Cannes 2018: Kirill Serebrennikov y Christophe Honoré sorprenden con dos apuestas con sabor a palmarés

Cannes 2018: Kirill Serebrennikov y Christophe Honoré sorprenden con dos apuestas con sabor a palmarés

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Querido Teo:

Tercera jornada del Festival de Cannes en la que esta edición empieza a cobrar velocidad de crucero con dos películas a competición a cargo de Kirill Serebrennikov y Christophe Honoré, no primeras espadas de sus cinematografías pero sí nombres cada vez más al alza en las mismas, y otras dos en Una cierta mirada con enredos juveniles en la Francia de los barrios inmigrantes y una vigilante de seguridad que acaba envuelta en una premisa inclasificable.

“Leto (L´été)” de Kirill Serebrennikov ha llegado sin su director a Cannes por el hecho de que las autoridades rusas le han prohibido su presencia allí. Y quizás ese componente político, y teniendo en cuenta que su compañero de cinematografía Andrei Zvyagintsev es miembro del Jurado, le haga sumar puntos además de las cualidades que tiene una película que marca un inicio de la sección oficial (junto a “Yomeddine” en clave de “feel good movie”) bastante atípico en tono de lo que suele ser habitual por aquí. No hay que olvidar que el director ruso se ha ganado el hueco en la sección oficial tras hacerse un nombre con “Traición” (a competición en el Festival de Venecia 2012) y “Uchenik” (en Una cierta mirada del Festival de Cannes 2016). Ahora regresa con un tan vivo y energico como deslavazado musical underground sobre la plomiza Rusia de los 80. El director propone una forma arriesgada, e incluso videoclipera en alguno de los números, omo tremendamente efectiva e inmersiva sobre su blanco y negro nostálgico en una cinta que bebe de otras cintas que fusionaron imagen, música y contexto social como el caso de “24 hour party people”, “Across the universe” y “Eden”. “Leto” está ambientada en el Leningrado de 1981, cuando la escena de rock empezó a florecer, influenciada por el rock de bandas como Led Zeppelin y David Bowie, y lo que nos ha sorprendido es que es imaginativa, e incluso surrealista e iconoclasta, siendo en verdad un reflejo de una época centrado en algunas jóvenes figuras que irrumpieron en el panorama musical rockero en el país, como el caso de Viktor Tsoi, todo un tótem en Rusia. Ese caos casi circense lleva a la película a fases de irregularidad y de una genialidad que aparece intermitentemente, así como el estar más preocupada la cinta en reflejar una época más que apostar por el desarrollo de los personajes que acaban siendo meras piezas de un momento vital y musical de un país, pero garantiza un rato disfrutable para cualquier aficionado al arte (sea cine o música) como manifestación artística. Y que Cannes se quite la solemnidad plúmbea con una película vigorosa y enérgica como ésta no puede más que alabarse.

“Plaire, aimer et courir vite (Sorry angel)” de Christophe Honoré ha dado empaque y calidad a la sección oficial y es una de las tempranas candidatas con hechuras a la Palma de Oro. El director de películas como “Mi madre” (2004) y “Las canciones de amor” (a competición en el Festival de Cannes 2007) ha vuelto a la programación con un drama gay sobrio, naturista y orgánico que se aleja del exceso agónico en el que derivaba “120 pulsaciones por minuto” y también del aspecto más elitista y bienintencionadamente culto de “Call me by your name”, por decir los dos ejemplos más recientes de la pujante corriente de cine con temática LGTB. La cinta parte de dos personajes que se encuentran y que son presentados tras bien ocultar su sexualidad o ya venir de una vida romántica baqueteada. Por un lado está Jacques, un treintañero que es un escrito parisino y que vive relaciones intermitentes y furtivas teniendo como asideros emocionales a su hijo, una ex pareja enferma de sida y un vecino cincuentón que es su principal consejero emocional. Por otro lado, está Arthur un joven de 22 años de la Bretaña francesa director de un campamento y que sale de una relación fallida con una chica tras reconocer abiertamente su verdadera condición. Sus historias destinadas a encontrarse, bajo la poética atmósfera casual de una sala de cine, vertebran un trabajo de suma sutilidad en lo que cuenta, ambientándose en la Francia de los primeros 90, desarrollado de una manera muy literaria que habla muy bien de la habilidad como narrador de Honoré y, sobre todo, la naturalidad y emoción en la relación amorosa de sus protagonistas en una atracción que se respira desde los poros excitada ante lo clandestino de la misma, conviviendo con el deseo, la inestabilidad amorosa fruto de la distancia, tanto cultural, física y de edad, y la enfermedad. Dos personajes que se autocomplementan y se necesitan en un momento crucial de sus vidas y cuyo oxígeno es más respirable cuando están cerca el uno del otro por muy efímero o no que sea el flechazo que insufla de energía a esa relación. A destacar el trabajo y la química de dos actores en alza de la cinematografía francesa y a los que ya hemos visto con un talento que emergía y que aquí se consolida, tal es el caso de Pierre Deladonchamps (desde ya candidato a mejor actor y ya experimentador del cruising en “El desconocido del lago”) y Vincent Lacoste (el caprichoso mimado de “Lolo, el hijo de mi novia”). Una película magnífica resuelta con brillantez y dando a Cannes lo que se espera de él este año, que la edición hable más de ella por las películas que por los nombres consagrados que están detrás de ellos aunque con este título Honoré encuentra su gran obra y, quizás, el gran salto internacional en una cinta que lo que definitiva propone es agarrarse a la vida con fuerza y vivirla como uno siente sin pensar tanto en cuando coger esos trenes que pasan por delante muy pocas veces.

En Una cierta mirada se ha podido ver “À genoux les gars (Sextape)” de Antoine Desrosières, una cinta que si bien cuenta con un humor algo cuestionable se resuelve con desparpajo con un lenguaje muy pegado a la juventud de hoy en día entre relaciones superficiales y el poderío que tiene la apariencia que se da de uno en las redes sociales. Enredo juvenil fresco y algo burro a la hora de hablar del sexo sobre dos hermanas y sus escarceos con dos chicos, todo en un ambiente marcado por la Francia del extrarradio y la inmigración aunque aquí eso sólo sea un contexto y no una denuncia lo que da normalidad a una realidad ya en el gen del país galo. La cinta recuerda en ocasiones a películas como “The diary of a teenage girl”, por su carácter deslenguado y algo soez a la hora de hablar de sexo, felaciones, e incluso no dudar en ofrecer cuerpos desnudos de manera integral aunque la película pudiera tener una apariencia dirigida al público familiar, hecho que no es así al tratar con ironía sobre la superficie problemas como la aceptación, el desarraigo, la soledad, la prostitución o el suicidio. A destacar el carisma natural (que en ocasiones recordaría a la Marissa Gold de “The good fight”) de la protagonista Souad Arsane, perfectamente posible prima hermana de la protagonista de la mencionada cinta de Marielle Heller.

Por su parte, en la misma sección, la noruega “Gräns (Border)” de Ali Abbasi se ha convertido en carne del próximo Festival de Sitges. Tina es una agente de aduanas reconocida por su eficiencia y por su extraordinario olfato. Da la impresión de poder oler la culpabilidad de un individuo. Pero cuando Vore, un hombre aparentemente sospechoso, pasa junto a ella, sus habilidades se ponen a prueba por primera vez. Tina sabe que Vore oculta algo, pero no lograr identificar qué es. Y es que Tina es una meticulosa y deductiva vigilante de seguridad, con un aspecto animal y poco atractivo, que casi la convierte en un perro guardián hasta que encuentra la horna de su zapato que le hace replantearse su modo de vida, recluida hasta con hastío en una cabaña con un hermano abusador y amante de los perros y responsable de un trabajo monocorde, saber lo que ella es realmente y reencontrarse con un pasado familiar oculto. Una historia de atracción animal (nunca mejor dicho) que quiere ir a asaltar la banca con sumo riesgo con crítica a la sociedad humana como especie dominante, justicia vengativa y ecologista indefendible, mensaje transgénero con algunos momentos que generan risa involuntaria, y con una premisa científica y paranormal que lleva a la película a terrenos paródicos y algo burdos con algunos actores que han tenido que trabajar bajo el aspecto de esos seres que de ser humanos con alguna malformación pasan a ser considerados meros trolls. Aun así, la película se ve con agrado por la destacada originalidad de una propuesta que parecería encontrar más su hueco en un festival puramente de género fantástico. Desde luego es cine que no deja indiferente y que te deja atrapado en todo momento al casi no querer dar crédito el espectador de cómo el director va incrementando la apuesta sin vergüenza aparente y tampoco sin estrellarse.

Nacho Gonzalo

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