habían arrancado la cara, habían puesto un cartucho de dinamita en su boca para hacer añicos la dentadura, pero acabaron por identificarlo.
Lanie Jacobs, la tejana que se lo había presentado a Evans, no se dedicaba a las joyas, excluyendo las propias. En realidad recibía regularmente desde Miami una bolsa con diez kilos de cocaína que vendía por sesenta mil dólares y sospechaba que Roy le había robado una bolsa y más de un cuarto de millón de su apartamento. A los jefes de Miami que le enviaban la droga no le interesaban sus problemas, pero ayudaban a resolverlos y si les interesaba lavar dinero con la película de Evans.
 
Jacobs llamó a Evans a Nueva York, viajó con uno de los asesinos en un avión privado desde Miami y se encontró con él. La esencia de la reunión nunca ha sido revelada, incluyendo el libro de memorias de Evans, pero apareció el dinero y comenzó el rodaje.
Evans pensaba dirigir “Cotton Club” (había crecido en Harlem durante los años treinta), pero llamó a Coppola para que rescribiera el guión. Éste, que estaba desesperado por falta de dinero, también se ofreció a dirigirla, y ¿qué mejor garantía?.
 
A las seis semanas de rodaje Coppola no había visto un dólar de su sueldo, sabía que el dinero procedía de Miami y Las Vegas porque no paraban de llegar exigencias desde allí para que redujera el presupuesto, aunque nadie le había llegado a decir cual era el presupuesto. De forma errática llegaba gente a la casa de Evans con maletines llenos de dinero, pero eso hacía imposible cualquier previsión. Los “inversores” acabaron por hartarse de lo que consideraban un derroche por parte de Coppola, y decidieron tener ojos y oídos en el rodaje.
Joey Cusumano fue el dueño de esos ojos y oídos, además de poseer una ficha muy amplia en el FBI. Llegaba cada mañana al rodaje, se quedaba de pie en un rincón, no decía nunca ni una palabra, se limitaba a quedarse allí callado y mirando. Cusumano explicó más tarde por qué rara vez hablaba: «Antes de abrir la boca, quiero saber algo. Mi padre decía: “Sólo se atrapa a los peces cuando abren la boca”».
Coppola acabó por poner de su lado al mafioso, literalmente, porque hizo poner otra silla de director como la suya junto a él, con el nombre Joe en el respaldo, y el ganster acabó protegiendo la visión de Coppola ante el propio Evans, que a su vez acabó siendo expulsado del plató por Francis para que no interfiriera.Cuando el presupuesto caminaba hacia los cincuenta millones de dólares, alguno de los “inversores” de los bajos fondos telefoneó a Evans, advirtiéndole de lo que ocurriría si no recuperaba el dinero.
Entonces Evans pidió otros tres millones y medio a los prestamistas callejeros del crimen organizado a unos intereses de usura, entregando su propia casa como aval. Mientras, Cusumano le decía a Coppola que el rodaje tenía que estar terminado antes de la Nochebuena, y “inspiraba”a todo el equipo que le llamara “mi gangster favorito”, repartiendo camisetas con la fecha “23 de Diciembre 1983” en la espalda.
 
"Historias de Nueva York" de Enric GonzálezCoppola debió entenderlo porque su perfeccionismo se traducía en rodar al menos siete tomas de cada escena, pero consiguió hacer cuarenta tomas en tan sólo tres días.Cusumano aparece en los créditos como gerente de producción, y habló de irse de Las Vegas para instalarse en Hollywood, pero en 1987 fue declarado culpable de estafar al sindicato de cocineros de Las Vegas y sentenciado a cuatro años de cárcel. Lanie Jacobs fue condenada junto a otros cómplices en 1991 por asesinato en segundo grado.
Evans acusó a los hermanos Doumani, sus “inversores”, de amenazarle con usar la violencia. Renunció a su parte de los beneficios de “Cotton Club” a cambio de un millón de dólares en metálico y la devolución de la escritura de su querida residencia. Pero se metió en una pesadilla legal, acabó por acogerse a la quinta enmienda y hasta hoy no puede contarse lo que sucedió con detalle.
 
“Cotton Club” refleja el local en el que se divertían los capos de los años del crimen organizado en la década de los veinte, y fue rodada con dinero del mismo crimen organizado en la década de los ochenta, así que si después de ver esta película decides morir, cómprate este libro de Enric González, vete a Nueva York, pásate por Harlem y después de visitar el club hazte unos calcetines de cemento y tírate al Hudson. No estarás sólo.
 

Esta noche puedes verla a las 22:00 en TCM (dial 46 de Digital +)

Vídeo

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Comentarios

Días de radio - 13.06.2009 a las 08:15

Canciones para un programa de radio que ya no está 🙁

Primera Hora
101 – Raging Slab – Lynne.
102 – Eels – My Beloved Monster.
103 – Sigur Rós – Festival.
104 – Mötley Crüe – Kickstart My Heart.
105 – Little Eva – Keep Your Hands Off My Baby.
106 – The Ark – It Takes a Fool to Remain Sane.
107 – The Langley Schools Music Project – Space Oddity.
108 – Nick Cave and the Bad Seeds – Where the Wild Roses Grow.
109 – The Birthday Party – Mr Clarinet.
110 – Steely Dan – Deacon Blues.

Segunda Hora
201 – Weezer – Island in the Sun.
202 – Gino Paoli & Ornella Vanoni – Senza fine.
203 – Dead Can Dance – Crescent.
204 – Ministry – Bad Blood.
205 – Stairwell – Open up.
206 – Dashboard Confessional – Hands Down.
207 – The Cure – Close To Me.
208 – Death In Vegas – Girls.
209 – The White Stripes – The Hardest Button to Button.
210 – Sonic Youth – Superstar.

Cinéfago - 15.06.2009 a las 16:13

En este caso la historia de la gestación de la película es más interesante que la película en sí. Y alucinate el nombrecito del “codirector”: Joey Cusumano, con ese nombre estaba claro que iba para mafioso…

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