“Biografía de Clint Eastwood”

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Son raras las biografías completas de personajes vivos, como raros son los personajes que aceptan colaborar con un biógrafo que va a rebuscar información entre los amigos y compañeros del biografiado, buscando los contrastes que equilibran la autocomplacencia frecuente de los “triunfadores” dignos de ser biografiados. Este libro es un buen ejemplo, y saca pecho subrayando desde la portada que la obra no ha sido autorizada por Eastwood. Clint habrá torcido el gesto en muchas ocasiones al leer estas páginas, si es que lo ha hecho. Su lectura “reduce” muchas veces a Eastwood a la condición de hombre duro, con un sentido rencoroso de la amistad en ocasiones, poco generoso y hasta “gorrón” en algunos aspectos, un jefe rácano e ingrato, que ha sabido aprovechar su atractivo, con un gran talento para vender una imagen digna de ser admirada, que se aleja frecuentemente de la que nos ofrece el autor, o al menos las fuentes elegidas por él en busca de una imagen más equilibrada. «Muy poca gente llega a conocer a Clint», dijo en una ocasión la primera esposa del actor, Maggie Eastwood, a la columnista de Hollywood Roña Barrett, un comentario repetido por amigos íntimos y colaboradores de Clint a Patrick McGilligan, que tiene una experiencia amplia en el terreno de la biografía cinematográfica, porque ha escrito las de Jack Nicholson, Robert Altman, George Cukor y Fritz Lang.

Título: “Biografía de Clint Eastwood”

Autor: Patrick McGilligan

Editorial: Random House Mondadori

Fecha de publicación: 22 de enero de 2010

Nota de la Redacción: Eastwood lo tenía difícil la noche de los Oscar de febrero de 2005, pues competía con “El aviador”, de Martin Scorsese, (once nominaciones), y con “Entre copas”, una comedia popular e inteligente, (cinco nominaciones). “Million Dollar Baby”, con siete candidaturas, fue la sorpresa de la noche, pues se llevó los premios a la mejor película, director, actriz (Swank) y actor secundario (Freeman).

Clint tuvo la oportunidad de dar las gracias a su madre Ruth, que tenía noventa y seis años y estaba sentada entre el público. «Hay montones de grandes películas que han ganado el premio de la Academia, y montones que no, -dijo con generosidad Clint fuera del escenario, aferrando sus segundas estatuillas de mejor director y mejor película-,  Lo hacemos lo mejor que podemos.» Apenas tres meses después cumplía 75 años. Hasta llegar ese momento, el autor ha partido desde los orígenes familiares más antiguos, en el mundo pionero americano, repasando en más de ochocientas páginas los aspectos personales y profesionales de una de las figuras más atractivas del cine. El que una persona con los comienzos de Clint, sin formación particular, vulgarmente considerado por su virilidad y atractivo más que por su capacidad para la interpretación, vapuleado por la crítica desde todos los ángulos y calificado de bacalao o fascista, haya obtenido el respeto cuando no la admiración de muchos espectadores, es suficiente motivo para leer una biografía como esta.

Es comprensible que a Clint no le deje impasible encontrarse con cosas como esta….

“Pero Thompkins sentía escrúpulos por las relaciones de Clint con «otras mujeres» y, en su opinión, tener una hija con Tunis era ir demasiado lejos. Mientras rodaban en España, cometió el error de decirlo en voz alta y defender a Maggie. Eso contrarió a Clint, que expulsó para siempre a Thompkins de su vida. De nada sirvió que este le llamara por teléfono para pedirle disculpas entre sollozos. En adelante Desdentado no “curaría en el reparto de Rawhide, y Thompkins abandonó Los Ángeles para volver a Seattle y empezar una nueva vida. Varios años después, en 1971, el otrora amigo más íntimo de Clint pereció en un accidente automovilístico en Coupeville (Washington). «Cuando Clint se cabreaba, nadie podía hacerle cambiar de opinión sobre lo que fuera. Apartó de sí a Bill como si nunca hubiera existido —según afirma Kitty Jones en su autobiografía inédita, Who the Hell h Kitty Jones?—. Cuando le pregunté: ” ¿Te has enterado de que Bill Thompkíns se ha matado en un accidente de coche?”, contestó fríamente: “Sí, me he enterado”. No dijo ni una palabra más.»

El autor hace un despliegue de fuentes, a costa en ocasiones de un exceso de detalle, que evidencian un trabajo escrupuloso. Aunque en muchas ocasiones se haya tropezado con negativas a comentar los aspectos menos positivos para Eastwood, no faltan nunca facilidades para recoger aspectos criticables…

“Clint, en cambio, casi nunca invitaba. Cuando comía fuera, pagaba con las tarjetas de crédito de Malpaso o Warner Brothers, y siempre que aparecía en público, solo o con amigos, si la cuenta no se cargaba en la tarjeta de crédito de alguna de las compañías, le invitaba la casa. Los profesionales de la restauración sabían cómo era, y de todos modos agradecían el glamour de su presencia. «Hace veintitrés años que conozco a Clint —dijo una amiga del actor que quiso mantener el anonimato— y he comido con él en restaurantes y locales de Los Ángeles y el valle, y puedo decirle que no le he visto pagar ni una sola vez. Ni se le pasa por la cabeza, no tiene por qué hacerlo, y ellos saben que no va a pagar en cuanto le ven entrar por la puerta.» Frank Wells, que junto con Irving Leonard había pergeñado muchos de los beneficios adicionales de los contratos de Clint, era mucho más condescendiente que Warner Brothers. Comprendía la tacañería de Clint y su deseo de que le invitaran. En 1970, cuando Clint se comprometió a interpretar Harry el sucio, Wells aprobó complementos para gastos diarios de mil quinientos dólares para la estrella, es decir, veintiún mil para las catorce semanas de rodaje (el director Don Siegel consiguió la mitad de esa cantidad). Como sabían algunas personas, Clint hacía lo imposible por no gastarse el dinero de las dietas. Lo guardaba como parte de sus ahorros. En los años ochenta, una mujer que estaba de visita en la casa del actor en Carmel, al ponerse a limpiar, reparó en unas pilas de sobres polvorientos, llenos de billetes de cien dólares, escondidos en un armario. Cuando esta mujer, con la que Clint mantenía una relación sentimental, habló al actor de su descubrimiento y le preguntó si quería que los ordenara, Clint se quedó helado y se precipitó hacia el armario para echar un vistazo al dinero. Luego felicitó a su amiga porque no faltaba ni un solo billete, y dijo que en el futuro buscaría un lugar más seguro para sus ahorros.”

Esta biografía muestra como Clint ha conseguido “hacerse pasar” por un productor discreto, casi un independiente, cuando en realidad ha contado durante más de 25 años con toda la maquinaria promocional de Warner, hasta ser de hecho la última gran estrella en permanecer unida a un solo Estudio; como ha logrado pasar de ser visto como un conservador radical y defensor de valores egoístamente individuales, a un autor defendido y valorado por muchos liberales demócratas; como ha engatusado a la crítica más reacia o la ha sorprendido por su talento para mantenerse atractivo y activo. Desde luego rebaja la admiración por el hombre, cuando sólo se basa en lo que muestra una pantalla o la máquina promocional, pero lo hace sin mala voluntad ni complejos. Resulta evidente que la suerte no es lo único que ha hecho de Clint Eastwood uno de la docena de actores sobresalientes del cine americano.

La editorial nos permite que ofrezcamos algunas páginas para valorar el contenido de la obra, y hemos elegido un momento que refleja bien el carácter del biografiado….
Lasdamasdetrasero.htm

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Comentarios

Perplejo Martínez - 05.02.2010 a las 21:49

Yo siempre he pensado que lo que hay que hacer es disfrutar del trabajo de los artistas, agradecérselo… y dejarlos en paz.
Para realidades desagradables, bastante tiene uno consigo mismo y con sus circunstancias.
¡Viva el cine, coño!

CC Baxter - 08.02.2010 a las 04:59

¡Amén, Perplejo, amén!

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